La práctica masculina de violar es un quehacer que los varones comparten con los orangutanes y los gorilas; estos simios son los grandes violadores de las praderas africanas, a diferencia de los chimpancés, que ejercen la violencia familiar con las hembras del clan, pero raramente las violan (Wrangham, 1997).

Eva Giberti: "La práctica masculina de violar es un quehacer que los varones comparten con los orangutanes y los gorilas"

En los abusos sexuales contra niñas, que en realidad son violaciones, se debe subrayar la importancia de la denuncia reiteradamente omitida por las víctimas.

Nuevo libro de Eva Giberti
En su nueva obra se ocupa de experiencias obtenidas en el consultorio privado y de otras logradas mediante las intervenciones del Equipo Móvil de Delitos contra la Integridad Sexual. (Mas información)

Por Eva Giberti

La práctica masculina de violar es un quehacer que los varones comparten con los orangutanes y los gorilas; estos simios son los grandes violadores de las praderas africanas, a diferencia de los chimpancés, que ejercen la violencia familiar con las hembras del clan, pero raramente las violan (Wrangham, 1997).

Si nos remontamos a las historias que se les cuentan a niños y niñas, encontramos enmascarada la figura del violador potencial.

Cenicienta huyó después de haber bailado toda la noche con el príncipe, cuyas perentoriedades genitales no le permitían compartir la espera de la carroza: sus ansias masculinas fueron tan violentas como para que se quedara con un zapatito de ella entre sus manos. Parece obvio que el príncipe había comenzado a desvestir a Cenicienta sin contar con la decisión favorable de la joven. 

En cuanto a la Bella Durmiente del Bosque, ella se despertó a tiempo cuando él había empezado a destapar la caja de cristal donde la jovencita dormía: la simbólica del himen, enmascarada en un cristal que ocluye el contacto con la figura virginal resulta transparente. 

Caperucita (hija de una madre filicida que la envió sin compañía al bosque sabiendo que por allí andaba el lobo) dialoga con la supuesta abuela diciéndole "¡Qué manos tan grandes tienes!" y "¡Qué bocota!", quizás sorprendida ante la anatomía viril del cazador que aparece inesperadamente, exhibiendo su pene, simbólicamente un fusil como sugerencia de una escena de abuso sexual que perpetraría contra la niña. La crueldad de la panza del lobo hendida por el cuchillo del varón reproduce la escena de una violación sobre una criatura. 

Ninguno de estos cuentos evidencia un trasfondo sexual, pero la historia de las costumbres de las épocas en que fueron escritos y trasmitidos autoriza a interpretarlos como el psicoanálisis lo propone.

Desde el comienzo de los tiempos, la violación parece haber sido una práctica para ejercer el poder sobre la vulnerabilidad, preferentemente de mujeres niñas y niños. 

Constituye un común denominador que distribuye sus víctimas entre personas de distintas edades, atraviesa todas las clases sociales, enraíza sus orígenes en los albores de las civilizaciones, es compartido por las diversas culturas estudiadas, abarca episodios coyunturales y modalidades crónicas y sistematizadas, y puede producirse en forma de asalto sorpresivo o anunciarse meticulosamente. 

Forma parte de las estrategias de la guerra en tanto violaciones personales o en masa, alterna entre violaciones individuales o en banda, carece de lugar predilecto para su ejercicio (puede llevarse a cabo en el domicilio de la víctima, a cargo de un familiar o amigo de la casa, en la calle o ingresando desde ella hasta el interior del domicilio).

Sobre la obra: Mujeres y violencias. (Ver contenidos)
Sobre la autora: Eva Giberti (Ver perfil)
Mirá la entrevista realizada para Canal Encuentro: https://youtu.be/KFbjY5XR0OQ


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