Por qué se pelean los chicos en la escuela

Por qué se pelean los chicos en la escuela

Cómo se desencadenan los conflictos


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Inseguridad en las rutas, violencia en las calles y en las escuelas, son temas favoritos de la prensa. Los medios muestran a una docente padeciendo crueles burlas, magnificadas por el celular que las filma y la televisión que las reitera obsesivamente. Imágenes de estudiantes golpeándose a la salida de la escuela. ¿Por qué casos aislados producen una generalización tan rotunda? ¿Por qué no se publicitan las formas por las que niños y jóvenes buscan salidas consensuadas, o no, a sus propios conflictos?
Por esto, es valioso que una antropóloga social, con una larga trayectoria previa como directora y docente de escuela, se interrogue ¿violencia escolar: sí o no?, ¿por qué se pelean los chicos?, recurriendo a la investigación etnográfica para responder desde dentro, recuperando precisamente la voz de los propios niños en el marco escolar.
En este tipo de investigación no hay encuestas ni muestreo, no hay espectacularidad, pero si hay mucha observación, entrevistas y diálogos que permiten conocer las lógicas que los sujetos le atribuyen a sus prácticas.
María Rosa Neufeld y Liliana Sinisi

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Capítulo 1.                
“Violencia escolar”: ¿sí o no?

Capítulo 2.                
De vuelta a la escuela  
Capítulo 3.                
“Son de terror”
Capítulo 4.                 
“Todos dicen que somos los peores”
Capítulo 5.                
¿Por qué se pelean?
Capítulo 6.                
Relaciones inestables
Capítulo 7.                
“Somos muy diferentes”
Capítulo 8.                
“Nosotras, …no damos trabajo”
Conclusiones            
“Un caso particular de lo posible”

María Laura Ruggiero

Profesora para la Enseñanza Primaria, licenciada y profesora en Ciencias Antropológicas con Orientación Sociocultural de la Facultad de Filosofía y Letras, (UBA).
Se desempeña como investigadora del programa de Antropología y Educación de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) e integra el Área de Investigación de la Escuela de Capacitación Docente/Centro de Pedagogías de Anticipación (CEPA-GCBA).
Trabajó como docente y directora en instituciones de nivel primario. Cursa la maestría en Antropología Social (UBA).

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“¿Jerónimo, estás sordo?”...
[Ninguna respuesta]

“¿Me estás escuchando?, no te entiendo,
ya te dije tres veces que te sentaras…”
[… ninguna reacción por parte del alumno
que está siendo interrogado por su maestra …]

(Registro 7/10/04)



Se trata de una escuela privada católica. Jerónimo es alumno de sexto grado, va al turno tarde y su curso es considerado “el difícil” de la escuela. Allí comencé mi trabajo de campo con un objetivo muy preciso: indagar las relaciones que los chicos construyen y establecen entre sí en el interior de la escuela, y analizar cuáles son las representaciones que los maestros tienen con respecto a estas relaciones.

Durante algunos años trabajé como docente en una escuela. Esta experiencia me llevó a conjeturar que la manera en que los chicos se relacionan, se perciben, se tratan, los conflictos que surgen entre ellos, las estrategias que implementan para enfrentarlos y resolverlos constituyen un terreno delimitado al que los docentes, por diferentes motivos, acceden sólo en forma parcial. De manera inmediata, surgen algunas preguntas a partir de esta primera inquietud: ¿es relevante que los docentes estén al tanto y comprendan los conflictos que protagonizan sus alumnos en la escuela? En caso de que la respuesta a esta pregunta sea afirmativa, ¿es posible tal comprensión?

Día a día, un docente se encuentra con un grupo de chicos y chicas con diferentes historias y motivaciones, con diferentes intereses y necesidades, que construyen y actualizan relaciones entre ellos y, estas relaciones, en muchas oportunidades, pueden resultar conflictivas. Estas historias mínimas y cotidianas, producto de esta interacción horizontal entre alumnos, atraviesan y determinan fuertemente sus motivaciones, intenciones, intereses, sus formas de percibir y proceder en el interior del espacio escolar. Por su parte, el docente debe atender a la inmediatez de lo cotidiano. Allí se enfrenta con situaciones muchas veces complejas que no por conocidas resultan fáciles de resolver y que, además, requieren respuestas inmediatas. Y para poder darlas, es necesario comprender a quién se tiene enfrente.


“A menudo encontramos una división entre una región posterior, en donde se prepara el desarrollo de una rutina, y una región frontal, en la que se presenta el desarrollo. El acceso a estas regiones está controlado a fin de evitar que la audiencia vea detrás del escenario y que los forasteros se adentren en un desarrollo que no está dirigido a ellos” (Berreman, 1962).


Si bien esta cita se refiere a la situación del etnógrafo cuando accede al campo, me interesa utilizarla para ilustrar las complejas relaciones cotidianas y de permanente negociación en las que están involucrados dos actores, los alumnos y los docentes. En esta ocasión, Berreman parece dirigir nuestra atención hacia el enorme desafío que implica conocer a la persona que tenemos enfrente, pero además, nos alerta de que este proceso, en caso de que interese llevarlo a cabo, lleva implícita la posibilidad del voluntario ocultamiento, y hasta del engaño, por parte de quien se desea conocer.

Éstas han sido las inquietudes que me han llevado a indagar las relaciones que se establecen dentro del aula con el objeto de responder las siguientes preguntas: ¿cuáles son los motivos que desencadenan los conflictos o peleas entre alumnos? ¿De qué manera los chicos y chicas resuelven o dirimen estos conflictos? Las prácticas de resolución de conflictos que implementan los chicos y chicas ¿coinciden con las normas propuestas por la institución? ¿De qué manera el docente interviene en la resolución de estos conflictos? Sus intervenciones: ¿clausuran, profundizan, actualizan o refuerzan el conflicto? ¿Qué opinan los alumnos sobre estas intervenciones?

Evidentemente, dentro de cada una de las escuelas, la particular forma que adopten las relaciones entre docentes y alumnos y entre compañeros de aula, señalan un contexto y la comprensión de la dimensión histórica y actual de ese contexto parece volverse imprescindible para poder continuar.

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