Contacto niño-animal

Contacto niño-animal

La conmovedora experiencia del lazo entre animales y niños con autismo y otras problemáticas graves


$ 515,00


El contacto con animales es un aporte para que chicos y jóvenes con dificultades puedan encontrar un nuevo lugar en sus historias. Domésticos o salvajes, se convierten en personajes con quienes pueden intercambiar papeles, favoreciendo así que, en alguna esquina del futuro, ellos puedan encontrarse en mejores condiciones para conjurar los fantasmas de su pasado y animarse a enfrentar el porvenir.
Los animales son una alteridad amigable y enriquecedoramente azarosa. Jugar con una cría animal es lo contrario de sujetarse a una programación. Una vez allí, es posible plasmar intervenciones que los ayuden a diseñar nuevos modos de lazo social con otros y de intimidad con ellos mismos. Que los acerquen al cachorro, y los alejen del autómata.
Entre chicos y animales surge un mundo enormemente enriquecedor para quien padece serias dificultades en la conexión con otros. A través de ese lazo “fuera de serie”, ellos pueden entrar en contacto con eso “otro”, también suyo, puesto allí. Y permitir entonces el ingreso de lo rechazado, admitirlo como propio, descifrarlo, producir algo nuevo y ponerle palabras al gruñido o al silencio.

I. Animales, alteridad y artificialidad
¿Ponerse las pilas?

II. Marcas de época: consumo y lazo social
Escuela y porvenir
Gorilas, lazo social y extimidad
Consumo y cuidado

III. Problemáticas graves de la infancia y lazo social
Producir espacios institucionales habitables
Patos, aprendices y alumnos

IV. Entrecruzamientos históricos
En presente

V. Animales, tótems y organización social
Cuidadores, aprendices, tótems y exogamia
Uniformidad y pertenencia
Ideal del Yo
Saberes, transmisión y curiosidad

VI. Introduciendo el “narzoocismo”: los animales, espejo e identificación
Identificación y juego

VII. Animales, fantasma y juego
Fantasmas en juego
Caballos de troya en la fortaleza vacía

VIII. Efecto Animal

IX. De Fábulas, hechizos y “bautismos”

Juan Vasen

Médico especializado en psiquiatría infantil-juvenil y psicoanalista. Ex docente de la Cátedra de Farmacología (UBA). Residente y Jefe de Residentes en el Hospital de Niños E. Gutiérrez. Desde 1985 ha desarrollado diversas responsabilidades en el Hospital Infanto-Juvenil “Carolina Tobar García”; médico psiquiatra en consultorios externos; jefe del Sector Niñas del Servicio de Internación; jefe del Servicio de Psiquiatría Social; jefe del Sector Niños del Servicio de Hospital de Día; supervisor de residentes; supervisor del Servicio de Hospital de Día; miembro fundador del Programa de Reinserción Social “Cuidar-Cuidando” (convenio entre el Hospital “Carolina Tobar García” y el Jardín Zoológico de la ciudad) y supervisor del CENTES N° 1, 2 y 3. Actualmente es Secretario General de Forum Infancias. Ha publicado: ¿Post-mocositos? (Lugar, 2000), Contacto animal (Letra Viva, 2004), Fantasmas y pastillas (Letra Viva, 2005), La atención que no se presta: el “mal” llamado ADD (Noveduc, 2007), Las certezas perdidas (Paidós, 2008), El mito del niño bipolar (Noveduc, 2009), Contacto niño-animal (Noveduc, 2013), Autismos: ¿espectro o diversidad? (Noveduc, 2015) y Dislexia y dificultades de aprendizaje (Noveduc, 2017).

Ver más

“Fuera de serie”

“En este lugar todo encuentro casual es una entrevista”
“Grafiti” - Servicio de Internación
Hospital Carolina Tobar García. 1986


En los últimos años se ha producido un creciente reconocimiento de la importancia de la relación con los animales y del impacto que la misma produce en la subjetividad de quienes entran en contacto con ellos. En muchas enfermedades físicas o situaciones de marginación y soledad la comunicación, el contacto y la experiencia de relacionarse con animales es muy enriquecedora. Y ello sin suplantar los abordajes imprescindibles y sin que implique un detrimento en el cuidado y respeto que merecen.

Existen numerosas investigaciones sobre los beneficios terapéuticos que resultan del contacto con animales silvestres y domésticos cuya historia se resume en uno de los capítulos. En nuestro país se están desarrollando experiencias diversas en instituciones pertenecientes al ámbito público, al medio privado, que se efectivizan como emprendimientos mixtos o son llevadas adelante por instituciones no gubernamentales. Las mismas pueden dividirse tentativamente en tres grupos: a) las terapias asistidas con animales, b) los dispositivos de reinserción social que funcionan en granjas o zoológicos y c) los animales en diversas funciones sociales como lazarillos, como animales de compañía en instituciones hospitalarias, de salud mental y geriátricas o en tareas de rescate de víctimas.

