El plan de seguridad en establecimientos educativos

Un nuevo libro que explica, según el nuevo Código Civil y Comercial (Ley 26.994), cuáles son los principales derechos y obligaciones de los titulares de establecimientos educativos, de los docentes en general, de los profesores de Educación Física y de los padres, para minimizar riesgos en aulas, patios, talleres, gimnasios, excursiones y salidas educativas.

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Los titulares de establecimientos educativos y sus dependientes –directores, profesores y maestros– están obligados a ejercer sobre los menores que concurren a los mismos una eficiente vigilancia, dado que como señala el Art. 1755 CCyC, no subsiste el deber de cuidado por parte de los padres cuando han dejado a sus hijos bajo la autoridad de aquellos.

Según un relevamiento efectuado por PROME (Protección Médica Escolar), un 40 % de los accidentes sucede en recreos y un 32 % en campos de deportes y educación física. Los restantes daños sufridos por alumnos acontecen, con ligeras variaciones según el devenir de los años, en un 9 % en talleres, 8 % en excursiones, 7 % en el aula y 4 % en transportes. Los más habituales son las caídas por las escaleras, golpes contra paredes, cortes, quemaduras por electricidad, lesiones en la garganta por correr con el chupetín en la boca e ingreso de objetos en ojos, oídos y fosas nasales.

A pesar de que estas estadísticas se conocen desde hace tiempo, es curioso observar que en los lugares y momentos escolares que se suponen más peligrosos se siguen produciendo daños materiales y morales que sorprenden por su magnitud.

En función del riesgo existente en cada establecimiento, el equipo directivo deberá adoptar medidas preventivas para impedir accidentes de los alumnos. En ocasiones, es viable evitarlos, en otras no, pero a menudo es posible prever el riesgo, dado que existen circunstancias o elementos que permiten anticiparse a un evento dañoso, disponiendo lo necesario para que no suceda y saber cómo actuar en caso que ocurra.

El objetivo deberá ser encontrar el camino adecuado para la prevención y atención de los accidentes escolares. Dentro de la planificación global educativa, a partir de los objetivos generales en que se determinan las actividades que constituyen el eje de la acción pedagógica, debe existir un proyecto permanente con las estrategias y acciones que tengan lugar en el campo de la prevención.

Si se demuestra que existe un control correcto del alumnado, los elementos que se utilizan en buenas condiciones y el daño no pudo prevenirse en circunstancias normales (es decir, cuando se obró con la diligencia y la prudencia necesarias), ni el director ni el maestro serán responsables. Cuanto mayor sea el cuidado con que actúe el titular del establecimiento educativo, estará en mejores condiciones de demostrar el caso fortuito y, en caso de ser responsable, de recurrir al seguro contratado a tal fin.


Fuente:
Extraído del libro Responsabilidad y prevención en establecimientos educativos
Autor: Marcelo A. Angriman
Foto: 123RF.


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