Escenarios didácticos y planes de acción

Escenarios didácticos y planes de acción

Secuencias de trabajo y estrategias en situaciones reales (87)


$ 590,00


El libro está estructurado en torno a un conjunto de unidades, proyectos y secuencias de enseñanza diseñadas por la autora en su práctica como docente de salas de niños de 4 y 5 años.
Se suceden relatos detallados de cada una de las propuestas, en las que se abordan contenidos y problemáticas variados y relevantes a la hora de educar a los más pequeños, todos atravesados por el juego y por una fuerte convicción acerca de las posibilidades de aprender y conocer por parte de los niños. 
Así aparecen las artes plásticas, las ciencias sociales, el conocimiento del entorno, las ciencias naturales, la lengua, la literatura, la matemática, articulados con la realidad del jardín y de los niños y, a la vez, con las normativas curriculares. 
Con la intención de aportar ideas para que cada docente pueda recrearlas según su realidad, su grupo de niños y sus intereses, la autora comparte con gran entusiasmo y alegría su experiencia profesional.

Parte I
Capítulo 1.

Dar la palabra a los niños, para que se apropien de ella. ¿Jugamos con títeres?
Capítulo 2.
El diario de la sala
Capítulo 3. 
Homenaje al patrono del jardín. La importancia del nombre en la construcción de la identidad
Capítulo 4.
La galería de arte
Capítulo 5.
El trabajo con emergentes
Capítulo 6.
El juego: derecho y herramienta
Capítulo 7.
La presencia del aire
Capítulo 8.
Articulación con la escuela primaria
Capítulo 9.
El Parque Chacabuco: pasado y presente
Capítulo 10.
Medición del tiempo: el taller del relojero
Capítulo 11.
La peluquería
Capítulo 12.
El taller de compostura de calzado
Capítulo 13.
El taller de la modista
Capítulo 14.
Un pequeño emprendimiento: “Fantasía”
Parte II
Capítulo 15.

Proceso de inicio: ¡Llegamos a 5! ¿Tomamos un helado?
Capítulo 16.
La palabra y la comunicación
Capítulo 17.
Los números, el espacio y la medida entran en juego
Capítulo 18.
Ciencias naturales: en el parque, en el museo y en el zoológico
Capítulo 19.
Cerca del final y de un nuevo comienzo. Cierre “editorial”

Liliana Waidler

Profesora de Jardín de Infantes egresada del Instituto Summa y docente de la gestión oficial de la Jurisdicción del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Coordinó encuentros organizados por la Dirección General de Planeamiento de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires entre los autores de las diferentes áreas del Anteproyecto del Diseño Curricular y los Equipos de Conducción para su implementación en el año 1988. En 1989 colaboró con el equipo de la Profesora Berta Braslavsky de la Dirección General de Planeamiento de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, en un proyecto sobre la lectoescritura. Participó en el Proyecto "Entre la Facultad y la Escuela" de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires para alumnos del nivel inicial, primario y secundario durante los años 1998 y 1999, el cual fue finalista del Concurso de Innovación en Educación convocado por la Fundación YPF. Realizó investigaciones, profundizó conocimientos en distintas áreas y estableció conexiones con distintos referentes de la cultura, personas y espacios para enriquecer las experiencias con sus alumnos. Es autora de artículos publicados en revistas especializadas.

