Aprender a ser mujer, aprender a ser varón

Aprender a ser mujer, aprender a ser varón

Relaciones de género y educación. Esbozo de un programa de acción


$ 425,00


En este libro, la autora aporta su visión sobre los procesos en los que se expresan, se reproducen y se transforman las formas establecidas del "ser mujer" y del "ser varón".
Para ello parte de una fuerte hipótesis: la sociedad moderna está caracterizada por una configuración de relaciones entre los sexos signada por la desigualdad y la educación formal está atravesada por diferentes expresiones de esa desigualdad.
El conjunto de las expectativas y valores sociales establecidos para "lo femenino" y "lo masculino" constituye el sistema de "relaciones de género". Pensar desde el enfoque de género es intentar descubrir cuánto de arbitrario hay en la posición que mujeres y varones ocupan en la sociedad.
De estas cuestiones habla este libro, colocando como centro de estudio a las relaciones de género en la educación, profundizando fundamentalmente en las particularidades de clase y apuntando al objetivo de aportar caminos hacia la utopía social.
Se trata del esbozo de un programa de acción que tiene dos grandes ejes: por una parte, el reconocimiento, la denuncia y el intento de transformación de las determinaciones estructurales injustas; por la otra, la aceptación de las diferencias entre aquello que está socialmente establecido y aquello que las personas simplemente "son".

Presentación
- Ser mujer, ser varón... no es igual. Y la educación no es neutral
- Ayer, hoy y mañana
- Igualdad y diferencia en las instituciones educadoras
Capítulo I
- Los estudios de género: un campo vital y en pleno desarrollo
- El movimiento social de mujeres
- Igualdad y diferencia
- Género y géneros
- ¿Existe el "sexo" sin el "género"?
- ¿Hacia la "tercera ola"?
- En síntesis
Capítulo II
- Infancia, adolescencia y construcción de género
- Sexo, identidad de género y elección del objeto sexual
- Pubertad y adolescencia: tiempos violentos
Capítulo III
- Relaciones de género y saberes sociales: las fuentes del currículo formal
- Textos y temas
- Jerarquía de saberes
- La producción de saberes como expresión de las relaciones de género
Capítulo IV
- Miradas, gestos y omisiones: formas y sentidos del currículo real
- Masculinidades en la educación: hegemónicas y subordinadas
- Se repite y también se resiste
Capítulo V
- El trabajo está dividido, y nos divide
- El trabajo doméstico o... "mi mamá no trabaja"
- Los trabajos "femeninos"
- Algunos datos interesantes
- Hay más mujeres de lo que parece
Capítulo VI
- Del diagnóstico a la propuesta
- El problema del acceso a la educación
- La lucha por el "qué" se aprende en las escuelas
- Respuestas desde los gobiernos nacionales en la Argentina
- Qué hacer en la escuela
- Conclusiones. Hablamos de género, hablamos de poder

Graciela Morgade

Doctora en Educación. Profesora adjunta de “Investigación y Estadística Educacional II” y “Educación, género y sexualidades”, Departamento de Ciencias de la Educación, Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Master en Ciencias Sociales y Educación (FLACSO). Dirige el Departamento de Ciencias de la Educación (UBA) y el proyecto UBACYT “Cuerpos sexuados en la escuela media: curriculum, experiencias y silencios”. Se desempeñó como directora de Formación Docente (GCBA). Es autora del libro Aprender a ser mujer, aprender a ser varón (Noveduc, 2001).

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Ser mujer”, “ser varón”... no es igual.
Y la educación no es neutral

La docencia nos pone en contacto cotidiano con sujetos en formación; más precisamente, sujetos a quienes acompañamos en su formación. Importantes caudales de saber pedagógico dan cuenta de qué se espera que ocurra en el encuentro entre docentes y estudiantes, y por qué. Se sabe cada vez más acerca de qué pasa en realidad y, también, acerca de qué no debería ocurrir pero ocurre. En este último caso, el saber pedagógico ayuda a reconocer procesos educativos que generalmente se producen más por omisión que por una acción intencional.
Nos interesa en este libro aportar en la “visibilización” de algunos de esos procesos; concretamente, aquellos en los que se expresan, se reproducen y se transforman las formas establecidas del “ser mujer” y del “ser varón”. Partimos de una hipótesis fuerte: la sociedad moderna está caracterizada por una configuración de relaciones entre los sexos signada por la desigualdad y, en tanto institución social –aun con relativa autonomía frente al ordenamiento del poder que predomina–, la educación formal es escenario y está atravesada por diferentes expresiones de esa desigualdad.
Las extraordinarias transformaciones que se han producido en las últimas décadas en este plano no han sido suficientes. Basta por ejemplo una recorrida rápida por librerías y quioscos para tener un panorama de la cuestión. Las publicaciones que explícita o implícitamente se definen como “femeninas” hablan de mujeres que cocinan, cosen y suspiran por ídolos televisivos, que están pendientes de la moda, de no engordar, y de la casa y vida de los/as demás; también hablan de qué difícil les resulta comprender a los hijos o las hijas de hoy, qué importante es la autoayuda para recuperar la autoestima, cómo sobrevivir al jefe, cómo disimular la fatiga crónica, etcétera. En suma, parece entonces que la vida femenina está claramente diferenciada de la de los hombres y que se necesita de consejo para no errar demasiado seguido. Las otras publicaciones (¿“masculinas”?) hablan de política, de economía y empresas, de deportes –sobre todo de fútbol–. “El mundo más allá del hogar”, se podría pensar; “las grandes cosas”, se podría agregar. Sin colocar calificativos, se trata sin duda de temas de debate público.
Poniendo un cierto orden en la información disponible, podemos identificar algunas pocas imágenes que todavía parecen resumir la posición social de las mujeres en nuestra sociedad. Por una parte, la mujer madre, esposa y ama de casa con dedicación exclusiva, por lo general dulce y abnegada. Por la otra, la mujer bella, delgada, siempre joven, objeto sexual, a veces un poco tonta. Por último, de aparición más reciente, la mujer-máquina, que trabaja en forma remunerada, pero sin descuidar su hogar, de buen humor y aspecto, organizada y eficiente. Las diferencias entre estas expresiones ocultan no obstante un rasgo común: lo femenino está, básicamente, definido por su protagonismo en el mundo doméstico.
Las publicaciones “femeninas” recrean esos modelos y, sin duda alguna, los refuerzan. Claro, es obvio, que estas imágenes no se traducen de la misma manera en la vida de todas las mujeres reales y concretas, pero todas las mujeres reales y concretas, de todas las clases sociales, etnias, edades, etc., son presionadas por ciertos ideales del “ser mujer”.
Los varones también, podremos afirmar inmediatamente, ya que también existen modelos para el “ser varón”. El varón exitoso económicamente, agresivo sexualmente, valiente y seguro de sí mismo, líder, dominante, también orienta los ideales de los hombres de diferentes edades, clases sociales, etnias...
Ahora bien, mucho más que determinaciones biológicas, los mensajes sobre cómo es y debe ser una mujer o cómo es y debe ser un varón son creaciones humanas. En este sentido, están relacionadas con la cultura predominante, las formas de producción económica y la distribución del poder social en un espacio y un tiempo histórico.

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