Centro de recursos didácticos, El

Centro de recursos didácticos, El

Hacia una comunidad de lectores


$ 525,00


La autora propone experiencias organizadas para crear una comunidad de lectores alrededor de la información y comunicación textual. Para ello ofrece posibles utilizaciones de recursos didácticos que orientan la tarea del docente desde lo artesanal hasta lo tecnológico.
La autora destaca la necesidad de prepararse para seleccionar y producir información en un mundo complejo e informatizado y señala la importancia -en tiempos de Internet- de generar una red o comunidad presencial de lectores como una forma indispensable para sustentar los vínculos positivos con el conocimiento.
El lector encontrará en este libro sugerencias para organizar y utilizar el Centro de Recursos Didácticos en el aula, biblioteca o escuela; propuestas para compartir con colegas en jornadas u otros espacios de reflexión y actividades para llevar adelante con los alumnos.

- La escuela alfabetizadora
- Escritura creativa y escritura documental
- Los recursos didácticos
- El centro de recursos
- Información, afectividad y conocimiento
- Escritura y habla
- Los procedimientos y la comunicación en red
- Pedagogía en red
- Búsqueda y selección de información
- Cara a cara con Internet
- Investigar, editar y difundir
- La biblioteca escolar y el centro de recursos

Hebe Solves

Magíster en Psicología del Aprendizaje (Universidad Nacional del Comahue). Licenciada en Psicopedagogía (Universidad Nacional de Río Cuarto). Profesora en Psicopedagogía (Universidad Nacional de Cuyo). Se ha desempeñado como docente y becaria del CONICET en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Ha ejercido la docencia en los niveles secundario y terciario no universitario, en institutos de formación docente en Mendoza. Actualmente es becaria posdoctoral del CONICET (Centro de Investigaciones Cuyo) y docente de posgrado en la Universidad de Mendoza.

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La escuela, hoy

“Los chicos no leen. Y tampoco saben leer”, se dice, aunque los adultos que lo dicen no siempre son lectores ellos mismos. La escuela parece haber fracasado en su misión alfabetizadora, pese a las sucesivas reformas parciales o la transformación global impulsada en nuestro país en los últimos años. La administración estatal de la educación recibe las críticas que anteriormente las autoridades descargaban sobre los docentes: a la uniformidad y homogeneidad del sistema se le adjudica su decadencia. Por otro lado, la explosión de las informaciones, que volvió anacrónico el discurso escolar único y la exclusión de amplias mayorías (durante mucho tiempo “invisibles”) que no alcanzan el nivel de conocimientos esperado dentro del marco de la educación formal, es el signo más evidente de la crisis del sistema.
Hoy, la escuela intenta hacerse cargo de la “diversidad”, por oposición a la homogeneidad del pasado. Entre tanto, el entorno escolar configura un escenario competitivo e individualista que afecta la tradición igualitarista e integradora de la escuela. Paralelamente, el fenómeno de la “globalización” multiplica las tensiones y amenaza con desdibujar la identidad cultural. Así, mientras la escuela se empeña en renovarse, se multiplican las diferencias, la dispersión, el desánimo y los fracasos escolares. Para muchos, lo de antes parecía mejor...


Del debate a la escritura

Aprovecharemos el debate sobre transformación educativa, globalización y lectura para referirnos al entorno dinámico que afecta a la escuela, como institución, y acercar propuestas que obedecerían a la necesidad de buscar nuevas formas de comunicación en la aula, con el objeto de crear un entorno alfabetizador significativo y crítico, que tenga en cuenta los cambios culturales que todos estamos protagonizando. El debate en escena es, precisamente, uno de esos cambios.
El hecho de que cada día más personas hagan conocer su opinión, se expresen y quieran ser protagonistas en el escenario de lo público obliga a practicar y aprender diversas formas de comunicación interactivas, respetuosas del otro y facilitadoras de la participación que se reclama. La escuela debe hacerse cargo de esa necesidad: saber pensar con otros y actuar en una sociedad democrática es aceptar, ymuchas veces crear, nuevos procedimientos y normas: la libertad implica responsabilidad.
Generalmente, el debate oral cara a cara, o el audiovisual, puesto en la pantalla del televisor o difundido por radio o Internet, no alcanza para producir ideas novedosas. La escritura, en cambio, impone un tiempo de reflexión y objetividad sobre los temas que nos preocupan, induce a tomar distancia, a ponerse en el lugar del otro y acumular información que respalde o justifique las opiniones.
Formar lectores y escritores sigue siendo, probablemente, un instrumento “civilizador”, es decir, un instrumento para el conocimiento y el diálogo, un camino para la superación de los conflictos sociales, más agudos cuanto más se los silencia.
En este sentido, propondremos algunos recursos didácticos que hagan de la escritura, en la escuela, otro escenario de expresión e intercambio entre pares, favoreciendo la diversidad multicultural para que la apropiación de la lógica textual y sus tiempos sea un bien común.

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