Psicoterapia, subjetividad y postmodernidad

Psicoterapia, subjetividad y postmodernidad

Una aproximación desde Vigotsky hacia una perspectiva histórico-cultural


$ 555,00


El enfoque histórico-cultural no se ha asociado, de forma general, con la psicoterapia ni con la psicología clínica. En este libro, el autor navega los laberintos de la epistemología y de la teoría psicológica y franquea el horizonte de la práctica clínica para mostrar una manera innovadora de ayudar al paciente a construir nuevos sentidos subjetivos.
Luego de una trayectoria académica fundada en la obra de Vigotsky, desarrolla cuatro líneas directrices estrechamente relacionadas entre sí. En la primera aborda las teorías que tuvieron un mayor impacto en el período moderno. La segunda está asociada a los principios sobre los que apoya su definición histórico-cultural. En la tercera fundamenta la psicoterapia desde esta perspectiva y la defiende, no sólo teóricamente, sino a través de ejemplos concretos tomados del ejercicio terapéutico. Finalmente, discute el significado de la modernidad en este campo y las diferentes formas que toman las tendencias que se definen como postmodernas en esta área.

Prólogo
Introducción
Capítulo 1
La psicoterapia en su evolución: significación creciente de la cultura y de lo social en el campo terapéutico
Capítulo 2
El enfoque histórico-cultural: su impacto en la psicoterapia
Capítulo 3
Aportes y consecuencias de una representación hostórico-cultural sobre la subjetividad en la práctica terapéutica
Capítulo 4
Las corrientes postmodernas en la psicoterapia: tendencias y perspectivas

Fernando Luis González Rey

Graduado en Psicología (Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana). Ph. D. en Psicología (Instituto de Psicología General y Pedagógica de Moscú). Doctor en Ciencias (máxima titulación científica de la antigua Unión Soviética en nivel de posdoctorado, Instituto de Psicología de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, Moscú). Actualmente es profesor titular del Centro Universitario de Brasilia. Es profesor visitante institucional del doctorado de Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid y de la posgraduación en psicología de la Universidad de San Carlos en Guatemala. Ha escrito quince libros, cinco de ellos se han publicado en portugués y en español. Le fue concedido el Premio Interamericano de Psicología en 1991 y ha sido conferencista invitado en múltiples congresos científicos internacionales.

