Inclusiones: nuevas demandas y necesidades, Las

Inclusiones: nuevas demandas y necesidades, Las

Relatos sobre las diferencias (103)


$ 290,00

Las inclusiones escolares han modificado el escenario educativo, en algunos casos al poner en evidencia viejas problemáticas y contradicciones que ya existían y que, a partir de las mismas, se han agudizado; en otros, porque plantean nuevos desafíos, problemas y necesidades a la escuela como institución, y a los docentes como agentes responsables de los procesos de enseñanza-aprendizaje.
En este nuevo panorama, muchos educadores sienten que necesitan capacitarse para poder trabajar con las inclusiones.
Este libro articula historias reales de chicos y chicas con discapacidades en ámbitos educativos, con reflexiones y aportes teóricos que dan sustento a las mismas. Así, brinda herramientas para pensar los desafíos de la compleja tarea de incluir en la escuela común a estudiantes con necesidades educativas especiales, actualizando viejas preguntas, como qué es la educación, por qué y para qué educamos y si se podría imaginar otra forma de hacer la escuela… Una escuela distinta de la que todos conocemos.

Prólogo.
Nombres propios. Daniel Brailovsky

Introducción.
Máscaras renovadas de lo mismo

Capítulo I.
Construcción social de la subjetividad

Capítulo II.
Las representaciones sociales de la discapacidad. Vigotsky y la ley de compensación

Capítulo III.
Normalidad - anormalidad. Igualdad y diferencias. Homogeneización. Integración e inclusión

Capítulo IV.
Personas con necesidades educativas especiales en la escuela común. Retórica sobre la diversidad

Capítulo V.
Las inclusiones: nuevas demandas y necesidades

Capítulo VI.
La persona con discapacidad y su familia en el sistema de salud

Capítulo VII.
La Zona de Desarrollo Próximo. Vigotsky en la escuela

Capítulo VIII.
Características de la sociedad de consumo y los chicos con “problemas”

Capítulo IX.
Hacia otra escuela posible. Cambiar la mirada sobre las diferencias

Capítulo X.
Educar la mirada

Epílogo.
La vida es diversidad

Inés Elisa Torres

Profesora en Psicopedagogía del Instituto Católico del Profesorado de Córdoba. Diplomada en Metodología en los Procesos Correctores Comunitarios (ProCC) en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (Cuba). Cursó la Diplomatura Superior en Pedagogías de las Diferencias en FLACSO (Sede Académica Argentina). Es docente en escuelas especiales; coordina talleres para padres en torno a las discapacidades y para docentes sobre educación por el arte. Es capacitadora de la Red Provincial de Formación Docente Continua en talleres para maestros y profesores sobre la temática de las discapacidades (año 2015) y capacitadora del Área de Educación de la Asociación Civil La Jiribilla. Trabajó en Clínica Psicopedagógica en diversas instituciones médicas y educativas de Villa Carlos Paz y de la ciudad de Córdoba. Ejerció como docente de apoyo y asesora en inclusiones educativas de personas con discapacidad.

