La conformación de equipos interinstitucionales para articular niveles

Se reflexiona sobre la importancia de la tarea de gestión-conducción para promover la conformación de equipos de trabajo que propulsen mejoras en los espacios educativos. Resulta necesario instalar momentos planificados de discusión en torno a las escenas pedagógicas curriculares para fortalecer la continuidad de las trayectorias educativas de niños y jóvenes.

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La gestión-conducción y la conformación de equipos de trabajo
La diversidad de problemáticas que enfrentan las instituciones educativas requiere para su abordaje y solución la conformación de equipos de trabajo. Es por ese motivo que centramos esta propuesta en la tarea de los equipos directivos y de supervisión que desde la “gestión-conducción” (Sánchez y Zorzoli, 2014) impulsan su conformación y consolidación, de manera que perdure en las distintas escenas educativas la presencia de la labor colegiada.

En muchas oportunidades nos interpela el discurso del “adentro” y el “afuera” con elementos que constituyen una fuente de riqueza para comprender las escenas educativas (Nicastro, 2009). De ahí la necesidad de profundizar los saberes en el campo de la gestión-conducción educativa a fin de “comprender la escena y la multiplicidad de miradas”, y poder intervenir.

Es importante aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de la “gestión-conducción”. Actualmente muchos autores reemplazan el término gestión, íntimamente ligado al pensamiento empresarial (y en lo educativo asociado al paradigma neoliberal de los noventa), por el término conducción, que busca revalorar el rol político del directivo escolar. Conducir en este contexto también implica liderar y garantizar la política educativa basada en la educación como derecho. Gestionar implica “hacer en y hacer con” para alcanzar los objetivos propuestos. A nuestro criterio entonces, ambos conceptos no se contraponen sino que se complementan, y por ello hablamos de “gestión-conducción”.

El trabajo en equipo supone un proceso colectivo, en donde diferentes personas se unen para formar un grupo en el que cada uno aporta su experiencia, conocimiento y habilidad personal con vistas al logro de determinados objetivos comunes. Trabajar en equipo no significa sumar individualidades, sino construir una estrategia común, un sentimiento de pertenencia al grupo y la corresponsabilidad respecto de las tareas que se emprenden. Las nociones de consenso y conflicto son las ideas fuerza que sustentan el trabajo en equipo. Es a partir del disenso que surgen formas alternativas de abordar problemas, de modo que el consenso institucionalmente construido supone un esfuerzo coordinado hacia una tarea común.

En consecuencia, hablar de trabajo en equipo refiere a una filosofía del hacer en las instituciones, posible de lograr a partir de la formación de equipos de trabajo que son los encargados de plasmar esta ideología en acto. Esta práctica institucional se promueve necesariamente a partir de la enseñanza que motorizan los equipos de conducción y el cuerpo de supervisores. El jerárquico en educación es un docente, con la salvedad de que su aula y su grupo de enseñanza son diferentes, y en este sentido, además de tratar de alcanzar logros personales y profesionales que se encuentran en el ámbito de lo individual, se requiere de formación permanente y específica en la construcción y el fortalecimiento del rol.

Existen diversas variables en las cuales está enfocado el trabajo en equipo:

  • La confianza mutua. Elemento fundamental de cualquier relación humana, puesto que conlleva a la cooperación. Implica una expectativa en el modo de actuar del otro, una disposición a asumir el riesgo que se actuará del modo que se espera, haciéndose presente un fuerte componente afectivo reforzado a través de una comunicación sincera y una cooperación mutua.

  • Comunicación espontánea. Trasciende la simple transmisión de información. Contiene sentimientos, actitudes, expectativas, percepciones, etcétera. Existe una buena comunicación cuando hay aceptación y confianza.

  • Apoyo mutuo. Fundamentado en la reciprocidad, es la base de la confianza y la comunicación espontánea.

  • Complementariedad. Para que exista un equipo, el trabajo de cada uno debe articularse con el de los demás.

La articulación y los distintos equipos de trabajo. La propuesta

La articulación entre niveles educativos se constituye en un contenido prioritario a la hora de la conformación de equipos de trabajo para favorecer la continuidad de las trayectorias educativas. Objetivo indispensable al pensar la educación como derecho y con base en la responsabilidad de garantizar la obligatoriedad desde las primeras salas del nivel inicial hasta la finalización del nivel secundario.

