Trama motivacional de la escuela, La

Trama motivacional de la escuela, La

Estrategias para motivar el aprendizaje y la enseñanza


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La tan mentada motivación, requerida y esperada, ensalzada e idealizada, convertida en mercancía y vapuleada, es una gran desconocida. Tal vez por eso, en épocas de motivaciones volubles, tibias o exhaustas, las preguntas más importantes se centran en su contracara, la desmotivación. En sus causas y efectos, en sus múltiples manifestaciones y en lo que evidencia: los malestares que atraviesan las instituciones.
Este texto considera la cuestión desde la escuela (como motivada y motivadora), el docente y los estudiantes. El carácter contextual del problema nos invita a pensar estrategias que consideren estos tres ejes de análisis e intervención, poniendo foco en la escuela secundaria, sin excluir otros niveles educativos.
Una escuela “motivada” tiene metas flexibles y renovadas de aprendizaje, una cultura escolar de hospitalidad, expectativas elevadas respecto a las capacidades de sus integrantes, una clara identidad, una marca o sello que la hace singular. Reconoce a sus miembros como actores y autores de la vida institucional y se moviliza colectivamente en pos de un proyecto compartido.

PRIMERA PARTE
La trama motivacional


Capítulo 1. La motivación y su compleja textura
Hebras, tramas e hilados de la motivación
Intrínseca/extrínseca: procesos de anidamiento, alojamiento y apropiación de la motivación
Necesidades, intereses, propósitos, objetivos, finalidades, intenciones
Motivación, futuro y “hambre” de proyecto
Expectativas, esperanzas y autoeficacia
Metas y motivaciones
El contexto y su potencia motivacional
Esfuerzo e insuficiencia de la motivación
Aprender y enseñar motivación en las escuelas

Capítulo 2. Desmotivaciones
El desencuentro con las “razones motivadoras”
Sociopolítica de la motivación: las falsas profundidades y la obsesión por la motivación
La “cultura del esfuerzo” y meritocracia
La (in)tolerancia a la frustración
Los desmotivados también tienen corazón
Holgazanes, haraganes, indiferentes y el “alumno que dormita en la última fila”
La motivación fugitiva y la atención que no se regala, ni se presta
La patologización y la inoculación de la desmotivación

SEGUNDA PARTE
Escuelas, docentes y estudiantes en la trama motivacional


Capítulo 3. Escuelas motivadas; escuelas motivadoras
Cada escuela es un mundo
Las instituciones educativas como ecosistemas motivacionales
Capacidades de las escuelas
Escuelas que enfrían las motivaciones
Vidas, aprendizajes y metas entrelazadas: un proyecto en común
La autoevaluación: una mirada honesta sobre la escuela
Cultura institucional; valores y prácticas
Gestionar, gestionar y gestionar
La gestión del compromiso
Turbulencias, autoridad y motivación
La trama de las motivaciones y desmotivaciones que teje la escuela

Capítulo 4. Docentes motivados; docentes motivadores
El docente, sus motivaciones y su capacidad para motivar
Efectos motivacionales de las prácticas docentes
El lazo emocional
La profesión y el trabajo colaborativo
Motivación e identidad profesional, satisfacciones e insatisfacciones
Desgaste de la motivación
Enseñanza desmotivada, enseñanza sin aprendizaje
Enseñanza que motiva
Resguardos necesarios

Capítulo 5. Estudiantes motivados; estudiantes motivadores
Adolescentes como estudiantes: adolescencias escolarizadas
Motivaciones parentales y demandas escolares
De estar “estacionado” a estar involucrado: indiferentes y resistentes
Aprender y vencer “la inercia de no aprender”
La iniciativa, la sed y la “espera benévola”
Trama motivacional del estudiante
El “fracaso” y la motivación
Acompañamiento de las trayectorias educativas
Motivar adolescentes es pensar en su bienestar
Lo que necesitan los estudiantes

