Janusz Korczak

Janusz Korczak

Maestro de la humanidad


$ 750,00


Janusz Korczak, seudónimo de Henryk Goldszmit, fue médico, escritor y educador. Nació en Varsovia en 1878 y desde muy joven se interesó por la niñez desamparada. Fue director del Asilo de Huérfanos Judíos de su ciudad natal y también del hogar "Nuestra Casa" que recibía a huérfanos católicos.
Después de haberse ordenado el traslado del asilo judío a la zona del gueto, mantuvo la responsabilidad de su funcionamiento. Finalmente los nazis dispusieron el envío de todos los niños al campo de exterminio de Treblinka y Korczak permaneció junto a ellos pese a no estar obligado a viajar: "soy el preceptor y debo acompañarlos".
El libro intenta una aproximación a su vida y obra. Trata la organización interna de los asilos exaltando las normas de convivencia que posibilitaban la vida cotidiana. Testimonios de ex internados y de ex docentes hacen posible recomponer el clima de amor que vivieron más allá de las tremendas condiciones impuestas por el nazismo.
En la obra se transcriben textos de Korczak que muestran la firmeza de sus convicciones, la belleza de su estilo y el respeto absoluto que sintió por los niños. El 5 de agosto de 1942 fue asesinado en Treblinka junto a los docentes y los 200 niños del Asilo de Huérfanos Judíos de Varsovia.

Capítulo I
El rostro del horror
Capítulo II
Apuntes para una biografía
Capítulo III
De la invasión a la cámara de gas
Capítulo IV
Los asilos de Korczak
Capítulo V
Escriben los niños y el maestro
Capítulo VI
Presencia de Janusz Korczak

Rubén Naranjo

(1929 - 2005) Profesor de Bellas Artes egresado de la Universidad Nacional del Litoral, se desempeñó como docente en la Facultad de Arquitectura durante más de 15 años, hasta su cesantía en 1976 decidida por el gobierno militar. Es reincorporado por las autoridades democráticas que asumen en 1983, y además es designado Director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Rosario.
Integró el Primer Consejo Superior de la Universidad Nacional de Rosario y posteriormente, el Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades y Artes. Fue Regente de la Escuela Provincial de Artes Visuales de Rosario y Profesor de las escuelas de Arte Visuales de Santa Fe y Paraná.
Director de la Escuela de Artes Visuales de la Biblioteca Popular Constancio Vigil. Rector del Instituto Secundario de la Vigil. Director de la Editorial Biblioteca Vigil.
Dirigió para la editorial “Ediciones de aquí a la vuelta” una colección de 24 fascículos referidos al pasado y al presente de la vida política, social y cultural de Rosario.
Director de Ediciones de Amsafe. Con su propio sello editorial, “Paralelo 32” publicó la revista de educación y cultura “El tintero verde”.
En noviembre de 1994 fue invitado al Coloquio Internacional titulado “Con Korczak: en la encrucijada de los valores educativos” desarrollado en la ciudad suiza de Sion. Tuvo a su cargo en ese coloquio el taller “Korczak, precursor y padre de los derechos del niño”.
En 1995 dirigió un seminario sobre los derechos humanos de la Universidad de Laguna, en Tenerife.
Al año siguiente fue invitado a participar de los cursos de verano de la Universidad de Marsella, organizados por el grupo francés de Escuela Nueva.
Ha sido jurado en concursos para profesores, e invitado en numerosos cursos, seminarios, talleres sobre arte, educación, derechos humanos, en instituciones públicas y privadas en diferentes ciudades del país, Francia, España, Suiza y Cuba.
Durante 15 años fue miembro del Consejo de Presidencia de la Asamblea permanente por los Derechos Humanos integrando actualmente el Centro de Estudios Agustín Tosco y el Foro Memoria y Sociedad dedicado a la investigación de las violaciones a los derechos humanos, especialmente los denominados casos de “gatillo fácil”.
Miembro de la Comisión Investigadora de los crímenes ocurridos en Rosario durante la crisis social del 19 y 20 de diciembre de 2001.