El concepto de trayectoria educativa hace referencia a las diversas formas de recorrer la experiencia formativa, que no implica recorridos lineales por el sistema educativo, y al complejo conjunto de factores que experimentan los alumnos a lo largo de ese recorrido. Las trayectorias teóricas expresan “itinerarios en el sistema que siguen la progresión lineal prevista por este en los tiempos marcados por una periodización estándar” (Terigi, 2009). Contrariamente, las trayectorias escolares reales expresan los modos en que gran parte de los niños y jóvenes transitan su escolarización. Por cierto, mediante “modos heterogéneos, variables y contingentes”.

Las prácticas de articulación entre niveles requieren de la conformación de diferentes equipos de trabajo, que necesariamente deben relacionarse y complementarse pedagógicamente si el objetivo común es promover mejoras y continuidades en las trayectorias de niños y jóvenes, de modo que esas prácticas se constituyan en puentes, y no en muros. Esta multiplicidad de equipos considera por un lado al equipo de supervisores; por otro a los equipos de conducción de las diferentes instituciones educativas y, finalmente, al de docentes a cargo de las áreas de conocimiento que se continúan entre niveles.

La articulación efectiva se plantea no solo a partir de actividades puntuales de trabajo conjunto al terminar un nivel e iniciar el siguiente, sino en un continuo de actividades entre escuelas cercanas que permitan el intercambio de experiencias entre estudiantes que se encuentran en diferentes estadios de su escolaridad y entre docentes que interactúan con diversidad de estrategias pedagógicas. En este sentido, presentamos una experiencia de articulación entre los niveles primario y secundario, llevada a cabo en el distrito de Salto, provincia de Buenos Aires.

El trabajo de los equipos directivos profundizó inicialmente algunas características de la articulación real. Entre las más relevantes, podemos mencionar las siguientes:

  • Genera lazos institucionales.

  • Apela a los aspectos pedagógico-curriculares.

  • Configura una trama de relaciones.

  • Observa el fenómeno educativo desde el paradigma de la complejidad.

  • Atiende a la diversidad, tanto de alumnos como de docentes e instituciones.

  • Conecta prácticas y modos de enseñar.

  • Respeta los contextos situacionales.

  • Promueve un diálogo entre esas diferentes situaciones.

  • Afirma subjetividades.

  • Propende la reflexión del sujeto pedagógico.

  • Valoriza los lazos de solidaridad.

  • Potencia el trabajo colaborativo.

  • Tiende redes y puentes.

  • Sostiene los entramados socioculturales y educativos.

  • Y habilita espacios para la creatividad, el crecimiento personal, el reconocimiento del otro, la autoafirmación, la autoconfianza y el cuidado.

Como conclusión de los encuentros entre equipos directivos y supervisores de ambos niveles, se plantea la importancia de la articulación como una estrategia en la medida en que se valorizan diferentes espacios, se aguza la mirada desde una observación situada, se interpretan tanto los aspectos implícitos y explícitos, se reconocen los rasgos identitarios de cada territorio, se favorece la continuidad de los aprendizajes, su gradualidad y un pasaje interniveles fluido y no traumático, evitando roturas en los puntos neurálgicos de la escolaridad (Méndez de Seguí y Córdoba, 2007). Asimismo se evalúa a los participantes en términos de fortalezas y de oportunidades y no de limitaciones, se promueven instancias de intervención situadas y adecuadas a cada escena, es decir, según los sucesos y las motivaciones e intenciones acontecidas en ese tiempo y espacio, con esos protagonistas y con las condiciones que enmarcan cada episodio.

La articulación implica pensar simultáneamente en la unidad y en la diversidad del sistema educativo, superando las tradicionales “presentaciones o visitas entre escuelas”. La concreción de acuerdos pedagógicos de articulación efectiva permite:

  • Profundizar los objetivos.

  • Facilitar el pasaje y la continuidad en los aprendizajes.

  • Asegurar la movilidad intraescuela e interescuela.

¿Cómo pensar entonces un proyecto efectivo de articulación? Se espera de los equipos directivos que promuevan y generen espacios de reflexión, trabajando en la construcción de acuerdos (que se incorporen a los proyectos institucionales) y formen parte del asesoramiento a los equipos docentes, profundizando la lectura de los diseños curriculares y los análisis críticos de las prácticas docentes.


Fuente:
Novedades Educativas. Abril 2016. Edición nº304.
Autores: Sandra Sánchez y Néstor Zorzoli presentan su más reciente libro sobre la temática: Gestión de una articulación educativa sustentable (Noveduc, 2017)
Foto: Rawpixel Ltd // 123RF.


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