Psicoterapia psicoanalítica a través del arte

Psicoterapia psicoanalítica a través del arte

Teoría, técnica y práctica


$ 680,00


Este volumen analiza la influencia que el paradigma del romanticismo tuvo en la obra de Freud. Los estudios sobre la histeria y la publicación de la interpretación de los sueños, las imágenes del inconsciente, las pulsiones y metáforas, servirán de acceso y puente a los objetivos de los grandes movimientos del arte moderno.
Simultáneamente, despliega la psicoterapia psicoanalítica a través del arte y explicita la forma de trabajo psicoterapéutico a partir de una serie de casos con sus correspondientes producciones visuales, imágenes y gestos, que se ubican antes que la palabra en una región que promete nuevos descubrimientos.
La representación en imágenes, que también es una presentación, se vincula a una inscripción pulsional, a un gozo, a un descubrimiento en el mismo acto de realización y traduce una conquista y una revelación que tienen valor terapéutico en sí mismas.

Presentación
Capítulo I.
Cuando el psicoanálisis se relaciona con el arte
Capítulo II.
Expresionismo, dadaísmo y surrealismo: la circulación de las ideas psicoanalíticas
Capítulo III.
Teoría, técnica y práctica
Capítulo IV.
A la búsqueda del inconsciente a través de las imágenes

Daniel Malpartida

Psicoanalista, miembro de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis (SPP) y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API). Profesor y miembro honorario de la Escuela de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima. Docente y supervisor de la Sociedad Chilena de Psicoterapia y Psicoanálisis.
Ha difundido el etno-psicoanálisis complementarista ya desde la década del 80 ubicándolo dentro del paradigma de la complejidad. Durante los últimos
15 años se ha dedicado a la investigación de la relación entre arte y psicoanálisis. Sus trabajos han sido publicados en libros y revistas de circulación internacional. Ha enseñado y dictado conferencias sobre psicoanálisis clínico y cultural en varias universidades y asociaciones latinoamericanas de psicoanálisis.
Dirige el proyecto Estudio de Arte y Psicoanálisis desde el año 2000. Es un participante activo en los debates internacionales del psicoanálisis.

