Adicto tiene la palabra, El

Adicto tiene la palabra, El

El fundamento metapsicológico de las adicciones


$ 845,00


En sus páginas fluye ágilmente el espinoso problema que las adicciones plantean al psicoanálisis. Mario Domínguez Alquicira ordena, clasifica, comenta y repiensa esta multiplicidad, y con ella provee un valioso material para consulta teórica y conceptual. 
El autor recorre y pone a dialogar diversos enfoques teóricos. Se establece en el libro una esencial diferencia entre los enfoques psicodinámicos, refutados por el autor como una “hermenéutica” aplicada a las adicciones desnudando sus obviedades y falacias, con respecto a lo que se plantea como “la energética freudiana”. 
Que el punto de partida del trabajo, como se anuncia, sea la metapsicología freudiana no impide que asistamos al despliegue de todo un trasvase conceptual que articula la “energética”, e incluso el supuesto “neurologismo” freudiano con las más actuales teorías del goce, repensadas a partir de aquellos discípulos de Jacques Lacan que han hecho el intento de construir una perspectiva moderna para la comprensión y la clínica de las adicciones. 
En sus recorridos finales, deja planteadas las principales ideas directrices sobre el tratamiento de las adicciones, las ajenas y las propias. Esto es: el manejo de la transferencia, la orientación de la pulsión hacia los caminos de su transformación y la experiencia de la recuperación de un deseo singular con el recurso del lenguaje.

Prólogo. Por Héctor López
I. Introducción. Adictologia y psicoanálisis: un debate impostergable
II. Breve historia y evolución de los conceptos psicoanalíticos sobre adicciones
III. El horizonte genealógico
Las puertas abiertas de la percepción
El psicoanálisis químico
Filósofos de la conciencia ebria
Las rutas del éxtasis
IV. El Horizonte Epistemológico
El problema epistémico fundamental: la adicción ¿síntoma, no-síntoma, seudosíntoma, enfermedad o estrago?
V. De un “proyecto de psicología para neurólogos” a un “proyecto de neurología para psicólogos”
VI. La economía psíquica de la adicción
Hemorragia psíquica
El reloj de arena de la droga
El álgebra de la necesidad
El vértigo de lo real
Patología del acto
De lo visible a lo inteligible
El sujeto alucina su mundo
La máquina de borrar
Ruptura violenta
Los ojos sin párpados
La célula que explota
La ecuación celular de la droga
Sed de absoluto
Un mundo sin memoria, sin tiempo
El tiempo de la droga
VII. Conclusiones

Mario Domínguez Alquicira

Licenciado en Psicología (Universidad del Valle de México). Diplomado en Criminalística (UVM). Diplomado en Tanatología (Instituto Mexicano de Tanatología). Especialista en Adicciones (Centro de Estudios Superiores Monte Fénix). Psicoanalista (Círculo Psicoanalítico Mexicano). Maestría en Filosofía Social (Universidad La Salle). Es miembro del Comité Editorial de la revista Carta psicoanalítica (www.cartapsi.org). Se desempeñó como psicólogo clínico en la Dirección de Atención a las Adicciones, adscrita a la Dirección General de Atención a Víctimas del Delito de la PGJDF. Ocupó diversos cargos en la Fundación Monte Fénix. Se desempeña como Responsable de Proyectos de Desarrollo Estudiantil (Universidad La Salle). Coautor de los libros: Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción. Una visión psicoanalítica (CPM, 2002); La interpretación de los sueños. Un siglo después (APM-Plaza y Valdés, 2002); Psicoanálisis y cine. Antología del cine comentado y debatido. Tomos I, II y III (CPM, 2008).

