El gateo y el desarrollo de la autonomía

Se analiza el rol de los docentes en instituciones maternales en torno a los primeros desplazamientos en salas de lactantes. Se considera el gateo como experiencia fundante en el desarrollo de los sujetos y por eso se hace foco en la necesidad de que los adultos observen, cuiden y acompañen de un modo particular a los pequeños en esta etapa.

18 provincias por la educación para el medio rural

Antes de aprender a gatear, el bebé ha realizado otros descubrimientos en el espacio a partir de algunos desplazamientos. El gateo es la culminación de un proceso que implica acciones previas. Una vez que logró sentarse por sí mismo, avanzará hacia el gateo. Se trata de un aprendizaje que dejará marca, dejará una primera huella… hacia la autonomía.
El bebé ha probado distintos movimientos explorando el espacio y su propio cuerpo, acercándose a objetos en un proceso que va desde mirar, estirar la mano, intentar asir, a alcanzar; hasta que un día se “larga”.

Los diccionarios especializados en medicina suelen definir el gateo del siguiente modo:

Primer movimiento armónico y simétrico con cuatro apoyos que realiza el bebé antes de su desplazamiento bípedo. El gateo es un tipo de movimiento que mejora la coordinación del bebé, que le sirve como etapa de entrenamiento previo al bipedismo y que le obliga a erguir la cabeza, con lo que se ejerce la musculatura del cuello.

Pero el gateo implica mucho más. Sobre la base de múltiples observaciones en lactarios se reconocen “distintos estilos” y apoyos, si bien lo más frecuente es apoyar manos y rodillas, algunos bebés lo realizan construyendo su propio estilo y logrando una coordinación y velocidad que sorprende a la mirada adulta. Hay bebés que gatean de forma no convencional e, incluso, están los que no gatean. Se sostiene aquí, que enseñar a gatear resulta desacertado. Es solo por medio de la experiencia personal que los pequeños lograrán hacerlo. No se enseña a gatear de la misma forma que no se enseña a caminar.

El movimiento en sala de lactarios
Una vez que el niño logra la seguridad suficiente para alejarse del adulto, se desplazará por el piso gateando y explorará el entorno. Explorar para el “bebé gateador” es un ir y venir sumamente atractivo, empezarán a advertir los “no” del adulto atento y disponible. El “bebé gateador” descubrirá desniveles en el piso, enchufes, pelusas, o vivirá la aventura de un ambiente facilitador creado especialmente por la docente. La institución educativa acompaña los logros, las conquistas psicomotrices. El docente decodifica las necesidades y emociones del bebé e interviene, siempre teniendo presente que, como sostiene Dolto (1985): “el bebé teje con lo que tiene y un punto corrido debilita la trama”.

El bebé podrá actuar con mayor soltura a medida que crece si hay un adulto que está disponible corporalmente. Esta disponibilidad se traduce en un docente que “le presta el cuerpo a ese bebé”. Esta independencia se logrará paulatinamente y es necesaria para que conquiste nuevas adquisiciones y para que sean más eficaces las ya adquiridas, a favor de su desarrollo psíquico. El sujeto se modifica según condiciones sociales y dialécticamente el medio irá modificando al sujeto.

El bebé emerge de un contexto, el docente debe preguntarse de cuál. El bebé se mueve porque está en relación con el medio y a través de la actividad cinética se hace dueño de espacio. No hay posibilidad de que un bebé se desplace si no ha armado el posicionamiento, que es lo que le permitirá volver a una postura cómoda para investigar.

Mirada atenta y en compañía
Cuando el bebé inicia la exploración gateando en el ambiente escolar, va adquiriendo autonomía, habilidad y velocidad. Es un contexto propicio en el que muchas veces el bebé se arriesga. Es importante que el docente le hable al bebé mirándolo a los ojos y anticipe lo que va a suceder. Poder observar, ver, interpretar lo que ocurre es fundamental. Toda acción es una interacción y pone a la luz la concepción que ese adulto tiene de ese bebé y de lo esperable para su desarrollo y se traduce en su modo de intervención. Cuando un bebé gatea es capaz, no solo de dirigirse, sino también de eludir obstáculos. Pero no es capaz de prevenir riesgos.

El bebé se aleja, mira al adulto, vuelve su cabeza buscándolo y continúa; tal como describe Margaret Mahler (1990), se produce un “retorno a la base” como una oportunidad para “reabastecerse”: mira, se asegura y sigue… El docente en comunicación circular mira al bebé que gatea y pregunta: “¿qué encontraste ahí? ¡No, no, no!”. El bebé porta un estilo al gatear que perfecciona mediante la práctica, logra coordinar el desplazamiento y adquiere velocidad.

Fuente:
Revista Novedades Educativas nº311. Noviembre 2016, Argentina.
Autora: Cecilia Francischetti.
Foto: halfpoint/123RF.


También le puede interesar

Educar en el jardín maternal


Laura Pitluk
$ 705,00

Planificar para el jardín maternal


Andersson, Pereyra y otros
$ 425,00

Caja de herramientas para la educación emocional


Mansione, Zac, Temelini (orgs.)
$ 615,00

Organización de jardines infantiles y maternales


Zuta Gal, Kroll Aleksandrowicz
$ 540,00

Jardín maternal III


Berdichevsky, Libendisky y otros
$ 425,00