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Carta para el doctor Janusz Korczak
sobre un tal Rubén Naranjo

Marzo de 1999
Querido doctor Korczak



Muchas veces hablo de usted, a toda clase de gente, y muchas veces me hablan de usted, en todo tipo de lugares. Pero es la primera vez que le dirijo directamente la palabra (y espero que me perdone por perturbar de esta manera su celeste tranquilidad), porque necesito confiarle, pura y exclusivamente a usted, algo que me perturba y que me parece de la mayor importancia. También espero, por supuesto, que estas líneas le llegarán allí en donde se encuentre (los rusos le pusieron su nombre a una estrella algunos años atrás, pero nadie supo decirme si ya vive ahí, o si se está preparando para instalarse).
Si le escribo esto, querido doctor Korczak, es porque estando donde está y siendo quien es, seguramente podrá ayudarme a perfeccionar una curiosa intuición que tengo (incluso más que una intuición:
una fuerte impresión, casi diría una certeza) sobre un tal Rubén Naranjo, que vive en Rosario, en la pampa húmeda argentina, entre el Paraná y las sierras de Córdoba.
Este señor, que dice ser más viejo de lo que usted era en los tristes tiempos del gueto de Varsovia -o sea lleno de canas y arrugas-, este señor, usted verá, no me parece para nada corresponder a eso que por lo general llamamos un «adulto»: a pesar de su edad, a pesar de sus canas y de sus arrugas, ¡¡todo en él me hace pensar en un niño!!
Por ejemplo, cuando lo conocí en 1994, en Sion, Suiza, en donde se realizó un coloquio internacional dedicado a su figura, Rubén estaba maravillado de estar allí, a la vera del Ródano y a los pies de los Alpes suizos, ¡como si hubiera sido la primera vez que salía de su casa! Maravillado, insaciable en su observación, lo que, y en esto creo que coincidimos, es después de todo bastante sospechoso en un adulto de esa edad.
Después, dio una conferencia sobre la Argentina y nos explicó, con una convicción no muy frecuente entre los adultos, lo difícil que era la situación de los chicos en su país. Nos dijo, entre otras cosas, que desde que la pobreza se había ido, había llegado la miseria; que la descripción hecha por usted a principios de siglo de los chicos que vivían «con el cielo como techo» en Varsovia era similar a la que se puede hacer hoy en una ciudad como Rosario. Que los chicos que usted amó, siguen viviendo en la calle. Que en este fin de milenio, la imagen del niño maltratado y humillado seguía existiendo a pesar de la proliferación de normas legales que intentan repartir responsabilidades sociales. Que al niño -»primera víctima de políticas para nada humanas»- no se le puede responder: «mañana»; y que -y lo cita a usted-, «cada instante debe aprovecharse, es una pena perder inclusive una fracción de segundo». ¿Y sabe con qué palabras concluyó su charla? ¡Con las que usted escribió en Cuando vuelva a ser niño: «La humanidad soy yo, un chiquilín que busca con ardor»!
Cuando decía esas cosas, créame, su voz vibraba de emoción (se oía un sonido parecido al de una avalancha, o al de un trueno que se escucha a lo lejos) y sus ojos brillaban iluminados por una indignación que, por lo general, sólo veo en la mirada de algún niño al que se ha herido con una palabra injusta.
Poco tiempo después me enteré de que Rubén Naranjo había sido perseguido por la dictadura militar y que, a pesar de sus sufrimientos, de su forzoso desempleo y de su desesperanza ante aquella realidad social y económica profundamente desigual y para nada democrática, él había encontrado fuerzas en su soledad para defender los derechos humanos (fue copresidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), para ayudar a los chicos de la calle, para escuchar a los tobas y también a los anarquistas. Y escribir, escribir y escribir más y cada día más para que se escuche su voz, y la voz de usted, y la de todos los chicos, para que un día alguien, en alguna parte, pueda escucharlas. Y me dije que en un mundo como el nuestro, en este nuevo «orden mundial» que tan poco lugar deja a los gritos del corazón, era simplemente imposible que un adulto sea capaz de tanto compromiso, de tanto entusiasmo, de tanta generosidad lindante del sueño...
Rubén ha llegado, figúrese, hasta el punto de escribir y de publicar este libro que habla de usted (y que adjunto a esta carta para su información), ¡¡a pesar de no contar en un principio ni con la plata, ni con los lectores que lo pudieran apoyar en este emprendimiento utópico!! ¿Le parece posible, querido doctor Korczak, que un adulto normalmente constituido actúe de esta manera y que, además, tenga éxito?
Y todavía más: algunos meses atrás, Rubén Naranjo contó su vida, Dr. Korczak, en un acto organizado por el Centro de Estudios Sociales «Rafael Barrett» y la Biblioteca «Alberto Ghirardo». Los participantes, muy emocionados, repitieron la historia a los concejales de la ciudad y finalmente la Municipalidad de Rosario dio su nombre a una calle, ¡en un barrio pobre que hubiera podido ser el de sus «huérfanos»!! ¡Eso es magia, doctor!! Porque puedo admitir, es cierto, que existan «calles Janusz Korczak» en Polonia y en Israel, lugares en donde usted todavía tiene familia y amigos. ¿Pero en Rosario? ¿En ese rincón del fin del mundo que está a distancias siderales de Europa central, donde se encuentran las raíces de su trabajo? ¿Y entonces por qué no en San Miguel de Tucumán, en Bahía Blanca o en Río Gallegos? ¡¡Aun en Ginebra, si yo me dispusiera a intentar lo mismo, ¡¡recibiría un «no» rotundo, mientras me explican que sólo merecen figurar en los carteles que nombran las calles nuestras personalidades locales, o nombres de lugares prestigiosos (como el Monte Blanco) de nuestra geografía regional!! Otra vez, querido doctor Korczak, ¿no cree que sólo un niño es capaz de hacer una travesura de esa envergadura?
Recapitulemos: El tal Rubén Naranjo se caracteriza por:
l una gran capacidad de asombro,
l una fuerte necesidad de justicia y de igualdad,
l un sentido natural de la democracia,
l una facultad aguda de indignación, pero también de entusiasmo,
l mucha creatividad, la que, asociada a cierta ingenuidad, le permite cumplir misiones imposibles,
l un permanente sentimiento de urgencia (¡no hay que perder ni un segundo!),
l una generosidad ilimitada que lo invade de pies a cabeza.