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Adictologia y psicoanálisis: un debate impostergable
Existen dos posiciones distintas que, lejos de oponerse, se complementan: el psicoanálisis y el estudio científico de las adicciones. Hasta ahora ha tratado de mantenérseles como dos entidades contrapuestas e inconciliables; esto debido quizá a que históricamente han permanecido hasta cierto punto divorciadas, aun cuando han mantenido estrechas relaciones desde sus orígenes. La vinculación entre una y otra se ha caracterizado por ser siempre problemática, plagada, entre otras cosas, de imprecisiones terminológicas y malos entendidos. Este modo de proceder no ha arrojado luz en el diálogo adictología-psicoanálisis; por el contrario, ha sido fuente de numerosos prejuicios.
Los postulados freudianos no han permanecido inalterados a través del tiempo, sino que han sufrido una serie de variaciones. Puede resultar, por tanto, muy engañoso enfocar en forma desprevenida la literatura psicoanalítica, no sólo cuando se pasa de un autor a otro, sino dentro de Freud mismo, ya que en los distintos momentos de su teorización, los conceptos fueron retocados y desplazados de lugar, una y otra vez (Laplanche, 1969-70).
Con frecuencia se suele caer en el error de considerar que las únicas aportaciones que el psicoanálisis ha hecho al estudio de las adicciones fueron las correspondientes a su etapa inicial. Esta visión simplista no es exclusiva de uno u otro campo, ya que ambos han llegado a adoptar, en ciertos momentos, posiciones extremas y recalcitrantes. Por ejemplo, se ha llegado a caer en el reduccionismo más radical que supone que para el psicoanálisis todo remite a fijaciones orales, conflictos edípicos no resueltos y traumas inconscientes; cuando en realidad, tal como explica Velasco (2000: 24), “no existen fórmulas psicodinámicas fijas, como tampoco hay una personalidad típica, cuyos impulsos inconscientes expliquen la predisposición a desarrollar una farmacodependencia”. 
Actualmente, con los nuevos y variados rumbos que ha tomado el psicoanálisis, se ha podido enfocar el problema de las adicciones desde otros ángulos y perspectivas. Ya no sólo se lo ve como una mera cuestión que concierne a defectos, fallas o perturbaciones en el desarrollo libidinal, sino que abarca un panorama mucho más amplio que linda incluso con el territorio de otras entidades nosológicas –distintas a la neurosis–, como el de la psicosis y el de los estados fronterizos. 
Freud (1905) se ocupó relativamente del problema de las adicciones refiriéndose sobre todo a su papel en el devenir del desarrollo psicosexual, concibiendo a la dipsomanía –o compulsión de beber– como una fuente de satisfacción sexual en aquellos sujetos para quienes el valor erógeno de la zona oral se veía constitucionalmente reforzado. Nunca dedicó un estudio donde detallara amplia y minuciosamente sus reflexiones sobre el alcoholismo y la adicción a otras drogas (con excepción de sus escritos sobre la cocaína, que, como se verá, apuntan hacia otra dirección).
También es preciso subrayar que la relación entre adictología y psicoanálisis ha dado lugar, en algunos aspectos, a interpretaciones exacerbadas de la concepción freudiana. Por ejemplo, algunos de los primeros discípulos de Freud que se interesaron por estos problemas, como el psicoanalista alemán Karl Abraham (1908), llegaron al extremo de afirmar que el consumo excesivo de alcohol reconoce, en su base, una homosexualidad reprimida. Esta formulación emitida en un escrito que lleva por título “Las relaciones psicológicas entre la sexualidad y el alcoholismo” es tributaria de los innumerables tabúes existentes en aquella época acerca de las relaciones entre el alcohol y la sexualidad.
A la luz de los conocimientos actuales estas teorías resultan insostenibles, puesto que el mismo psicoanálisis cuenta ya con nuevos presupuestos epistemológicos que quebrantan este tipo de aseveraciones. De ahí que para algunos investigadores de nuestros días no sea necesario conceder especial importancia a teorías psicodinámicas como ésta (Velasco; 1977, 1980).
