Sexualidad y familia

Sexualidad y familia

Crisis y desafíos frente al siglo xxi


$ 660,00


En un mundo de mayor “igualdad” sexual -aunque todavía incompleta-, el hombre y la mujer necesitan adaptarse permanentemente a los cambios que ocurren y seguirán ocurriendo a un ritmo insospechado en el futuro. Así como, al entrar en crisis el patriarcado, surgen “nuevos modos de ser mujer”, también surgen más tardíamente “nuevas masculinidades”. La mujer ya no se somete, como en épocas anteriores, al predominio sexual del hombre, ni el hombre se somete a “mandatos” tradicionales para probar su masculinidad. Tanto el hombre como la mujer son hoy víctimas de la anomia que produce el no saber cómo relacionarse con el otro sexo en una nueva realidad: una relación de igualdad sexual. La vida personal es un proyecto abierto, con nuevas exigencias y ansiedades, tanto para el hombre como para la mujer; un proyecto basado en relaciones más simétricas, menos jerárquicas, y que sustentan un modelo en el cual a ambos competen tareas consensuadas de diversa índole, según las circunstancias y no según “roles asignados”. De todos modos, la institución del matrimonio está lejos de haber perdido vigencia o de estar en vías de desaparición.
En esta obra se analiza el matrimonio como institución universal y la familia como un grupo de personas unidas y que se ocupan de la crianza y educación de sus hijos, de acuerdo con las tradiciones y normas establecidas y emergentes de su cultura. En la primera parte de este trabajo se ofrece un panorama de la transformación de ese núcleo primigenio llamado familia. En la segunda parte se incluyen tres investigaciones puntuales: la crisis de la masculinidad; mitos y falacias sexuales existentes entre padres de familia y educadores; y la sexualidad en el sector educativo y de salud.

Primera parte
Capítulo I. Antonio O. Donini
La familia y sus transformaciones a través del tiempo


Capítulo II. Antonio O. Donini
Familia y matrimonio en la sociedad occidental


Capítulo III. Antonio O. Donini
Nuevas formas alternativas de vida familiar


Capítulo IV. Antonio O. Donini
La crisis de la familia occidental


Capítulo V. Antonio O. Donini
La familia del futuro


Segunda parte
Capítulo VI. Eleonor Faur
Masculinidades y familias

Capítulo VII. Antonio Daniel García Rojas
Mitos y falacias sexuales existentes en los agentes educadores (familia-escuela)

Capítulo VII. Alejandro Villa
Sexualidad y reproducción en el escenario educativo: discursos y prácticas de adultos del sector educación y salud en escuelas medias de la ciudad de Buenos Aires

Antonio Donini

Licenciado en Filosofía (USAL); licenciado y doctor en Ciencias Sociales con Especialización en Sociología (Instituto de Ciencias Sociales, Roma, Italia). Fue profesor titular de Sociología (UCA). En 1966 se ausentó del país y fue profesor titular y director del Departamento de Sociología de la Universidad del Estado de California (Estados Unidos). A su regreso en 1982 ejerció como profesor titular de Sociología (UNR, USAL, UBA). Fue director del Depto. de Ciencias Sociales de la Facultad de Derecho (UBA). Fue decano de la Facultad de Estudios para Graduados de la Universidad de Belgrano, miembro de la Comisión Asesora de Sociología y Demografía en el CONICET y director de la Escuela de Posgrado (UNSAM). Actualmente es profesor titular de Sociología en la Maestría en Ciencias de la Familia de la misma universidad.

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Eleonor Faur

Socióloga; especialista en Mujer, Género y Desarrollo (Royal Tropical Institute, The Netherlands); candidata doctoral (FLACSO/Argentina) y docente de postgrados de Políticas Sociales (UBA y UNSAM). Ha coordinado el área de Género y Derechos de las Mujeres (UNICEF/Colombia y UNICEF/Argentina).

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Antonio Daniel García Rojas

Licenciado en Psicopedagogía; master en Sexualidad humana; Educación sexual, Terapia sexual y género y especialista universitario en Educación para la salud. Se desempeña en el Colegio Salesiano de Huelva y como asesor en Educación sexual en centros de formación de profesorado de la Junta de Andalucía (España).

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Alejandro Villa

Licenciado y doctorando en Psicología (UBA). Posgrado en Salud Pública. Investigador Asociado del Consejo de Investigación en Salud, Ministerio de Salud/GCBA. Coordinador del Programa de Apoyo y Asistencia a Maternidad y Paternidad Juveniles (PROMAPÁ), del Centro de la Niñez y Adolescencia de Vicente López, 1998-2004. Programa de Salud Reproductiva/Ministerio de Salud/GCBA/CESAC Nº 8/Área Programática del Hospital J. M. Penna, 1990-2003. Investigador visitante del CEDES, 1994-2001: Programa de Becarios Residentes de Investigación Social en Salud Reproductiva y Sexualidad, con el aporte financiero de la Fundación Ford; responsable de proyecto 97106 en la Argentina, Programa Especial de Reproducción Humana, Organización Mundial de la Salud (OMS). Docente nacional e internacional en la temática y autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, reproducción, relaciones de género y masculinidades, en los ámbitos de salud y educación. Actualmente investiga sobre cuerpo, sexualidad y socialización en el ámbito del sistema de educación del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