Ver más

Máscaras renovadas de lo mismo
Inés Torres

La idea de escribir este trabajo surge de la necesidad de compartir experiencias que me llevaron a replantearme los modos consensuados y las formas instituidas en el tratamiento de las diferencias en las instituciones educativas. Los relatos que siguen recogen vivencias personales con chicos y chicas con discapacidad en escuelas de nivel inicial, primario y especiales.
En la actualidad, existe una variedad de discursos en torno a la aceptación de la diversidad, la integración, la inclusión escolar y la no discriminación. Esta tendencia se evidencia no sólo en la utilización de palabras como las que se mencionan, sino incluso a través de nuevas legislaciones que han hecho llegar a las aulas de la escuela común a chicas y chicos considerados especiales, diferentes, discapacitados. La pregunta es si esos discursos se corresponden con lo que en realidad pasa en las escuelas. ¿Se ha modificado a partir de ellos la mirada sobre la diferencia? Los chicos con necesidades educativas especiales (NEE) ahora están en los colegios, pero eso ¿modifica la mirada que se tiene sobre ellos? Quizás estos nuevos discursos sólo sean nombres actuales para viejas problemáticas que persisten a pesar de ellos, como máscaras renovadas de lo mismo.
En mi opinión, existe aún en torno a estos temas una especie de confusión –de embrollo, por llamarlo de algún modo– en el que las cosas no están claras para casi nadie –llámense maestros, directivos, docentes de apoyo, técnicos o padres. Tal vez no se haya debatido todavía el fondo de la cuestión. Probablemente sea necesario profundizar algunas ideas que tienen que ver con estos problemas. Las ideas de normalidad-anormalidad y las de igualdad-diferencia son centrales en este debate. Pero también parece necesario indagar en formas alternativas de pensar y hacer la educación, de buscar nuevos sentidos, cercanos a nuestras experiencias docentes.
Por eso, este libro no contiene recetas aplicables a la educación ni se reseñan en él grandes teorías acerca de lo que es o debería ser la pedagogía hoy; simplemente, se trata de “contar historias” desde la búsqueda de sentidos sobre lo que en ellas se relata, dialogando a veces con autores que, desde la teoría, aporten a la comprensión de los temas que se tratan. Sentidos que, aunque son singulares, quizás sean amplificables a otras y otros que pueden encontrar alguna resonancia de lo que aquí se expresa en ellos mismos.
Si alguna intención anima esta propuesta es compartir con otros una búsqueda de sentidos en torno a vivencias con chicos y chicas considerados “diferentes”, búsqueda que apunta aunque más no sea a abrir preguntas, a dejar inquietudes planteadas, a motivar otras búsquedas, tal vez con un
sentido otro:

- ¿Cómo llegamos a ser sujetos humanos?
- ¿Puede doblegarse la naturaleza ante la fuerza de lo sociocultural?
- ¿O estamos predeterminados por esa misma naturaleza que nos da la vida?
- ¿Alguien puede llegar a ser humano por simple desarrollo natural o biológico, sin más que el despliegue de la misma naturaleza que está en él?
- ¿Qué es la educación?
- ¿Por qué y para qué educamos?
- ¿Somos todos iguales o somos todos diferentes?
- ¿Se podría imaginar otra forma de hacer la escuela, una escuela distinta de la que todos conocemos?