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Freud, desde su juventud, reconoció el paso adelante en el que se ubicaban los artistas, esas personalidades singulares a las que prefirió llamar siempre, hasta el final de sus días, poetas. El paradigma subjetivo del romanticismo elevó el Yo del artista por sobre la racionalidad del clasicismo y del neoclasicismo. Esta reacción tomó forma en el inicio del movimiento Sturm und Drang. Fueron ellos quienes hicieron circular la idea del inconsciente, del simbolismo, de la imaginación activa, la asociación de ideas, la búsqueda de los orígenes y de las tradiciones. Fueron ellos quienes iniciaron la literatura de lo siniestro y la descripción de estados emocionales hasta entonces desconocidos. Los pintores del romanticismo anticiparon el advenimiento de los grandes paradigmas del arte moderno, colocando imágenes al inconsciente al tratar los grandes temas que habitan en los abismos del ser. Freud generó otro Sturm und Drang con la creación del psicoanálisis. El romanticismo y el psicoanálisis colocarían las bases de lo que hoy comenzamos a llamar: psicoterapia psicoanalítica a través del arte. Un verdadero ejemplo de arte ciencia.
Actualmente, 100 años después del surgimiento del psicoanálisis y de los paradigmas del arte contemporáneo, estos se presentan más próximos que nunca. En rigor, nunca estuvieron separados. Los diversos movimiento de arte han utilizado las expresiones del inconsciente “aun antes que los psicoanalistas”, diría Freud en reiteradas ocasiones. De hecho, aseguraba que tanto el artista como el psicoanalista podrían llegar a los mismos resultados, sólo que al artista no se le hace necesaria la preparación teórica y técnica.
No pienso en una separación artificiosa entre psicoanálisis y arte. Tal separación ha servido, por lo general, como una defensa que impide pensar los hechos de otra manera. Esta otra manera de pensar los hechos es a partir de la epistemología relacional o de la transversalidad. El arte abarca o contiene todas las experiencias humanas insertas en la dinámica de nuestro inconsciente y sus expresiones correspondientes, que transitan siempre hacia el entorno, en un pasaje de ida y de vuelta.
Es cierto que el psicoanálisis ha sido sometido al rigor de la crítica externa y es por la misma crítica externa que ha afinado su metodología, que incluye siempre al analista, que observa la relación autoobservándose.
Actualmente, en este campo de dispersiones es necesario ubicar al psicoanalista que trabaja en lo que llamo una experiencia tri-única, conformada por el analizando, una obra creada y la presencia del analista en un sistema relacional basado en la creatividad de los dos y en la co-investigación de los alcances y sentidos que la obra conlleva para el proceso psicoterapéutico.
El tema de las imágenes, de la obra de arte y del acto de hacer ha recibido una insistente atención en las teorizaciones de las últimas décadas. Hoy hablamos de las expresiones del inconsciente y difícilmente afirmamos que tenemos acceso directamente a él. Hemos estudiado las fantasías de los orígenes y sus mitos correspondientes, pero no hemos estudiado los momentos de las fantasías y sus imágenes correspondientes. Se trata de una tarea y una deuda pendientes dentro de las teorizaciones psicoanalíticas de punta. Sabemos que Freud insistió en esto, a lo largo de toda su obra, al indicar que las imágenes yacen más próximas a lo que él, en un determinado punto de su desarrollo, denominó inconsciente.
La psicoterapia psicoanalítica a través del arte es, precisamente, una cuestión de imágenes, región tanto más difícil de abordar en la medida en que el psicoanálisis hizo un abandono de estas producciones, lo que es entendible justamente a partir de las teorizaciones y prácticas psicoanalíticas inauguradas por Freud. El aspecto que deseo destacar es que el logocentrismo fue la función primordial hasta que llegaron los estudios psicoanalíticos sobre meta comunicación, en los que las imágenes tienen un espacio sobre el que hay mucho que descubrir. No son suficientes las concepciones de representación de palabra y representación de cosa, sino que comenzamos a pensar -mejor a sentir antes que pensar- en términos de representación y presentación, donde lo nuevo de la matriz representacional es justamente la presentación. Bergson dirá, en sus escritos, que la palabra representación es una palabra equívoca. La presentación agrega un fenómeno nuevo; es lo que la creatividad aporta a la representación.
Las imágenes son el oro puro de la psicoterapia psicoanalítica a través del arte, lo mismo puede afirmarse de los objetos. Son las metaformas, las configuraciones del inconsciente puestas en visibilidad sobre un soporte o un objeto. Si hay un sujeto del inconsciente, con igual derecho podemos afirmar que hay un sujeto del arte relacionado con el inconsciente.
En la creatividad experimentamos la angustia que surge de lo informe.
Lo informe, que será trasladado a una superficie bidimensional o tridimensional. Nuestro psiquismo alberga la maravillosa y terrible cualidad de darle forma a nuestras configuraciones intrapsíquicas. Hacer visibles las producciones del inconsciente no puede ser sino inquietante. “Ese cuadro me inquieta”, solemos decir.
Así, las formaciones del inconsciente se desplazan a la superficie, al soporte. El inconsciente desplazado a la tela permite tomar conciencia, acceder a sus expresiones. Creo que es la única posibilidad de acceso. Y es necesario afirmar que sobre los objetos de arte cae la pulsión, el deseo, que toma forma en un cuerpo, por ejemplo en un artefacto.
¿Qué logra la expresión a través del arte?
¿Qué logra la pulsión a través de la expresión?
Lo que logra es darle al psiquismo la oportunidad de presentarse y re-presentarse.
El hombre, desde el punto de vista psicoanalítico, es considerado como un ser que se especializa en representaciones y creo que también en presentaciones.
La representación en imágenes, que es también una presentación (vincula a un trabajo, a una inscripción pulsional, a un gozo y a un descubrimiento en el momento de hacerlo), es una conquista y una revelación y tiene por consiguiente valor terapéutico en sí misma. Aunque no tiene todo el valor psicoterapéutico que los ingenuos anhelan.
Podemos decir, al igual que Lyotard, que nuestro inconsciente es figural antes que discursivo. Las obras realizadas en un proceso de psicoterapia a través del arte no se desvalorizan con el paso del tiempo. Las obras de arte realizadas son un patrimonio visual e histórico de la persona al que puede acceder con la finalidad de encontrar nuevos sentidos y nuevos significados. Es una distinción capital.
Sin duda, el valor terapéutico deviene del hecho de que en psicoterapia psicoanalítica a través del arte no interviene la tecnología, sino la psiquis y el cuerpo, el acto de hacer, la improvisación, la espontaneidad, la pulsión. La improvisación se relaciona con la gran creación de Freud: el dispositivo de la asociación libre, sólo que ahora en imágenes. Son objetos hechos a mano y, en consecuencia, la mayoría de las veces constituyen una actividad placentera que puede, en verdad, metacomunicar hacia la palabra, abriendo las vías para desgastar las resistencias en menos tiempo, como puede muy bien comprobarse de los procesos psicoterapéuticos a través del arte. La gran articuladora de la experiencia en imágenes y el acto de hacerlas visibles es la creatividad.
Nuestra psiquis no sólo responde a modelos lingüísticos. Nuestra psiquis es lo suficientemente profunda, modular y multidimensional para responder más allá de los tratamientos clásicos que producen, en consecuencia, las estrategias clásicas.
En lugar de categorías basadas en descripciones sólo psicopatológicas, debemos avanzar hacia una concepción más saludable del hombre basada ciertamente en sus aspectos creativos, que son irreductibles.
Debemos avanzar -y es lo que ha ocurrido con el psicoanálisis de los últimos años- hacia modelos de intervención basados en la co-creatividad; el co-trabajo, la co-interpretación, el co-descubrimiento. Empatía, intuición, presentación, figurabilidad, presencia real del psicoanalista. El trabajo, la representación y la presentación de la psiquis en imágenes son tareas urgentes, so riesgo de quedar una vez más, como en el pasado, a la saga de otras disciplinas.
La psicoterapia a través del arte nos enseña que las imágenes -ya sean de los sueños, los ensueños diurnos o las expresiones espontáneas- pueden expresar ideas, fantasmas, símbolos, conflictos que son difíciles de manifestar con palabras. La psicoterapia a través del arte llena el espacio donde no hay palabras.
Tendríamos otro psicoanálisis si Freud hubiese incluido metódicamente, dentro de su técnica y práctica psicoanalítica, el uso del arte. Fue Didier Anzieu quien ha hecho el siguiente llamado: “Necesitamos analistas de las imágenes más que de las palabras”.
Finalmente, debemos insistir en que las formaciones del inconsciente son no verbales y, en consecuencia, susceptibles de transformarse en imagen, en objeto, en obra. En tanto el psicoanálisis a través del arte espera su momento de ascensión, debemos hablar de psicoterapia psicoanalítica a través del arte.

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