Como ya puede notarse este libro, del que estamos editando su segunda edición con algunas variaciones respecto de la primera (*1), no se ocupa directamente de los animales hogareños. Ellos son fuente de placer, alegría y promotores de contacto social en gran escala. No dudo que algunas de las ideas aquí desplegadas puedan aplicárseles. Pero el eje de este trabajo es el efecto del contacto animal en situaciones donde se esperan efectos terapéuticos e integradores a partir de una praxis transdisciplinaria.

Las experiencias de esta índole se suelen difundir bajo la denominación abarcativa de “zooterapias”. Un nombre decididamente simpático, “entrador” pero que tiene el grave defecto de confundir la función del animal convirtiéndolo en terapeuta o co-terapeuta y atribuyéndole misteriosos saberes. Boris Levinson, psicólogo estadounidense presentó un trabajo pionero en el congreso de la American Psychological Association de 1961 titulado: “El perro como co-terapeuta”. Años después recuerda que despertó poco interés y muchas bromas. “Me preguntaban si el perro compartía mis honorarios”. Inclusive “hablaban de mí como co-terapeuta del perro.(”2)

Hoy las cosas han cambiado. Hay en el mundo y también aquí muchas experiencias de trabajo con animales que tienen diferentes perspectivas y sustento teórico. Numerosos y bien fundamentados trabajos llevados adelante por equipos inter y transdisciplinarios fueron presentados en no menos de dos Congresos (*3) y se está organizando un Foro Universitario que se propone elaborar un marco legal para estas prácticas.

No es extraño, sin embargo, que se espere mucho de los animales. Una atribución desmesurada que suele ser fuente de esperanza ante el descrédito en que ha caído la palabra y muchas prácticas terapéuticas llevadas adelante por humanos. No es nuestra posición. Tampoco la de Aaron Katcher, un psiquiatra entusiasta de las posibilidades terapéuticas del contacto con animales quien es terminante al respecto: “Es ficticio creer que un perro nos enseña algo, tanto a nosotros como a nuestros hijos. La información que nos hace cambiar se imparte con palabras, y el perro no tiene palabras. No estoy diciendo que el perro no puede ser un estímulo para entender.(...) Sin embargo esta enseñanza se consigue cuando el estímulo se traduce en palabras. El perro no enseña responsabilidad a un niño; los padres le enseñan responsabilidad utilizando al perro como un estímulo o como una recompensa. Un perro no enseña a un niño lo que es la muerte, el perro se muere. El niño se siente triste y aprende mediante charlas la traducción de la experiencia en palabras. El perro puede excitar o proporcionar imágenes que estimulan el aprendizaje, pero el perro no enseña nada, excepto los simples juegos que uno aprende a jugar con ellos. (”4)

Si bien los animales no pretenden enseñar nada se puede aprender de ellos, incluso mucho más que simples juegos. Siempre y cuando no los sobrecarguemos con nuestras expectativas y evitemos convertirlos en un ilusorio refugio ante un descreimiento en lo humano o en tapón para nuestras angustias. Regalar un perro a un niño que perdió un ser querido puede aliviarlo y alegrar su vida, pero no le ahorra el trabajo de duelo. Por sí solos los animales son fuente de posibilidades y efectos. Pero para convertir estas vivencias en experiencias enriquecedoras, en fuentes de subjetivación hace falta una palabra que, en sintonía con lo vivido y sin pretender agotarlo, lo haga apropiable. Aún en el caso de los caballos que inducen un estímulo corporal intensísimo en quienes practican equino o hipoterapia, sólo la presencia y las intervenciones de los equipos interdisciplinarios que sostienen estos dispositivos convierten lo estimulante y provocador de una vivencia en una experiencia con efectos terapéuticos o rehabilitadores.

Un primer grupo de experiencias reciben el nombre de “terapias asistidas con animales” (TACA). En inglés la denominación más aceptada es terapia facilitada por animales, cuya sigla es AFT. Se desarrollan en marcos institucionales y son sostenidas por equipos interdisciplinarios. Los animales son en ellas agentes y mediadores de efectos y afectos. Caballos y perros son los más frecuentemente empleados. Ejemplos de estos dispositivos son el Servicio del Hospital Pedro de Elizalde, el Programa del Parque Roca o la Fundación Establo Terapéutico.

Además de su lugar en las terapias asistidas, los animales cumplen un rol fundamental en diversos dispositivos que favorecen la reinserción social a través del aprendizaje y el trabajo en medios educativos o laborales.). Tal es el caso de las granjas terapéuticas como la Asociación de Padres de Niños Aislados, la Estación de Cría de Animales Silvestres, el Programa “Caballo de Troya” de Bahía Blanca o Cuidar-Cuidando que se realiza en el Zoo de la Ciudad de Buenos Aires.

