Prácticas en Salud Mental infantojuvenil

Prácticas en Salud Mental infantojuvenil

Entre la hospitalidad y el hospitalismo


$ 240,00

En una época en que la complejidad de las problemáticas que llegan a los servicios de Salud Mental interroga a los profesionales en sus posibilidades de dar respuestas, este libro propone rescatar las dimensiones de apuesta e invención como fundamentos de la labor clínica.
De este modo, se busca abrir un debate en torno a ciertas prácticas con que se aborda el sufrimiento psicosocial de niños, niñas y adolescentes en la actualidad. Se interpelan cuestiones como las internaciones, los usos y abusos de “los diagnósticos”, los “casos sociales”, la utilización de la “contención física” y la (des)articulación intersectorial, entre otras. El objetivo es problematizar concepciones y prácticas iatrogénicas que muchas veces se encuentran naturalizadas y plantear alternativas posibles.

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“Uno de los principales méritos de los escritos que componen este libro es que enlazan prácticas cotidianas en servicios y recursos académicos de investigación, indagando con riesgo y valor. Considero que se trata de un libro de lectura y debate necesario para quienes trabajamos en el campo de la Salud Mental, y especialmente para quienes lo hacen con personas que no han llegado a la edad adulta”.
(Del prólogo de Alicia Stolkiner)

Parte 1. Gravedad en la clínica, dificultades en el abordaje

I. Casos sociales, ¿qué rol implican para los profesionales de la Salud Mental?

Abordajes desde los servicios de Salud Mental
Límites de lo (inter)disciplinar
El rol de los profesionales de la Salud Mental
Dar testimonio

II. Entre la función burocrática y la apuesta singular
Guido
Nadia
Dos posiciones posibles


Parte 2. El diagnóstico en Salud Mental

III. Entre la (des)calificación y el acto de conocer

De qué se habla cuando se habla de “diagnóstico”
El objeto de estudio/intervención/diagnóstico en Salud Mental
Diagnóstico y estigma

IV. Cómo ver más allá del cuadrado
Las leyes de la percepción
El diagnóstico categorial
El lenguaje científico
¿Qué clase de ciencia es la Psiquiatría?
Hacia nuevos modos de conceptualizar el padecimiento
Algunas preguntas


Parte 3. La internación de niños, niñas y adolescentes

V. Esos “locos bajitos”

El niño y el Otro
El juego precede al niño
Lo disruptivo
Entre la puesta de límites y la construcción de legalidades
Que sean niños los niños

VI. Episodios de excitación psicomotriz: ¿qué contención?
Entre el cuidado y el control social
El sábado de Gabriel
Pensar la contención

VII. La multiinstitucionalización como modalidad de abordaje
Organismos intervinientes en las institucionalizaciones
Algunos escenarios de la institucionalización
Internaciones psiquiátricas en hospitales de la CABA
Alojamientos en instituciones de albergue
La multiinstitucionalización como modo de respuesta
Hacia la conformación de un verdadero sistema

Epílogo. Cambiar el mundo
Realidad social, institucional y de los pacientes, ¿imposibles de modificar?
Salidas
El sentido de la formación
Cambiar el mundo

Alicia Stolkiner

Licenciada en Psicología, especializada en Salud Pública con orientación en Salud Mental. Es profesora titular de la Cátedra II de Salud Pública/Salud Mental de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires; profesora del Doctorado Internacional y de la Maestría en Salud Mental Comunitaria de la Universidad Nacional de Lanús, además de otros posgrados nacionales y extranjeros. Es investigadora categorizada I, directora de Proyectos de Investigación UBACyT, de la Universidad de Buenos Aires y de otras entidades del país y el exterior. También se desempeña como coordinadora del Equipo Interdisciplinario Auxiliar de la Justicia de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), de la Secretaría de Derechos Humanos. Fue coordinadora del Nodo Argentina de la Red de Investigación en Sistemas y Servicios de Salud del Cono Sur, y presidente de la International Association of Health Policies. Es miembro de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES) desde 1986.

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Alejandro Michalewicz

Licenciado en Psicología (Universidad de Buenos Aires). Realizó su residencia en Salud Mental infantojuvenil en la Ciudad de Buenos Aires. Es docente e investigador de la Cátedra II de Salud Pública/Salud Mental de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires). Participa como investigador del estudio “Evaluación de los servicios en Salud Mental en la niñez y sus modalidades de cuidado en las provincias de Buenos Aires, Chubut y Jujuy: su adecuación a la Ley Nacional de Salud Mental”, financiado por Salud Investiga y con coordinación en la Universidad Nacional de Lanús. Se desempeña como psicólogo en un centro de Atención Primaria de la Salud del municipio de San Martín. Realiza atención psicológica con orientación psicoanalítica de niños, adolescentes y adultos en su consultorio privado.