TERCERA PARTE
Nutrir la trama motivacional de la escuela


Capítulo 6. Sobran los motivos
Motivo 1. La motivación atraviesa el encuentro educativo
Motivo 2. La motivación es un constructo complejo que implica, ante todo, tener proyectos (metas, expectativas) y esperanza (confianza)
Motivo 3. Desarrollar la trama motivacional es una tarea institucional y profesional
Motivo 4. La motivación del docente impacta en la motivación del estudiante
Motivo 5. Una “buena” escuela, que invita a participar de la aventura del conocimiento, lo es para los docentes tanto como para los estudiantes
Motivo 6. No es un conjunto de técnicas o tecnicismos, es una forma de orientar y hacer confluir “el sistema de necesidades” de los sujetos
Motivo 7. Es preciso considerar los afectos, las emociones y los vínculos desde una perspectiva emancipatoria
Motivo 8. Las resistencias e indiferencias son parte del proceso
Motivo 9. Estar atento, estar presente. El foco atencional y la motivación sostenida
Motivo 10. Desarrollar prácticas docentes que favorezcan la implicación
Motivo 11. Proteger a los estudiantes de la erosión de sus sueños y del “fracaso”
Motivo 12. La motivación no es un “lujo”
La aventura de ser enseñante

Capítulo 7. Caja de herramientas

Mónica Coronado

Psicopedagoga, Licenciada y Profesora en Ciencias Psicopedagógicas; tiene un Postítulo en Investigación Educativa con Orientación Socio-Antropológica (UNC); es especialista en Docencia Universitaria (UNCuyo), candidata a Magíster en Docencia Universitaria (UTN) y doctoranda (UNCuyo). Tiene estudios de posgrado en Orientación Familiar, Desarrollo Cognitivo, Mediación Escolar, Formación Basada en Competencias (CIF-OIT) y otros.
Actualmente es profesora titular en la Universidad Nacional de Cuyo, responsable de apoyo pedagógico en el Instituto Tecnológico Universitario (ITU) y pro-titular en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UCA). Ha publicado artículos en la revista Novedades Educativas sobre habilidades sociales, competencias docentes y relación familia-escuela. Su libro Competencias Sociales y Convivencia (2008, Noveduc) recibió el premio Mención al mejor libro de educación 2008 de la Fundación el Libro, en la 35ª Feria del Libro de Buenos Aires.

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María José Gómez Boulin

Licenciada y Profesora en Ciencias Psicopedagógicas (UCA), Especialista en Docencia Universitaria (UNCuyo) y candidata a Magíster en Docencia Universitaria (UTN). Tiene estudios de posgrado en Desarrollo Cognitivo, Mediación Escolar y Formación Basada en Competencias entre otros. Se desempeña como docente y orientadora vocacional en el nivel medio y universitario. Tiene a su cargo el Servicio de Apoyo Psicopedagógico en una facultad de la Universidad del Aconcagua. Ha sido coordinadora del Programa de Formación Técnico Profesional del Banco Interamericano de Desarrollo. Desarrolla actividades de clínica psicopedagógica especialmente con universitarios. Investigadora en temas vinculados al aprendizaje de estudiantes de nivel superior. Es capacitadora de docentes de niveles medio y superior.

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Los silenciosos hijos del desierto entendieron que el mundo es un tejido. Con instantes y suspiros se teje el tiempo. Con recuerdos se teje la memoria. Con pasos, los caminos. Con latidos, la sangre. Los tejedores saben que en un tapiz todas las hebras son indispensables. Saben también que en un tapiz la soledad no existe. El telar nos recuerda que solo entrelazados hallaremos sentido. Liliana Bodoc, Mendoza, vendimia del año 2015?(*1)