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Cursos y textos sobre la familia
Hace más de cuarenta años, cuando comencé a dictar mis cursos de sociología de la familia en la Universidad del Estado de California, en los Estados Unidos se realizaban numerosas investigaciones y se publicaban anualmente muchos textos sobre temas de familia. Estos trabajos habían comenzado a proliferar durante la década de 1950, en coincidencia con el llamado “baby boom” de la segunda posguerra.
Los objetivos de aquellos cursos de sociología de la familia, que se dictaban regularmente en todas las universidades norteamericanas, giraban en torno a determinados valores tradicionales relacionados con la familia y la sexualidad, y analizaban los estilos de vida y las relaciones familiares en diversas culturas. Los temas desarrollados por autores provenientes de las principales escuelas o tendencias teóricas de la sociología norteamericana, se referían a los aspectos culturales y subculturales de la familia, a la “familia nuclear” monógama, a la familia polígama característica de algunas culturas orientales, a la búsqueda y elección de pareja, al noviazgo, a los roles dentro de la familia, a la autoridad en la familia, a la fertilidad y tamaño de la familia, a la socialización de los hijos, al sistema de familia extendida, etcétera. Y luego, en una parte dedicada a los “problemas de la familia”, o desorganización familiar, los autores analizaban el divorcio o la separación, sus causas y consecuencias, la familia “después de los hijos” (el nido vacío), la muerte y viudez en la familia, etcétera.
A partir de la década de 1980 comenzó un período en el que no era fácil encontrar textos nuevos o investigaciones sobre la “familia”, por lo menos, tal como se la había conocido tradicionalmente. Los anaqueles de las librerías que antes ocupaban obras sobre “familia”, comenzaron a llenarse con publicaciones sobre la madre soltera, la violencia familiar, el sexo, el amor, el divorcio, la homosexualidad, las familias “ensambladas” o “reconstituidas”. Los nuevos cursos de sociología de la familia comenzaron a desarrollar temas relacionados con los cambios en la familia: cambio de valores, cambio en los roles familiares, el divorcio, la crisis de autoridad, etcétera.
Con el nuevo milenio, comenzaron a aparecer en los Estados Unidos nuevas obras sobre familia, pero con un contenido muy distinto del tradicional: estilos de vida marital (casados, no casados; que cohabitan o no), el cambio en las costumbres y pautas sexuales, enfermedades transmitidas por el sexo, el sexo fuera del matrimonio, el matrimonio “abierto” (o parejas de “swingers”), la pareja homosexual, las relaciones y modelos de género, y otros temas similares.
Aun los textos que siguen los modelos tradicionales de presentar la sociología de la familia (Coontz y otros, 1999; Rouse, 2002) dedican una mitad del volumen a temas tales como “nuevas formas de diversidad familiar” -incluyendo las parejas no casadas-, “la pareja gay y lesbiana”, etcétera.
Un libro que, a mi entender, puede llegar a ser un clásico contemporáneo en sociología de la familia, es La transformación de la intimidad: sexualidad, amor y eroticismo en las sociedades modernas, escrito por uno de los más conocidos sociólogos del momento, el inglés Anthony Giddens (1998). Este autor comienza su obra resumiendo una novela de Julian Burnes titulada Before she met me (Antes de encontrarme con ella). El protagonista es un historiador, Graham Hendrick, que, después de 15 años de un matrimonio feliz, se encuentra con Ana, quien había sido actriz de cine con una vida bastante “tormentosa”. Esta mujer logra conmocionarlo afectivamente y lo hace sentirse nuevamente enamorado. Se divorcia de su mujer y se casa con Ana. Pero pronto se obsesiona por conocer detalles de la vida sexual de Ana antes de conocerla, su historia amorosa, sus amantes… La historia, llena de pasión y no exenta de humor, de repente se transforma en tragedia, cuando Graham descubre que Jack -su mejor amigo- y a quien le había confiado sus sentimientos, celos y morbosa curiosidad por conocer detalles de la vida sexual de Ana "antes de haberse encontrado con ella” (de ahí el título de la novela), había sido uno de sus amantes muchos años atrás. Después de una larga y acalorada discusión con Jack termina asesinándolo. Mientras tanto Ana, sospechando lo que podía estar ocurriendo, corre en busca de su marido a la casa de Jack para evitar la tragedia. Pero ya era tarde; Graham también se había suicidado, con lo que ella, desesperada, se arroja por la ventana… En esta misma línea, la novela de Tomás Eloy Martínez El vuelo de la reina recoge un hecho real de similares características.
Los sucesos narrados en esta novela son típicamente contemporáneos, dice Giddens. Como descripción de la vida real de la gente común, esta novela no podría haberse escrito, por ejemplo, hace cien años; porque supone un importante grado de igualdad entre los sexos; y se basa en el hecho de que hoy es frecuente que ambos cónyuges hayan tenido una vida sexual activa antes de constituir una pareja estable; y no es infrecuente la simultaneidad de relaciones paralelas y cruzadas.

