Evaluaciones: ¿por qué los alumnos tienden a copiar?

Cuando los profesores proponen una tarea en grupo, siempre hay un compañero que hace la mayor parte del trabajo y los demás lo copian. En los ejercicios hechos en casa, se encuentra siempre tres o cuatro prototipos que demuestran que los pocos que presentan los trabajos se copian unos a otros.

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Es normal que los alumnos se copien, ya que la escuela en general penaliza mucho el error y tiende a marginar a los que los cometen, con lo que los estudiantes intentan disimularlos con todo tipo de estrategias. Generalmente el «error» se tiende a considerar en la escuela como algo negativo, algo que el alumnado aprende a ocultar para no ser penalizado. Sin embargo, el error es el punto de partida para aprender. Si leyendo un texto o escuchando una explicación asimiláramos completamente lo que el experto ha intentado comunicarnos, no sería necesaria la escuela. No obstante, la realidad nos muestra lo contrario. Cada persona construye sus propias ideas a partir de sus percepciones y de las interacciones con otros, y para llegar a compartir el conocimiento elaborado a lo largo de siglos se requiere superar obstáculos de todo tipo. Este proceso es, al mismo tiempo, el fundamento del desarrollo cultural de la humanidad. A diferencia de otras especies, los jóvenes no aprenden repitiendo miméticamente los conocimientos de los adultos, sino reconstruyéndolos. Ello comporta que el proceso de apropiación de dichos conocimientos sea largo y laborioso, y que en su transcurso se generen nuevas ideas y nuevas formas de actuar. Los «errores» son algo normal, incluso necesario para dicha génesis.

Por tanto, si algo debe cambiar en la escuela es el estatus del error (Nunziati, 1990). Si no hubiera errores que superar, no habría posibilidad de aprender. Astolfi (1999), en su libro El error, un medio para enseñar, considera que los profesores deberíamos hacer el esfuerzo de dejar de lado nuestra fijación por identificar si los alumnos se distancian de la «norma», hecho que nos hace considerar los errores como elementos excluyentes que debemos sancionar, para comenzar a usarlos los que se enfrenta el pensamiento del alumno al resolver las cuestiones académicas. Nuestro reto es comprender sus causas, porque sólo ayudando a los alumnos a reconocerlas será posible que los corrija.

Aprender no es tanto incorporar conocimientos a una mente vacía, sino reconstruirlos a partir de otros ya conocidos, revisando concepciones iniciales y rehaciendo prácticas. El mismo Einstein decía que buena parte de su trabajo consistía en detectar errores en la resolución de los problemas y superarlos uno a uno. Los estudiantes que tienen éxito en la escuela se caracterizan, más que por no cometerlos, por su capacidad para identificar errores y corregirlos. Sin embargo, no todos han desarrollado esta capacidad, por lo que es tarea del profesorado promoverla. Implica enseñar al alumnado a reconocer sus ideas y prácticas, a detectar similitudes y diferencias con las introducidas en el aula, a identificar posibles causas de dichas diferencias y a tomar sus propias decisiones acerca de qué aspectos se deberían cambiar y mejorar.


Fuente:
Extraído del Libro: Evaluar para aprender (Capítulo 3).
Autora: Neus Sanmartí
Foto: BigStock


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