Culturas adolescentes

El padecer adolescente: ¿cómo orientarnos en ese laberinto?

Por Luis Hornstein. Frente al estallido de las normas tradicionales, el adolescente no cuenta con una guía unívoca. Este "politeísmo de los valores", esta ausencia de brújulas éticas le exige ser exitoso en diversos registros: físico, estético, sexual, psicológico, profesional, social, etcétera.

Reflexión de Luis Hornstein
Fragmento extraído del libro "Culturas adolescentes" (Compilado por Gabriel Donzino y Silvia Morici, 2016)

La clínica del adolescente ha oscilado entre enfatizar sufrimientos, violencias, duelos, y una idealización como tiempo pleno de vida. Su padecer se manifiesta como oscilaciones de la autoestima y de la identidad; desesperanza; inhibiciones diversas; apatía; trastornos del apetito; ausencia de proyectos; identidades borrosas; impulsiones; adicciones y labilidad en los vínculos, auto y heterodestructividad.

O la clínica es abordada desde el paradigma de la complejidad o es jibarizada. No estamos en contra de los desequilibrios neuroquímicos: a veces los hay. Estamos en contra del reduccionismo y a favor de la complejidad. Ahora lo decimos de otro modo: la subjetividad resulta de la acción conjunta de la herencia, la situación personal, la historia, los conflictos neuróticos y humanos, las condiciones históricosociales y las vivencias.

Nuestro método se nutre de la ciencia contemporánea y no de la clásica, que tendía a eliminar al observador. Por eso incluye iniciativa, invención, arte, hasta devenir estrategia. Y excluye programas y recetas. La estrategia puede habérselas con la incertidumbre. No la rehúye (Hornstein, 2006).

El psicoanálisis avanza desafiando los límites. Lo cierto es que si un analista trabaja siempre con su disponibilidad afectiva y con su escucha, en la clínica del adolescente se le solicita algo más: su potencialidad simbolizante, no sólo para recuperar lo existente, sino para producir lo que nunca estuvo.

El desvalimiento adolescente puede proceder de defectos estructurales y/o ocasionales. Estructurales: fisuras en la historia afectiva e identificatoria. Ocasionales: por duelos, traumas actuales, falta de referentes e ideales.

La sexualidad adolescente ha dejado de ser ese ámbito privado, íntimo, ligado al amor, al deseo por otro y no por cualquier otro. La relación amorosa se cristaliza en el "sexo express". Estas conductas sexuales que se ofrecen como sinónimo de libertad, de igualdad de géneros o de diferencia generacional, en nuestros consultorios las vemos como confusión, angustia, aburrimiento y un sentimiento de soledad en compañía, envuelto por los oropeles del ruido, del alcohol, de la droga, de la violencia que lleva (no pocas veces) a una puesta en riesgo de la vida.

Los adolescentes actuales aspiran a un desapego emocional teniendo relaciones sin compromisos profundos, desarrollando cierta indiferencia afectiva. Si los celos y la posesividad están desprestigiados es porque la sexualidad pretende lograr un estado de indiferencia para protegerse de las decepciones amorosas.

La clínica del adolescente nos interpela, nos desvela. Lo hace hasta que vamos encontrando respuestas suficientemente buenas. En el desvalimiento no se trata sólo de traumas infantiles sino de situaciones traumáticas deshistorizantes (angustia difusa, vacío psíquico, desesperanza). (Hornstein, 2003).

Estos jóvenes ya no habitan el mismo espacio, no se comunican de la misma manera, no perciben el mismo mundo. Estos cambios repercuten en la sociedad en su conjunto, en la educación, el trabajo, las empresas, la salud, el derecho y la política. Lo colectivo deja lugar a lo conectivo. Es necesario trascender los marcos caducos que siguen formateando nuestras conductas. Nuestras instituciones relucen con un brillo semejante al de las constelaciones que, según nos enseñan los astrónomos, ya están muertas desde hace un largo tiempo.

Los adolescentes perciben cada vez más la dificultad de realizar sus ideales y sienten incertidumbre acerca de sus logros y vínculos. Idealistas, transgresores, irreverentes, estimulantes, en busca de consolidar la identidad confrontan con las generaciones que van dejando atrás y contribuyen a reformular sus códigos. Inmaduros, irresponsables, cambiantes, juguetones, reivindicadores, en última instancia practicantes deseosos de lograr cierta estabilidad aunque muchas veces estén al borde del colapso, la mayor parte de ellos logrará sortear este tránsito sin caer en el intento.

Los adolescentes se rebelan y confrontan a los padres, a los educadores, a la sociedad. A los padres, que no sólo sufren esa descalificación de los hijos que buscan diferenciarse de ellos sino que, también, por sus propias inseguridades, insisten en sostener una ilusoria omnipotencia que no hace más que desacreditarlos ante la mirada de los hijos. A los educadores, que lidian con la irreverencia, las transgresiones, los padeceres, pero también con esa vitalidad estimulante que transmiten los adolescentes, y cuya tarea es posibilitarles el despliegue de la creatividad. En síntesis: una época vulnerable por esa mezcla de omnipotencia y desvalimiento. Los padres, educadores y la sociedad deben en su conjunto acompañar a los adolescentes en ese proceso de encontrar cada uno su devenir.

Autor: Luis Hornstein (Ver perfil).
Foto:
Bureau de Salud
Fuente:
Capítulo 13. "Padecer adolescente". Del libro: Culturas adolescentes. Subjetividades, contextos y debates actuales. (Ver libro). Además, conocé el nuevo libro sobre Problemáticas adolescentes

Otras temáticas: Psicoanálisis - Adicciones - Desarrollo - Orientación Vocacional


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