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El presente libro discute la psicoterapia desde una perspectiva que hasta tiempos muy recientes no se ha asociado con el tema, ni con la psicología clínica de forma general. Me refiero al enfoque histórico–cultural, término en sí mismo polémico, pues, aunque aparece habitualmente asociado a la teoría histórico-cultural de Vigotsky, de hecho, no fue precisamente el momento de su obra al que históricamente se ha asociado esa definición el que trajo los mayores aportes de ese autor para una comprensión histórico-cultural de la mente. Unido a eso, lo histórico-cultural representó un principio que caracterizó el desarrollo de la psicología soviética, importante movimiento que, por su novedad teórica y epistemológica, debe ser mejor conocido en la psicología occidental actual para una lectura más rigurosa del propio Vigotsky, que ha sido su representante más conocido en Occidente.
El libro tiene cuatro líneas directrices que se relacionan estrechamente entre sí.
En la primera se hace un balance de las teorías que, en la opinión del autor, tuvieron un mayor impacto en el período moderno, dentro del cual muchas de las teorías más significativas de la psicología crecieron alrededor de la psicoterapia, que apareció como su momento empírico más importante, como fue el caso del psicoanálisis. Luego, se muestra cómo las diferentes teorías tienen un desarrollo en el que lo social y la cultura van ganado significación. Las teorías se presentan como espacios de inteligibilidad en desarrollo y se critica su institucionalización dogmática que tanto daño ha hecho a la psicología.
La segunda línea directriz está asociada a la presentación de la psicología soviética y de los principios sobre los que apoyó su definición histórico-cultural. En esta dirección se presentan las diferentes tendencias y contradicciones que caracterizaron aquella psicología y sus limitaciones para el desarrollo de los temas de la subjetividad y de la clínica. El autor, a partir de esa presentación, introduce su posición para el desarrollo del tema de la subjetividad desde esta perspectiva, que servirá para fundamentar la propuesta sobre la psicoterapia presentada desde una posición histórico-cultural.
La tercera dirección que el libro presenta es la fundamentación de la psicoterapia en esta perspectiva que, por su novedad, se defiende no sólo teóricamente, sino a través de ejemplos concretos tomados del ejercicio terapéutico. Temas como el lugar del terapeuta, la significación de la teoría en el proceso de la psicoterapia, los desafíos del proceso terapéutico, así como la comprensión del cambio en la psicoterapia, se discuten, defendiéndose el valor heurístico del marco teórico propuesto con relación a esos temas. Unido a eso se enfatizan los aspectos sociales, institucionales y del modo de vida, tanto en la génesis de los trastornos psíquicos como en opciones necesarias del proceso terapéutico.
Finalmente se discute el significado de la modernidad en este campo y las diferentes formas que toman las tendencias que se definen como postmodernas en esta área. Se defiende la afinidad de una definición histórico-cultural de la subjetividad con los principios sostenidos por las teorías de la complejidad, las que, en opinión del autor, representan una orientación postmoderna diferente de la postulada por el post estructuralismo francés, con frecuencia identificado con lo “postmoderno” en filosofía.
Se presentan y discuten aquellas teorías que en psicoterapia han asumido su plena identificación como postmodernas, como el construccionismo social y algunas de las formas de constructivismo, y se termina con un balance de los desafíos, contradicciones y perspectivas de esas tendencias en la psicoterapia.
El libro presenta a la psicoterapia como un campo atravesado por las principales tendencias y contradicciones del desarrollo de la psicología y, sobre todo, como un campo en desarrollo, enfrentado constantemente con nuevas contradicciones y necesidades frente a las que no se pueden evitar nuevas construcciones teóricas. La psicoterapia ha sido una fuente teórica y epistemológica fundamental para el desarrollo de la psicología que demanda, frente a sus desafíos actuales, discusiones que la integren a los problemas generales que se debaten hoy en las ciencias antroposociales de forma general.
De forma creciente, la subjetividad ha caracterizado las tramas esenciales que en estos tiempos dominan formas artísticas como el cine y la literatura. Basta mencionar autores como Sandor Maray, Philip Roth, Milan Kundera, Woody Allen y Walter Salles, como algunos de los maestros que, en ambos géneros, han introducido, con su irreverencia y el cuestionamiento de las diferentes racionalidades establecidas, el tema de la subjetividad en la literatura y el cine. El carácter no racional de muchos de los procesos de la vida humana ha existido desde los tiempos más remotos de la humanidad, siendo muchos rituales, mitos, representaciones y luchas un testimonio fiel de eso. Sin embargo, el dominio del racionalismo en el período moderno pasó por alto la especificidad y complejidad de lo subjetivo, con la presentación de un orden instrumental y racional que dominó el espíritu científico y el sentido común y, con ellos, la organización de las más diversas instituciones humanas.
Mi carácter irreverente hacía lo establecido como verdad absoluta frente a los tintes siempre cambiantes de la vida quizás ha influido en mi vocación por el tema. Dejo al lector su capacidad de juzgar si la subversión ha caracterizado este trabajo, siendo su polémica airada conmigo, como autor, quizás el mejor indicador de haber conseguido lo que buscaba.