Un tercer tipo de experiencias surge de lo que hemos llamado “función social de los animales”. Ellas se fundan en los efectos de su compañía en pacientes psiquiátricos, deprimidos o convalecientes de enfermedades graves. En EEUU hay numerosas experiencias en instituciones para ancianos (*5) e incluso en prisiones con muy variados resultados.(*6) Dentro de las funciones sociales está también la de los lazarillos o los perros que participan de tareas de rescate. A este tercer grupo de prácticas es a las que Jorge Puente denomina Actividades Asistidas con animales (AACA). (*7)

Freud decía que el hombre es un animal protésico. Que sólo a través de sus creaciones podía conectarse con el mundo que lo rodea. (*8) Los perros lazarillos son ejemplo de animales cubriendo, protésicamente, funciones humanas ausentes. Pero hay una importante diferencia entre este lugar de complemento, de lo actualmente ausente y necesario, de la función de suplemento que cumplen los animales en las terapias asistidas, en las situaciones donde acompañan o en los dispositivos de resocialización como las granjas o el zoo. Ellos reemplazan algo faltante (cercanía humana u oferta lúdica por ejemplo), pero además agregan a ese lazo social mucho más que lo ausente. Van más allá de tapar una carencia, aportan algo nuevo que enriquece la vida de quienes entran en contacto con ellos.

Por otra parte en la obra freudiana así como en la de Lacan las referencias a los animales son muy numerosas y relevantes. No sólo en los casos de fobia, típicamente Juanito, sino que son tenidos en cuenta como matriz hipotética de modos de organización social en Tótem y tabú por ejemplo, o como material para pensar registros de la experiencia humana como es la referencia a la etología en por citar algunos ejemplos relevantes. Sin embargo, este aspecto ha sido soslayado.

Este libro pretende tender un puente entre un pensar psicoanalítico y las prácticas con animales. Su fragua principal es “Cuidar-cuidando” un Programa de re-socialización para niños y jóvenes que realizamos hace 13 años en el Jardín Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires. El Programa se sostiene en una articulación interinstitucional entre el Zoo y el Hospital Carolina Tobar García y se efectiviza a través de un conjunto de prácticas transdisciplinarias que cotidianamente despliega el equipo responsable del mismo y sus múltiples colaboradores. (*9)

Por ahora en tanto psicoanalista y como parte de un dispositivo cuya práctica involucra relacionarse con animales adelantaré que entiendo que su pregnancia actual esta relacionada con un mundo, el urbano post-moderno que mayoritariamente habitamos, donde las posibilidades de hacer experiencia van siendo expropiadas y donde la nota singular de cada quien no suele hallar pentagramas donde inscribirse. En él, los animales aún ofrecen la posibilidad de un modo de contacto “fuera de serie”. Matriz posible de una experiencia singular si, extrayendo alguna lección del grafiti del epígrafe, favorecemos una apropiación no tecnocrática de lo vivido. El encuentro con un animal no es una entrevista.



Notas
1. J. Vasen: Contacto Animal: Un lazo social fuera de serie. Bs. As. Letra Viva 2004
2. B. Levinson: El futuro de la investigación de las relaciones entre seres humanos y sus animales de compañía. En Los animales de compañía en nuestras vidas. Fundación Purina. Barcelona 1993.
3. Los animales: Su impacto en la salud. Facultad de Medicina de Buenos Aires. 18-20/9/2003. El segundo Congreso con el mismo título se realizó en la Facultad de Veterinaria 10-12/09/2009.
4. Aaron H. Katcher: El hombre y el entorno viviente. En Los animales de compañía en nuestras vidas. Fundación Purina. Barcelona 1993.
5. Ver L. Bustad y L. Hines. Los animales y los ancianos, E. Friedmann, A. Katcher: Cuando los propietarios de los animales de compañía son hospitalizados. En Los animales de compañía...Op. cit.
6. L. Hines. Community people-pet programs that work. En The Veterinary Chlinics of N. A. Vol. 15. 1985.
7. J. Puente: Segundo Congreso “Los animales: su impacto en la salud” Bs. As. 10-12/09/2009.
8. S. Freud: (1930) El Malestar en la cultura. E. Amorrortu. Bs. As. 1986.
9. Quien desee más información sobre el Programa, su historia y su desarrollo actual puede encontrarla en “Del invento a la herramienta” Polemos. Bs. As. 1995 y 2009, en “Post-mocositos” Lugar. Bs. As. 2000, en “Disputas en el campo de la salud mental”, Materiales de Cátedra de la Facultad de Psicología UBA. La Plata 1997, en http://www.juanvasen.com.ar, Facebook Programa Cuidar Cuidando y You-tube (ídem) o conectándose con el equipo llamando al Hospital Carolina Tobar García.

También le puede interesar

Atención que no se presta: el "mal" llamado ADD, La (Nueva edición)


Juan Vasen
$ 540,00

Autismos: ¿espectro o diversidad?


Juan Vasen
$ 590,00

ADDH. Niños con déficit de atención e hiperactividad


Benasayag, Feld y otros
$ 625,00