Todas estas características son las de un niño, y no las del adulto que él dice ser. Mi conclusión es la siguiente: según todas las probabilidades, ¡¡Rubén Naranjo es un niño que se disfrazó de adulto, un falso adulto cuya esencia es la de un niño!!
¿Pero quién es este niño en realidad? Yo ya me hice mi idea al respecto, querido doctor Korczak. Y si quiere ser sincero conmigo, tal vez podría decirme qué le parece.
Cuando usted escribió, muchos años atrás, el Rey Mateíto, y después El rey Mateíto en una isla desierta, la historia de ese muchachito que quería construir a su alrededor un mundo justo en el cual se respetaran los derechos de los niños, hizo lo que Conan Doyle había hecho con Sherlock Holmes: mató a su héroe. Usted escribió que Mateíto se había caído dentro de una máquina (como Sherlock Holmes había caído en las cataratas del Rin), que luego fue enterrado en la cima de la montaña más alta de la isla Desierta, y que los canarios siempre cantaban sobre su tumba.
¡Bueno, yo no creo nada de eso! Yo no creo que ni Mateíto ni Sherlock Holmes estén muertos (Conan Doyle confesó su trampita). No está muerto simplemente porque no se puede morir, como no mueren sus ideas, sus sueños y sus luchas, que son también las nuestras.
Sólo usted, querido doctor Korczak, conoce la verdad. Yo únicamente puedo imaginármela. Y lo que me imagino es que Mateíto, herido por la máquina, curó sus heridas en la isla Desierta, con la ayuda de sus amigos Alo y Ala. Después creo que se construyó un velero, y que con ese velero partió rumbo al horizonte, a la búsqueda de un lugar en donde reconstruir su reino. Un lugar en donde nadie lo conocería -ya que necesitaría estar de incógnito para preservarse de los imprudentes y de las mundanidades-, lleno de niños que lo precisaran para ayudarlos a ser respetados. Después de atravesar el Atlántico, Mateíto incursionó, empujado por los vientos, en el Río de la Plata. Un bello día llegó a Rosario y entendió que allí lo necesitaban. Entonces se estableció y comenzó con lo que tenía que hacer. Con un seudónimo, por supuesto: el de Rubén Naranjo.
Así es como veo las cosas, querido doctor Korczak. Usted sabrá decirme si me equivoco o si estoy en lo cierto cuando afirmo que Mateíto sigue vivo y que ahora se llama Rubén Naranjo. Espero su respuesta a la brevedad (¡no hay que perder ni un segundo!).

Le mando mis más cordiales saludos,

Daniel Halpérin
Presidente de la Asociación Suiza
«Amigos del doctor J. Korczak»

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