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Cada año escolar inaugura un nuevo tiempo, abre paso a la esperanza, invita a buscar rumbos que enciendan expectativas y movilicen los sentidos y el pensamiento.
Hacen falta “llaves” para abrir puertas y ventanas al conocimiento, a la comprensión y organización de la realidad. Tal vez por eso, imaginar trayectos para acompañar en ese viaje al nuevo grupo provoca en el docente una emoción particular que indudablemente se transmite a los niños. 
Observar, ampliar la mirada, afinar la escucha permitirá elaborar un buen diagnóstico a manera de punto de partida para trazar caminos tentativos, itinerarios que a lo largo del año se irán abriendo, modificando y articulando en búsqueda de otros puertos.
Los maestros aquí son artífices de las oportunidades para que sus alumnos investiguen, experimenten, decidan por sí mismos y avancen en la construcción de autonomía, resuelvan problemas reales, encuentren soluciones, cuestionen, argumenten y se expresen, constituyéndose como seres críticos. 
Cuando se entiende el aula como una micro sociedad democrática y se crean las condiciones para que el protagonismo de todos y todas sea posible, esas metas se logran. Así, la construcción personal con los otros y a partir de los otros generará satisfacción, alegría y renovará los deseos de seguir avanzando en la aventura de aprender.
¿Cómo lograrlo? Recuperando el rol de enseñantes, organizando propuestas, anticipando criterios para encuadrarlas, dirigiendo los procesos sin imponer, involucrando a los niños en un proceso de construcción compartida, estimulando el deseo de saber, la curiosidad por indagar lo nuevo y el volver a mirar lo conocido desde otras perspectivas.
Instalar la pregunta como motor de búsquedas favorecerá la investigación, activará los saberes disponibles y ampliará las posibilidades de seguir pensando.
Ponerse a la altura de los niños, decodificar sus mundos y sus “motivos”, permitirá integrar con entusiasmo el aprendizaje, en el marco de una relación de afecto y comunicación, dando lugar a la palabra para expresar sentimientos, opiniones, divergencias y utilizándola para solicitar, agradecer, elegir, rechazar. 
Aceptar los errores, aprendiendo a valorar el esfuerzo y las diferencias, enfatizando el compartir, el trabajo en grupo, la colaboración, la solidaridad. 
Pensar, entonces, un recorrido anual que permita visualizar unidades, proyectos, itinerarios, secuencias que guarden cierta continuidad y complejidad creciente, permitirá construir coherencia con el proyecto institucional. Recuperar situaciones que surgen en el devenir diario de los juegos, discusiones, problemas, curiosidades, necesidades que interesan, movilizan, inquietan, dará lugar al aprendizaje desde un posicionamiento flexible que no pierda de vista “el norte”.
Privilegiar el juego como estrategia de intervención pedagógica, como espacio de aprendizaje que se transforma en acto creativo y conecta con el disfrute, aportará al sostén de la identidad del nivel, a la vez que incrementará el placer por el “aprender a aprender” junto a los compañeros, las familias y los docentes.
Reconocer el rol importantísimo de la familia llevará a descubrir los saberes acumulados por ellas a lo largo de la vida, valorando sus experiencias porque permiten al ser humano crecer día tras día.
Generar un buen clima de trabajo será el principio para ir construyendo un entramado institucional en el cual primen los vínculos de respeto, la tolerancia, la apertura a la participación y al diálogo, promoviendo los valores democráticos en cada oportunidad en que se presente la posibilidad de hacerlo.
En este marco será viable pensar y tramitar una escuela abierta que atienda y respete la diversidad, la heterogeneidad y singularidad de los alumnos. Una escuela contextualizada, totalizadora e integradora, que asuma y valore la diversidad desde la convicción, diseñando acciones que satisfagan las necesidades de todos los niños y pongan en diálogo las diferentes culturas presentes en el jardín.
Una escuela abierta para salir a visitar museos, talleres, teatros, parques… Una escuela en la cual la sorpresa, la propuesta que está por llegar, seguramente serán interesantes porque entrañarán algo nuevo por descubrir, por conocer, por aprender, mucho por disfrutar y aventuras inéditas en las cuales participar. 
El entusiasmo se transmite, la alegría se contagia, el compromiso se multiplica, la fe enciende chispas que promueven confianza, seguridad y autoestima. La escucha acaricia, acerca, aleja la queja, el cansancio, el murmullo, la monotonía del repetir año tras año, día tras día, similares “libretos”.
Alejar a los niños de las rutinas sin sentido significará darles herramientas y la cuota de libertad necesaria para que desarrollen la imaginación y la creatividad. 
Es tarea del docente utilizar las TIC como herramientas con conocimiento y criterio de oportunidad, propiciando la observación, la apreciación, la reflexión, el diálogo, la crítica. Ellas enriquecen la enseñanza y el aprendizaje, poniendo de manifiesto la centralidad de la escuela como institución que cumple con su función específica de distribución y construcción compartida de saberes legítimos y socialmente válidos.
Es muy importante destacar el aporte de las capacitaciones que enriquecen y actualizan la formación. En este caso, la capacitación en servicio de plástica, ciencias naturales e informática, que además de ofrecer bibliografías renovadas, enseñan nuevos enfoques, sugerencias y abren espacios al diálogo, a la reflexión sobre las prácticas pedagógicas. Luego, es responsabilidad del educador mirar a sus alumnos, a la comunidad, a la escuela, a sí mismo, reflexionar para entender la escuela de hoy, tomar conciencia de sus propias acciones, estar abierto al cambio, a las dudas, a los errores constructivos…, a capitalizar el asesoramiento de los directivos como espacio para pensar, reflexionar y crecer. Asimismo, es importante participar del intercambio con los colegas, con los alumnos residentes, maestros suplentes, compartiendo experiencias, participando en jornadas, congresos, talleres y escribiendo para socializar experiencias.
Sobre el libro: dos itinerarios anuales
El lector encontrará dos itinerarios anuales: uno detalladamente relatado, acompañado por las voces de los niños, ambos con un hilo conductor que los articula y que cierra con un proyecto integrador que revela —a modo de evaluación— el grado de apropiación que los chicos realizaron de sus conocimientos.
Una “presentación editorial” y un “pequeño emprendimiento” reflejan la identidad grupal, el trabajo en equipo y distintos modos de despedirse del ciclo escolar. 
Ambos trayectos partieron de un mismo contexto, el Parque Chacabuco de la ciudad de Buenos Aires, donde está ubicado el jardín1, abordándolo desde distintas dimensiones.
En la primera parte se desarrolla la articulación entre una sala de cuatro y una de cinco en un itinerario. La segunda parte está protagonizada por dos salas de cinco. Los recortes seleccionados y el cruce interdisciplinario difieren en las dos propuestas. El diario de la sala acompaña el sentir y el hacer de los grupos, portador de texto que acerca a los niños a la lectura y escritura. Dos años de trabajo que ponen de manifiesto que siempre es posible dar nuevos pasos, mirar con otros ojos y seguir asumiendo el desafío de crear.
A partir de estas propuestas surgirán muchísimas otras que el docente adaptará, recreará, según las características del grupo y sus intereses y que seguramente enriquecerá con sus propias ideas.
Vivir la docencia con sensibilidad, alegría y pasión es vivir una aventura que despierta sueños, emociones y conocimientos que permiten asegurar que todo es posible… aun las utopías.

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