Música del sur para crecer

Hacer música, juegos y proyectos para la exploración

La música se constituye de esta manera en mediadora de significados, de apertura y posibilidad, de sensibilidad y emoción, de subjetividad e identidad. Invitamos a realizar actividades con niños de hasta doce años para la creación, el descubrimiento, el disfrute, el compromiso y la reflexión.

"Músicas del sur para crecer" de Karina Malvicini y Nora Sarmoria
Este texto es un fragmento del artículo: "Músicas del sur para crecer" de Karina Malvicini y Nora Sarmoria en la RNE 323 - Noviembre 2017.

Partimos de una práctica del encuentro, haciendo hincapié tanto en los resultados como en los procesos de aprendizaje. De esta manera, quien ocupa el lugar central en el proceso educativo es el niño y sus propias experiencias.

Nuestra intención es que la música acompañe y estimule el crecimiento de personas autónomas. Y la autonomía implica elegir, y es decidiendo que se aprende a tomar decisiones.

El vínculo afectivo generado entre el adulto de referencia y el niño será un componente decisivo a la hora de aprender y enseñar. Aprender es construir y reconstruir. Enseñar es generar espacios de exploración, compromiso y reflexión. Espacios que deben ser habilitados por un maestro atento a escuchar, atender y entender los lenguajes de la infancia. Los niños tienen mucho para decir y nos lo muestran desde su sensibilidad, su espontaneidad y su modo particular de ver el mundo.

Y nadie dijo que esto era una tarea sencilla…

¿Qué actividades sugerimos desde el área musical para que ellos aprendan a exponer sus opiniones? ¿Somos flexibles en nuestros propósitos?, ¿les permitimos a nuestros alumnos tomar iniciativas? Solo conseguiremos compartir diferentes puntos de vista si son escuchados, tenidos en cuenta y respetados. Hace falta implicar a los niños en sus propias producciones: que opinen, critiquen, saquen, pongan, analicen, armen formas musicales diversas y elijan. Que se hagan preguntas acerca de lo que buscamos. Que comprendan y experimenten que el trabajo musical es compromiso. Que vean claramente que su participación, su entrega y su capacidad de decisión tienen sentido y son necesarias.

Los juegos y las propuestas lúdicas

Es interesante pensar que en ocasiones llamamos “juego” a actividades que no lo son. Y los niños perciben rápidamente que eso que a veces los adultos llamamos juego, nada tiene que ver con el jugar. ¿En qué se diferencian, entonces, el juego de las propuestas lúdicas? Entrar en "espacio de juego” es dejar el “mundo cotidiano” y suspender la realidad para adentrarnos en el “mundo lúdico”. El juego que surge espontáneamente da la oportunidad al niño de recrear y reconstruir la vida diaria. Jugando es como les otorgará un signifi cado personal a sus vivencias, para luego compartirlas con otros.

Entendida bajo este enfoque, la improvisación musical (vocal e instrumental) es también juego simbólico donde intervienen la imaginación, los modos de percibir, expresar y comunicar.

Evocar situaciones cotidianas y crear historias a partir de exploraciones sonoras, improvisar, cantar todos una canción y “convertirnos en…” es para los niños “inventar mundos posibles”, y para los docentes la puerta de acceso a parte del mundo infantil, sus intereses y sus deseos. Jugar con sonidos abre un tiempo de búsquedas donde el “desorden sonoro” se convierte nada más y nada menos que en “otro tipo de orden”.

Al participar de estas actividades, el adulto pasa a ser soporte y andamio en el juego de los niños (andamio que de a poco se irá retirando), y de este modo, construimos aprendizajes sin imponer modelos, sino colaborando en la formación del pensamiento crítico y la actitud reflexiva. Por otro lado, los juegos tradicionales forman parte de cada cultura.

“Es importante rescatar el valor de lo popular y lo tradicional que traen las rondas, las rimas, las coplas, los dichos, las adivinanzas, trabalenguas, juegos de manos, las leyendas y cuentos” (Brounstein y Kirianovicz, 2008).

Sin embargo, no todo es juego a la hora de hacer música. Para concretar un ensamble vocal o instrumental se necesita escucha, ensayos, ajustes, estudio y perseverancia y, como señalamos, nos importa rescatar y valorar todo ese proceso de gestación y no solo el resultado fi nal. Transitar este camino de manera creativa y sensible, donde la sorpresa sea el ingrediente siempre presente, nos interpela permanentemente en nuestro hacer. Como docentes, buscamos una gran cantidad de recursos para que, frente al aprendizaje de una canción, una sonorización o una instrumentación el entusiasmo de los alumnos no decaiga. Surgen así las propuestas de juego que son estrategias metodológicas que el adulto pone en acción independientemente de si el otro, en este caso los niños, entran o no en situación de juego.

Los contenidos presentados de esta manera plantean un desafío, e invitan a aprender de un modo “más lúdico” favoreciendo la participación, el diálogo, la tolerancia y la aceptación, generando y construyendo espacios para el aprendizaje.

(...)

La música, como lenguaje artístico, brinda la posibilidad de construir ideas, crear nuevas formas de comunicación y expresar pensamientos que no podrían ser exteriorizados de otro modo. El concepto de alfabetización cultural involucra a las artes como una necesidad. Desde esta mirada surge un tipo de alfabetización diferente, más amplia y abarcativa que implica aprender a “leer el mundo” con todos los sentidos.

Y hacia allá vamos.

Fuente: Revista Novedades Educativas 323 - Noviembre 2017 (Ver contenidos)
Colaboradoras: Karina Malvicini y Nora Sarmoria.

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