Hablar de motivación conjura una serie de ideas sobre el deseo, el interés, las ganas, la necesidad, la voluntad y la pasión, el goce y el esfuerzo, así como también acerca de su contracara: el desgano, la apatía y la indiferencia.
La búsqueda de las fuentes de la motivación ha sido objeto de múltiples especulaciones e investigaciones; lo mismo sucede con las acciones tendientes a capturar su efervescente fuerza, sobre todo en aquellos espacios donde suele estar en falta, como en el trabajo o en las escuelas. Centenares de libros, de estudios y conferencias que cubren un amplio espectro (que va desde la ciencia a la autoayuda) plantean alguna de sus múltiples facetas, sin agotar la complejidad de la pregunta que nos lleva a ella: por qué hacemos lo que hacemos, por qué y para qué queremos; qué nos moviliza.
Su ardiente presencia es invocada una y otra vez en una sociedad cada vez más laxa de cualquier intención a largo plazo, compromiso, entrega a una causa, una meta o propósito. Una voluntad líquida –parafraseando a Bauman– parece escurrirse por las canaletas de lo que requiere menor esfuerzo. Todos queremos beber y dar de beber de ese néctar, en épocas que combinan cierta extenuación y desgano de la voluntad con el imperativo de moverse, de hacerlo ya mismo, de brillar y descollar en algo.
Si bien este es un texto que aborda inicialmente la vasta cuestión de la motivación, se enfocará, progresivamente, en la motivación por el aprendizaje, y dentro de ella, por la académica, es decir, la que se produce, reclama y ofrece, la que se invoca en las instituciones educativas, particularmente en la escuela. Y, de esas escuelas, las más asoladas por esta suerte de desengaño sobre la motivación que debería llevarse en la mochila, que es la escuela secundaria.
Consideraremos, entonces, un tipo de motivación específica, ceñida por un entorno muy peculiar, con sus propias metas y condicionantes, desde un enfoque contextual, en tanto la cuestión de la motivación no puede reducirse a un rasgo, tendencia o impulso de un sujeto aislado. La motivación es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí de maneras muy diversas, subjetivos y contextuales.
La escuela secundaria suele ser la más afectada por esta supuesta “crisis motivacional”, pues parece difícil encontrar la forma de conmover, con los recursos pedagógicos con los que contamos, a los adolescentes de esta generación que se inclina por las pantallas, por lo instantáneo y episódico; mucho más con una propuesta educativa erosionada, en la depreciación de las certificaciones académicas y con una promesa de un futuro lleno de incertidumbres.
Cuando se plantea la crisis de la escuela, es raro que se deje al margen alguna alusión a la desmotivación de los estudiantes o la “falta de vocación/motivación/compromiso docente”. Se dice también que la escuela ha perdido su poder, que ha quedado varada en el tiempo y que no motiva a los estudiantes, como tampoco a los docentes; que es un lugar rígido, obsoleto o poco significativo para los chicos de hoy, así como también para el desarrollo profesional de quienes se ocupan de ellos como enseñantes.
En efecto, de manera reiterada se apela a la motivación para explicar dinámicas y resultados escolares y para construir posibilidades o imposibilidades de comprometer o involucrar al otro en los procesos que se llevan a cabo en la escuela, como si el ser aprendiz se circunscribiera a la misma y no hubiera, a lo largo y a lo ancho de la vida, otros escenarios de aprendizaje.
La motivación académica, tanto de estudiantes como de docentes, se produce en un entramado institucional. El carácter contracultural de la escuela la implica en un proceso de ruptura, con la revisión crítica de esa impronta motivacional, a menudo forzada, para contribuir a la mutación y enriquecimiento de los motivos para aprender.
Motivar –es decir, ofrecer motivos que movilicen a otros– es hoy una de las tareas más desafiantes que se presentan en las escuelas, que en algunos casos extremos terminan siendo lugares en los que muchos no quieren estar. O, si están allí, es por las motivaciones más primitivas, la exigencia o la necesidad.
Por esto, haremos un recorrido que nos llevará, forzosamente, a repensar el aprendizaje y el rol de la escuela, las prácticas institucionales y docentes, el ser (estar y hacer) aprendiz y estudiante, y así, sobre las políticas, circunstancias, situaciones o escenarios que estimulan o enfrían, intensifican o evaporan, transmutan o arrinconan la motivación.