El mundo de la producción teórica es una gran entelequia, que crece de manera irregular. Afortunadamente, cada tanto surgen pensadores que revisan críticamente las nociones generadas por su comunidad científica. Generalmente movilizados por un entendimiento profundo del objeto de estudio frente al cual se hallan en la cotidianidad, nos invitan a dilucidar controversias que retrasan el progreso de la disciplina. La obra que el lector tiene en sus manos es un producto de tal inquietud intelectual. Su lectura es imprescindible para quien desee profundizar en el marco de la perspectiva histórico-cultural en psicología, así como también para todo clínico que vea su trabajo limitado por la gnoseología disponible y por aquel interesado en los temas de la psicología teórica que desee nutrirse del pensamiento de una mente innovadora. Incluso se beneficiarán los lectores más interesados en el arte de la terapia, ya que en este libro, González Rey no sólo navega los laberintos de la epistemología y de la teoría psicológica, sino que también se atreve a franquear el horizonte de la práctica clínica y nos muestra, con la descripción de un caso, su peculiar manera de ayudar al paciente a construir nuevos sentidos subjetivos.
Como profesional abocado prioritariamente a la clínica psicológica, en la que la subjetividad es la materia prima de trabajo, comparto con el autor la disconformidad que ha significado estar a la sombra de las producciones conceptuales de otras ciencias, que operan con otros elementos, para intentar acceder a la comprensión de la mente humana. Tal como se manifiesta en este libro, una de las tareas más complejas que la psicología tiene por delante es la revisión de su sistema de categorías. Sin embargo, se requiere una madurez intelectual propia de autores de la talla de González Rey para manifestar sus desacuerdos con respecto a las categorías actuales de su campo, sin caer en la tentación de proponer una nueva formulación con pretensiones definitivas.
Luego de una trayectoria académica fundada en la obra de Vigotsky, el autor descubre puntos de encuentro entre la perspectiva histórico-cultural y las ciencias posmodernas que se definen como complejas, no lineales y no deterministas. Nos introduce a una serie de alternativas metodológicas que permitirían abordar el estudio de los sistemas subjetivos e insiste, acertadamente, sobre la necesidad de replantear cuestiones obsoletas en la manera de concebir al sujeto.
González Rey elige el camino menos transitado cuando propone repensar la naturaleza de lo subjetivo, asignándole constructos que le den consistencia y reconozcan su cualidad “sui generis”. La subjetividad, arguye, no se define por ninguno de sus atributos concretos (lo interno, lo privado, lo consciente, lo inconsciente), que constituyen sólo espacios de su desarrollo, sino por su especificidad ontológica: la subjetividad es una producción simbólico-emocional. Con el fin de aportar a la comprensión de esta especificidad, retoma el concepto de “zonas de sentidos”, ya propuesto en otras obras suyas. Y en este texto, cuyo objetivo fundamental es aportar al avance de una visión psicoterapéutica orientada al estudio de la subjetividad y basada en el enfoque histórico-cultural, el autor se ocupa en particular de desarrollar, nuevamente, la categoría de “sentido subjetivo”: “Una unidad psicológica que se caracteriza por la relación entre lo simbólico y lo emocional, unidad donde uno evoca al otro de forma recíproca, sin convertirse en su causa” (pág. 87). Haciendo una salvedad específica para su propio marco conceptual de referencia, González Rey señala que la subjetividad no se interioriza, sino que se construye. Los sentidos subjetivos no son resultado directo del impacto de las experiencias en su carácter objetivo, sino que consisten en una producción sobre los efectos colaterales de lo vivido. Esta producción es posible, únicamente, partiendo de la “configuración subjetiva” de la persona y del espacio social en cuestión.
El autor nos invita a replantear la manera en la cual las ciencias sociales han abordado la subjetividad, entendiéndola como una zona de sentido compartida por una multiplicidad de ciencias, y a su vez, dentro de la psicología, por una multiplicidad de enfoques. Siguiendo esta línea, nos enfrenta con un recorrido crítico por las diferentes transformaciones que ha sufrido la noción de zona de sentido de lo subjetivo en la historia de la psicología, desde sus inicios hasta el presente. Comenzando por el psicoanálisis, en la versión original de Freud y la de varios sucesores, en particular la obra de Jung, pasando luego por la terapia familiar sistémica, el humanismo, el constructivismo, la perspectiva posracionalista de Guidano y los enfoques orientados por el construccionismo social, González Rey se explaya en un análisis profundo de los aciertos y las limitaciones de las concepciones del sujeto (o su ausencia) elaboradas por cada perspectiva. La rigidez con que ha sido tratada dicha zona de sentido, concluye, se debe fundamentalmente a la renuencia a otorgar a la subjetividad un estatus ontológico privilegiado. A grandes rasgos, hay dos caminos posibles para malograr la categoría de subjetividad: uno es otorgarle un status propio, sin dejar de abordarla desde la perspectiva epistemológica adecuada para el estudio de los fenómenos físicos o biológicos; el otro, simplemente, negar su existencia.
Juan Balbi
(Extracto del Prólogo
)

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