Inés Torres
Nombres propios
Daniel Brailovsky

Llegó a mis manos para prologarlo, por generosa oferta de su autora, el libro Las inclusiones: nuevas demandas y necesidades - Relatos sobre las diferencias, de Inés Torres. Un trabajo que busca replantear ciertos “modos consensuados, formas instituidas acerca del tratamiento de las diferencias en las instituciones educativas”, y comprender esas normalidades sancionadas. Normalidades, podríamos decir, que oscilan usualmente entre dos universos discursivos: el de las clasificaciones médicas, y el de las adjetivaciones estigmatizantes. Como tercera posición, irrefutablemente oportuna, Inés Torres usa nombres propios. Nos habla de Juan (que no es un “ente”, es Juan), de Fermín (que no es normalizado/integrado, es Fermín), y de Josefina, de Paula, de Sol, de Mariano… Los nombres acuden como evidencias de las singularidades que habitan estas historias de vida donde escuelas, maestros, familias e infancias se articulan en reflexiones potentes que ayudan a pensar los desafíos de una escuela para todos, desde los avatares y la complejidad de la vida cotidiana.
Me gustaría entonces compartir en estas páginas iniciales una pequeña historia personal para que se sume al abanico de historias que recorre el libro. Se trata de una anécdota sencilla que ejemplifica el modo en que los malentendidos que surgen en toda relación educativa pueden ser ocasión de una toma de conciencia sobre las diferencias que nos separan y nos unen a la vez.
Esta historia comienza hace algunos veranos, cuando quise conocer un poco más el cine latinoamericano contemporáneo a través de varias películas de origen uruguayo, colombiano, mexicano y brasileño. Una de ellas me causó una fuerte impresión a causa de un recurso muy original que empleaba el director: en algunos diálogos, sólo se podía oír la voz de uno de los que hablaba. El interlocutor aparecía silenciado: sus labios se movían, pero el sonido era ininteligible. Esto producía una extraña e intrigante sensación de desorientación, de ansiedad, que otorgaba a la película un ritmo y un suspenso adicionales que se sumaban a un guion complejo y a una fotografía sublime. Acallar al interlocutor en un diálogo –pensé mientras veía la película– es un modo sutil de destacar una idea inquietante: la conversación siempre se habita desde un punto de vista, donde probablemente habrá retazos de soledad, malentendidos per se y una dosis de narcisismo. Todo acuerdo, podríamos pensar a partir de allí, es una forma de malentendido. Y, tal vez, viceversa.
Terminada la película, quise leer alguna crítica para ver cómo habían interpretado otras personas este original recurso y me dirigí al buscador de Internet para obtener alguna reseña. Pero no encontré ninguna. Los pocos comentarios que encontré acerca de este film lo referían como una producción de poca monta propia de un género comercial, trillado y para nada interesante. Rápidamente comprendí, entre desahuciado y maravillado, que la omisión de algunas voces en la película no era producto de un director genial, sino de un parlante roto o un archivo incorrectamente descargado de internet.
La pregunta detrás de esta historia, creo, apunta a lo que se dice, lo que se quiere decir, lo que se escucha y lo que se entiende. Pero también a lo que pasa con la palabra cuando llega a oídos del otro. Estoy seguro de que el director del film en cuestión no habrá imaginado ni en el más surrealista de sus sueños que después de ver su película (en una copia en mal estado) yo terminaría escribiendo estas líneas. ¿Y qué hay de nuestros alumnos? ¿Qué de aquellas ambiciosas listas de objetivos con las que respaldamos nuestras conversaciones con ellos? ¿Qué de la pretenciosa puntería de los diseños curriculares que enlistan sensaciones, capacidades, experiencias a ser reproducidas en las aulas? ¿Qué de esos diagnósticos que estipulan las condiciones y los alcances del “buen aprendizaje”?
Hablar de la enseñanza es hablar de este necesario conjunto de ambigüedades y desfases. En la enseñanza hay siempre ambiciones truncas y utopías imprescindibles (que son, tal vez, dos modos diferentes de nombrar la misma cosa). Y hablar de educación “especial” es, más que nunca, hablar del otro, de la alteridad y de la brecha que conecta a la persona con los demás y con el espacio en el que la enseñanza tiene lugar.
Ésta es la razón principal por la que la educación no puede convertirse en el territorio de un lenguaje puramente técnico donde se perfeccionen métodos y sistemas de clasificación y evaluación, sino que demanda ser, también y sobre todo, un espacio de pensamiento acerca de la enseñanza situada, sus sujetos, sus experiencias, sus ambiciones, sus límites y sus potencias. En suma: un espacio de nombres propios. De experiencias y relaciones donde el alumno es uno, cada uno, cualquiera, éste, y está aquí, delante de nosotros.
Este libro nos invita a mirar nuestras prácticas en otros reflejos, dado que el espejo de la normalidad ha puesto en evidencia su carácter parcial, deformante, invisibilizante. Y nos convoca a explorar y habitar esas grietas a través de las cuales, paradójicamente, es posible dar sentido a las relaciones pedagógicas.

También le puede interesar

Grupos e instituciones. Prácticas educativas y proyectos comunitarios


Torchio, Fernández y otros
$ 260,00

Desafío de la inclusión en el nivel medio y superior, El


Krichesky, Malet y otros
$ 290,00

Fracaso escolar en cuestión, El


Baquero, Bolis y otros
$ 260,00