Existe una gran cantidad de modelos teóricos que tratan de explicar por qué razón alguien utiliza drogas y puede llegar a convertirse en adicto. Pero, en general, la idea que se tiene acerca del enfoque psicoanalítico y de cómo éste explica el proceso de la adicción, se reduce a un pequeño número de fórmulas simples y bastante esquemáticas. He aquí algunas de ellas:
– Se ha hablado de “pansexualismo” para caracterizar la teoría freudiana, término polémico que se traduce y explicita en esta formulación: todo en psicoanálisis se reduce a la sexualidad.
– Se sigue diciendo que el psicoanálisis es un método de investigación científica cuyo objetivo último es hacer consciente lo inconsciente. Por otra parte, se tiene la idea de que la adicción es el síntoma de un conflicto intrapsíquico subyacente (como puede ser el caso de un complejo edípico no resuelto), así como también un producto de una fijación en la etapa oral del desarrollo libidinal. De este modo se concluye que una vez resuelto el conflicto intrapsíquico, la conducta adictiva desaparece (vía insight).
– Suele decirse que el alcohólico es un individuo pasivo-dependiente –esto es, de carácter oral–, a consecuencia de lo cual el alcoholismo no sería más que la no superación de una etapa del desarrollo psicosexual.
– La mayor parte de la literatura psicoanalítica disponible sobre alcoholismo se centra en el hecho de que los adictos al alcohol consumen con el fin de sedar la angustia de castración, así como para aliviar los sentimientos de culpa, alcanzar una sensación de poder que les permita vencer un sentimiento de inferioridad, aumentar la estima personal y elevar el estado de ánimo, para neutralizar la función superyoica o para dirigir hacia sí mismos sus tendencias destructivas.
En general, se corre el riesgo de hacer un uso mecánico, estereotipado y dogmático del sistema conceptual freudiano, lo que no es más que una de las formas que adopta el hegemonismo psicoanalítico tendiente a hacer del psicoanálisis una psicología universal. En consecuencia, el psicoanálisis se ha visto frecuentemente reducido a una hermenéutica simple que sólo reconoce, tras los síntomas y patologías, fijaciones orales, complejos de castración y edipos inconclusos. Cabe aclarar que no toda psicoterapia es psicoanálisis, ni tan siquiera cualquier psicoterapia dinámica puede pretender serlo. Al mismo tiempo, el psicoanálisis no es un corpus teórico ya acabado, incapaz de admitir desarrollos con sus consiguientes innovaciones. De ahí que la riqueza de esta doctrina radique justamente en la existencia de diferentes perspectivas, corrientes de pensamiento y diversificaciones metodológicas. Más que de un psicoanálisis habría que hablar quizá de los psicoanálisis. Además, no debe perderse de vista que, de lo que Freud conceptualizó (teoría) y practicó (praxis), a lo que hoy en día se teoriza y practica, puede haber una gran diferencia. Estas diferencias insoslayables tienen que ver –más allá de las diferencias individuales siempre reconocidas en psicoanálisis– con las idiosincrasias de cada medio cultural en que se practica. De ahí que Páramo Ortega (1989) haya enunciado la tesis de que el uso del término psicoanálisis requiere un adjetivo que designe el país concreto en el que se encuentra, cuya historia engendra la producción de determinados desarrollos teóricos ligados, consecuentemente, al nombre de ciertos autores. Con todo, hoy en día, inevitablemente se protegen bajo el nombre generoso de psicoanálisis, todo tipo de eclecticismos y de adaptaciones a los valores reinantes. En otras palabras, la disputa por la herencia freudiana sigue en pie.
Lo que en este libro se intenta postular es, en primer lugar, la necesidad de superar la oposición psicoanálisis-adictología, ya que la dicotomía radical de ambos enfoques, en cuanto pretenden una absolutización excluyente, en lugar de reconocer sus respectivas limitaciones y mutua complementariedad, tiende a conducir –por ambas partes– a una estéril disquisición encerrada en sí misma. Es tiempo, pues, de iniciar un fructífero debate capaz de ampliar y expandir los puntos de demarcación existentes entre ambos campos del saber.