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El propósito de este libro es plantear un debate en relación a ciertas prácticas profesionales a partir de las cuales suele abordarse el sufrimiento psicosocial de niños, niñas y adolescentes en la actualidad. Dichas prácticas forman parte de un campo de la Salud Mental que se caracteriza por su heterogeneidad y por estar atravesado por profundas contradicciones.
Siguiendo los lineamientos de la medicina social/salud colectiva latinoamericanas, consideramos al proceso salud-enfermedad-atención/cuidado como un objeto complejo. Así pues, las formas de intervención sobre las enfermedades y los padecimientos que produce una sociedad determinada constituyen un componente que no puede ni debe excluirse del análisis sobre los modos en que las personas viven, se enferman y mueren.
Emiliano Galende (2015) sostiene, refiriéndose al ámbito de la atención en Salud Mental, que tanto los servicios como las prácticas que realizan los profesionales forman parte determinante de la evolución de las problemáticas de los sujetos. Es por ello que proponemos hacer foco en cuestiones como las internaciones, la sujeción mecánica “terapéutica”, los usos y abusos de “los diagnósticos”, las derivaciones “a la deriva” y la (des)articulación intersectorial, entre otras, con el objetivo de repensar concepciones y prácticas profundamente iatrogénicas que muchas veces se encuentran naturalizadas por algunos actores del campo como la única alternativa posible.
Los textos que componen el libro se encuentran organizados en tres partes y un epílogo.
La primera parte se titula “Gravedad en la clínica, dificultades en el abordaje”. Se trata de dos términos yuxtapuestos que, tanto juntos como separados, se escuchan cada vez con mayor frecuencia en el discurso de los profesionales del campo de la Salud Mental. Resulta preciso, entonces, interrogar dichos términos, tanto en sí mismos como en las relaciones que puedan existir entre ambos.
Surgen así preguntas como, por ejemplo, qué procesos son los que se significan en las instituciones como “agravamiento de la clínica” y qué tipo de dificultades encuentran los profesionales en el abordaje de las problemáticas que se constituyen como demandas de atención en Salud
Mental en la actualidad.
Las dificultades en el abordaje, ¿dan cuenta por sí mismas de un agravamiento en la clínica o quizás hablan también de la inadecuación de las herramientas utilizadas? Y, finalmente, ¿cuáles son los procesos históricos, sociales y políticos que no pueden ignorarse al analizar estas cuestiones, si se pretende evitar que nuestras disciplinas se transformen en discursos cerrados sobre sí mismos?
Los dos capítulos que componen esta parte intentan abordar estas cuestiones, haciendo hincapié en las distintas posiciones que pueden adoptar los profesionales ante el encuentro con el mencionado núcleo problemático.
La segunda parte, “El diagnóstico en Salud Mental”, consta de dos capítulos que tienen un objetivo en común: proponer la elucidación –según Cornelius Castoriadis, “el trabajo por el cual los hombres intentan pensar lo que hacen y saber lo que piensan” (Fernández, 2002: 17)– de una práctica central en el abordaje profesional del sufrimiento humano. Si bien la práctica diagnóstica se extiende por la mayoría de las disciplinas de la salud, en el caso de la Salud Mental adquiere características particulares que deben ser estudiadas en profundidad.
Ante el avance que está tomando en los últimos años el proceso de medicalización de la vida, cabe estar advertidos de que el diagnóstico en Salud Mental puede constituirse en un arma de doble filo. Por un lado, un buen diagnóstico resulta esencial a la hora de orientar las intervenciones; pero, por el otro, cuando se producen abusos o malos usos, se corren graves riesgos, como ser la estigmatización de los sujetos y la individualización de problemáticas cuya génesis no debería pensarse por fuera de los procesos históricos, sociales y familiares en que éstas se inscriben.
En el tercer apartado, “La internación de niños, niñas y adolescentes”, se abordan distintas cuestiones relativas a esta modalidad de atención en Salud Mental. Siendo este dispositivo el eje de los cuestionamientos que se realizan al modelo psiquiátrico clásico, se intenta abrir la discusión sobre algunas particularidades que adquiere dicha práctica en el caso de los niños, niñas y adolescentes.
La Ley Nacional de Salud Mental (Ley Nº 26.657, de 2010) caracteriza a la internación como un recurso de carácter restrictivo, que solo podrá ponerse en práctica cuando aporte mayores beneficios terapéuticos que el resto de las intervenciones realizables en el entorno familiar, comunitario o social. Para el caso particular de las internaciones de niños, niñas y adolescentes, al determinar la Ley 26.657 que se debe proceder con ellas de acuerdo a lo establecido para las internaciones involuntarias, quedan definidas como un recurso terapéutico excepcional, que sólo podrá llevarse a cabo en caso de que no sean posibles los abordajes ambulatorios y cuando, a criterio del equipo de salud, mediare situación de riesgo cierto e inminente para sí o para terceros. No obstante, la internación continúa teniendo un lugar central entre las respuestas que proporciona el Estado a los niños, niñas y adolescentes que se encuentran sufriendo, ya sea debido a “patologías mentales”, o bien a causa de situaciones de vulneración socioeconómica.
Por último, en el epílogo se hace particular hincapié en las implicancias que las distintas modalidades de abordaje profesional del sufrimiento tienen en las subjetividades, no sólo en las de quienes consultan sino también en las de los propios profesionales. Se plantea que existe un fuerte riesgo, en la coyuntura actual, de que los servicios de Salud Mental puedan terminar constituyéndose en aparatos de captura. Este concepto, desarrollado por Gilles Deleuze y Félix Guattari, permite ubicar instituciones o relaciones sociales en las que la máquina deseante y el devenir se han estancado, y todo intento de producir algo nuevo resulta impedido (Ferioli, 2015). Se torna imprescindible, entonces, crear condiciones de trabajo que nos posibiliten desempeñar con deseo, creatividad y alegría la práctica clínica.
Más allá de los cuestionamientos que se encuentran en estos textos hacia diversos aspectos de los servicios de Salud Mental, es preciso mencionar que la numerosa existencia de dispositivos de escucha (muchos de ellos atravesados por el psicoanálisis) constituye un capital invaluable, y a veces no valorado, del Sistema de Salud de la Ciudad de Buenos Aires y de muchas jurisdicciones de la Argentina. Lejos de dar por obvio que esto seguirá siendo así por los años de los años, se trata de algo a defender. Consideramos que dicha defensa sólo será posible si existe un trabajo activo por hacer de este campo profesional un espacio que continúe convocando y relanzando el deseo de quienes lo conformamos.

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