Si bien nacemos, como refiere Bruner (1997), dotados de una terca voluntad de aprender –una disposición que compartimos con otras especies, y que en la primera infancia se traduce en una intensa curiosidad e interés en explorar el entorno– la cultura impone y formaliza determinadas modalidades, procedimientos y metas de aprendizaje que a menudo terminan, más que domesticando, socavando esa motivación inicial por el aprendizaje.
Lo curioso es que dicha motivación, en general, no desaparece, sino se aplaca, transforma, muta en otra: una que lleva al cumplimiento de lo exigido o a la evitación de problemas. No es que no haya motivación, es que la que hay no es precisamente la que lleva a sentir pasión por aprender. De hecho, hay muchos y diversos móviles en la motivación que en su trama se combinan y entrelazan.
Indudablemente, como plantea Meirieu (2006), no hay un genuino aprendizaje sin deseo. Y ese deseo, que no es espontáneo ni viene solo, hay que hacerlo nacer. Todo niño o adolescente que quiere aprender algo lo hace motivado, movido por su propio deseo, pues es quien elige las metas. La cuestión, entonces, es interrogarnos sobre qué sucede con ese deseo cuando somos otros los que las formulamos e imponemos, las organizamos en un programa y suponemos su deseabilidad.
Recrear ese deseo de aprender implica aceptar que la motivación de un niño o adolescente no surge espontáneamente en la escuela sin que se la provoque, aun con la ayuda de los padres que tienen el poder de “motivar”, con todos sus recursos, el cumplimiento de los compromisos escolares de sus hijos.
Es posible recorrer la trayectoria escolar sin implicarse y hacer “aprendizajes” superficiales, evanescentes y triviales, logrando la acreditación de saberes que no se tienen. La motivación por el aprendizaje implica una disposición a ampliar y complejizar lo que se sabe; es un requisito de cualquier aprendizaje genuino que, si bien no lo garantiza, crea las condiciones para que se produzca.
En efecto, lo que plantearemos a lo largo del texto es que el apetito de la motivación de un niño, niña o adolescente no suele estar precisamente orientado hacia las disciplinas escolares y debe generarse en el contexto de la escuela. Esto quiere decir que no carecen de motivaciones ni de “ganas” de aprender: simplemente, no van con ellos a la escuela; mucho más cuando en la misma no hay oportunidades de desarrollar su autonomía, intereses y capacidades. Asimismo, la desmotivación suele aparecer –tanto en estudiantes como docentes– como respuesta a una propuesta educativa endeble, que prescribe un programa que solo le interesa a la escuela.
Ante el desánimo o el desgano se supone a menudo que podemos aprender y trabajar en ausencia de esa fuente burbujeante, capaz de disciplinar nuestro deseo y amortiguar los padecimientos de estar o hacer lo que no nos interesa. Imperativos sobre la conformidad, voluntad, disciplina, obediencia, deber y esfuerzo aprisionan el discurso educativo en escenarios de motivación exangüe.
Este desencuentro entre los contenidos, formato o propuesta pedagógica y los deseos de aprender suele resolverse con exigencias o súplicas, en el desconocimiento de la multitud de factores que generan las condiciones para que florezca la motivación. Sobre esas condiciones para que la motivación emerja nos explayaremos en cada uno de los capítulos de la segunda y tercera parte: cómo contagiar o encender ese fuego (o, por lo menos, una llamita) o despertar esa sed, para que el enseñar y el “aprender” sean algo más que una batalla jalonada por pequeños éxitos y derrotas.
Este texto navegará ese deseo que fluye a veces por otros cauces o se embalsa, que entra en sequía o levanta oleajes en las instituciones escolares, atravesando a quienes las habitan: docentes, estudiantes, personal administrativo, familias y comunidad; intentará escudriñar las razones y motivos de ese querer o no querer estar ahí, aprender y enseñar.
Asimismo, nos llevará a repensar algunas cuestiones en torno a la escuela secundaria, en donde la desmotivación suele ser un disparador del desencanto mucho más urgente que la motivación misma. La queja está instalada; la “desmotivación de los estudiantes” es percibida como una provocación, un signo de la época, una irritante fuente de frustraciones; el resultado de un malogrado proyecto familiar; una ausencia en presencia que interpela y desafía, que desmotiva al enseñante y lo menoscaba. Rebatiremos el punto de vista que sostiene que las indiferencias o resistencias de los adolescentes a aprender o a participar de la vida escolar se reducen a un problema exclusivamente estudiantil.