Se pretende, además, hacer una lectura genealógica y epistemológica en cuanto a las condiciones históricas a partir de las cuales se gestaron y configuraron estos dos cuerpos teóricos; desentrañando y poniendo en evidencia sus puntos de confluencia y divergencia, sus fronteras y territorios comunes, siempre poniendo énfasis en la necesidad de hacer una atenta y detenida lectura del texto freudiano en contraposición a las lecturas sesgadas y parciales que a menudo se han venido haciendo.
En su mayoría, los estudios psicoanalíticos encaminados a la comprensión de las manifestaciones adictivas se han centrado en encontrar los mecanismos psíquicos subyacentes a la conducta adictiva, así como también en la comprensión psicodinámica de la personalidad adicta, lo cual ha dado lugar a verdaderas tipologías o “retratos de adictos”, que sólo han conseguido reducir el aporte freudiano a descripciones fenomenológicas y clasificaciones estereotipadas. Ante ese hecho, nuestro texto se propone también rescatar el potencial derivativo de los conceptos analíticos y la inteligencia interna de los modelos topológico, dinámico y económico –sobre todo este último– para hallar tras de ellos el fundamento metapsicológico de la adicción. 
Mucho se ha hablado ya de las complicaciones técnicas derivadas de la aplicación del método psicoanalítico al tratamiento de los pacientes adictos, razón por la cual el presente trabajo no pretende continuar con esa polémica, sobre todo sabiendo que el tratamiento de las adicciones se ha transformado en un campo de batalla de las diferentes corrientes de pensamiento de psicología y psicopatología, que han venido disputándose la primacía de los procedimientos técnicos más apropiados para abordar los cuadros adictivos. En todo caso, se intenta realizar aquí un análisis de lo que caracteriza a los abordajes psicoanalíticos en el tratamiento de la adicción, a fin de dilucidar y denunciar el empleo dogmático de las nociones y categorías psicoanalíticas en que algunos de ellos suelen caer.
El propósito de esta publicación radica entonces y, principalmente, en confrontar los discursos del psicoanálisis y la adictología, a fin de verificar la validez epistemológica de uno y otro campo. Los ejes rectores a partir de los cuales se genera tal confrontación son tres, a saber: el genealógico, el epistemológico y el metapsicológico. El primero de ellos plantea una investigación de las condiciones de posibilidad, los orígenes, los métodos y los fundamentos de los saberes psicoanalítico y “adictológico”. El eje epistemológico problematiza el campo conceptual y nosográfico inmanente a ambos cuerpos de hipótesis e indaga en su formación, modos de relación, evolución y proceso de constitución. Tales desarrollos van encaminados, en todo momento, a desentrañar el fundamento metapsicológico de las adicciones –el tercero de los ejes–, mismo que debe encontrarse en el modelo económico-energético en contraposición a la explicación tópica y dinámica que las corrientes dominantes en psicoanálisis han desarrollado.
Se trata, en suma, de romper ortodoxias y abrir nuevos caminos que conduzcan a establecer conexiones y realizar articulaciones entre esos elementos sueltos (psicoanálisis y adictología), así como entre la metapsicología freudiana y las conceptualizaciones neuroquímicas actuales.
Esto permite situar ya, desde esta introducción, los supuestos epistémicos a comprobar y demostrar en esta investigación:
1. La adictología y el psicoanálisis no son dos campos teóricos separados; es posible encontrar en ellos un punto de intersección capaz de articularlos.
2. Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, es también uno de los fundadores de la psicofarmacología.
3. Freud se encuentra inserto en una trama genealógica y es producto de la episteme de su tiempo.
4. Existe un fundamento metapsicológico de las adicciones, centrado esencialmente en la dimensión económica del aparato psíquico. 
5. El fundamento metapsicológico de las adicciones no estaría, en rigor, en abierta contradicción con los últimos descubrimientos de la neurofisiología.
6. Las adicciones son un trastorno del lenguaje.
7. Es posible establecer una teoría metapsicológica de la memoria/amnesia, a partir de la cual pueda concebirse a las adicciones como una “supresión tóxica” de la memoria.

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