Sabemos que muchas escuelas han logrado trabajar en ese anudamiento de intereses subjetivos y colectivos, metas y posibilidades, capturando algunos de los múltiples motivos que emplazan a los sujetos en la escuela, para reformularlos en un diálogo fecundo. Han encontrado algunas de las hebras de la motivación y han logrado encender el deseo de estar ahí y de aprender. Lo han hecho revisando prácticas y procesos que, paradójicamente, desescolarizan ese deseo, nutriendo la vida social y cultural institucional, reorganizando contenidos, focalizando en capacidades, alterando significativamente las estrategias de enseñanza y los procesos de aprendizaje. Los relatos, experiencias y aportes de cientos de docentes que participaron en talleres y seminarios fueron claves para la elaboración de esta obra.
Hay numerosas investigaciones y textos que la describen y diseccionan, que han producido conocimiento de interés para docentes y escuelas. Por esto, y para dar cuenta de muchos aportes relevantes y significativos, este trabajo abunda en citas y referencias –bastante eclécticas, por cierto– que hemos intentado integrar a una narrativa propia a este texto que ha sido elaborado a dos voces.
Analizaremos la motivación y su contracara, la desmotivación, en los dos capítulos de la primera parte, para poder pensarla como una trama, un tejido complejo y multicolor en cuya urdimbre hay una multitud de elementos, muchas veces en contradicción. Nuestra intención es proporcionar algunas ideas para su comprensión e intervención.
Dado que la perspectiva que se plantea en este texto es claramente contextualista, en la segunda parte se desplegarán tres capítulos, uno para la escuela, otra para los docentes y el final para los estudiantes. Analizaremos en ellos las interacciones que se dan en la motivación “institucional” del educador y de los aprendices, como así también las intervenciones que motivan y desmotivan.
El foco puesto en la temática no debe alterar la perspectiva. La motivación no es un factor único, central y hegemónico explicativo de los procesos escolares o del logro académico, como tampoco un rasgo personal, un hábito profesional o una técnica o herramienta que opera como acicate de la voluntad ni, mucho menos, una propiedad conjurada por la escuela para que los estudiantes sean dóciles a la enseñanza.
No obstante, entendemos que su análisis, exploración y despliegue –en un contexto y en múltiples factores– permite obtener conocimientos orientadores para la acción desde lo institucional y para la práctica docente. Por eso, la tercera parte de este texto ofrecerá algunos andamiajes para nutrir la motivación en las escuelas, que operan a modo de conclusión.
Finalmente, ofreceremos una modesta caja de herramientas dotada de algunos recursos para hacer intervenciones que exploren, propongan, organicen y urdan esa trama, además de moderar el impacto desesperanzador de un contexto social convulsionado, trabajando en red, reconociendo el carácter solidario de la motivación.
Como todo escrito, este tuvo sus motivos. El primero fue constatar que, luego de casi treinta años de caminar escuelas, el ejercicio de la docencia sigue desafiando y alborotando la cabeza y el corazón de estas dos educadoras. El segundo, algunas certezas que son el resultado de afrontar el desafío, a lo largo del tiempo, de resistir la queja sobre la “inexplicable” o “sobreexplicada” desmotivación de los estudiantes. El tercero, las múltiples huellas dejadas en nuestra trayectoria profesional por diversas instituciones, de huir de las que apagan o destrozan las motivaciones y tratar de anidar en otras en que brillan con luz propia y arden de tal modo que, quien se acerca, se enciende, como en el texto de los fueguitos de Eduardo Galeano (*2). El cuarto motivo se vincula con los numerosos momentos compartidos con colegas que, aun en las condiciones más hostiles, pueden y quieren seguir creyendo que lo que hacen vale la pena y que no están solos; que saben que siembran esperanzas y que en sus escuelas no hay ni un muchacho o muchacha que no pueda brillar con luz propia. Nuestra gratitud hacia ellos.



Notas
1. Liliana Bodoc escribió el guion para la Fiesta de la Vendimia (Postales de un oasis que late; 2015); la misma se celebra en la provincia de Mendoza y da cuenta de los esfuerzos de quienes aran y siembran la tierra. Le rendimos así, con este bello fragmento, un pequeño homenaje. Fuente: Informe especial Fiesta Nacional Vendimia 2015. Gobierno de Mendoza. https://fdocuments.co/document/informe-especial-de-fiesta-nacional-de-la-vendimia-2015.html
2. Nos referimos al conocido microrrelato de Eduardo Galeano (1989): Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta contó. Dijo que había contemplado, desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. - El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

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