Hacia una mayor igualdad entre los sexos
También es verdad que siempre hubo una minoría de mujeres que vivía la libertad y variedad sexual como un derecho que les correspondía por igual a hombres y a mujeres. Pero en general, estas mujeres -llamadas en otros tiempos “mujeres de la vida”- eran consideradas “marginales” dentro de una sociedad “respetable”, donde la mayoría de las mujeres se consideraban “virtuosas”, es decir, que no cedían a la “tentación sexual”, manteniéndose vírgenes hasta el matrimonio, para lo cual la familia y la misma sociedad las protegían institucionalmente.
Por el contrario, tradicionalmente se consideraba que los hombres “necesitaban”, para su salud física y mental, una variedad de experiencias sexuales. Debido a este criterio era “socialmente” aceptable que el hombre tuviera experiencias sexuales múltiples antes del matrimonio, y aun durante el matrimonio. Este “doble estándar” fue, y sigue siendo, un fenómeno común en Occidente. El adulterio en la mujer era algo “repudiable” y, en general, causal suficiente de divorcio; mientras que en el hombre, aunque “lamentable”, era “una debilidad comprensible y perdonable”.
Actualmente, en un mundo de mayor “igualdad” sexual -aunque todavía incompleta-, tanto el hombre como la mujer necesitan adaptarse permanentemente a los cambios que ocurren y seguirán ocurriendo a un ritmo insospechado en el futuro. Por eso, como advierte Giddens, el problema planteado por el novelista Julian Barnes no es estrictamente un problema de “celos”. La reacción violenta de Hendrich tiene su explicación en la “inseguridad” que experimenta el hombre contemporáneo frente a la mujer, debido a las profundas transformaciones que están ocurriendo en una sociedad menos “machista”, y por consiguiente distinta y más igualitaria. Así como, al entrar en crisis el patriarcado, surgen “nuevos modos de ser mujer”, también surgen más tardíamente “nuevas masculinidades”. La mujer ya no se somete, como en épocas anteriores, al predominio sexual del hombre ni el hombre se somete a “mandatos” tradicionales para probar su masculinidad. Tanto el hombre como la mujer son hoy víctimas de la anomia que produce el no saber cómo relacionarse con el otro sexo en una nueva realidad: una relación de igualdad sexual. La vida personal es hoy un proyecto abierto, con nuevas exigencias, dudas y ansiedades, tanto para el hombre como para la mujer; un proyecto basado en relaciones más simétricas, menos jerárquicas, y que sustentan un modelo en el cual a ambos competen tareas consensuadas de diversa índole, según las circunstancias, y no según “roles asignados”.
De todos modos, la institución del matrimonio está lejos de haber perdido vigencia o de estar en vías de desaparición. Las estadísticas mundiales de las últimas décadas indican lo contrario. Aun en los Estados Unidos -por citar un ejemplo- el número de matrimonios ha ido en aumento, de modo que, en esta década, el 95% de los hombres y el 94% de las mujeres de entre 45-55 años están o han estado casados. Anualmente, las segundas nupcias constituyen el 50% de los nuevos matrimonios
Este trabajo monográfico sobre la sexualidad y la familia en el siglo XXI es el fruto de muchos años de docencia y reflexión sobre el tema, desde la perspectiva sociológica.

La perspectiva sociológica
La sociología nace por la preocupación de algunos pensadores de los siglos XVIII y XIX que trataron de comprender los cambios que se producían como consecuencia del proceso de industrialización y su impacto en la sociedad europea. Desde entonces, la misión del sociólogo consiste en interpretar la realidad social del momento y, en cierto modo, anticiparse a los posibles acontecimientos futuros a partir de las tendencias observadas.
Alguien, refiriéndose a los cursos introductorios de sociología que había tomado durante sus estudios universitarios, definía a la sociología como una disciplina que explica “lo obvio” de una manera difícil, utilizando una jerga o terminología complicada. En realidad, lo que hace la sociología es estudiar los hechos y problemas con los que nos enfrentamos a diario, y que nos interesan y preocupan, porque se relacionan con realidades y conflictos de la sociedad en que vivimos, y que naturalmente afectan nuestras vidas. Todo lo cual se aplica muy especialmente cuando el objeto de estudio es la vida familiar. Cuando entramos a analizar los problemas tan íntimos y personales como los familiares, tendemos naturalmente a pensarlos e interpretarlos en términos de nuestras propias vivencias, y a “naturalizar” situaciones y relaciones, sin someterlas a un análisis más crítico.
En efecto, la familia es el primer grupo con el cual entramos en contacto al nacer, y dentro del cual permanecemos toda o la mayor parte de nuestra vida. Nuestra intensa e íntima asociación con nuestro grupo familiar, nuestra experiencia y participación afectiva con sus miembros que, de una u otra manera, influyen en el proceso de nuestra socialización y desarrollo de nuestra personalidad, hace que nos resulte difícil analizar “la familia” con la suficiente “objetividad”.
Al hablar de objetividad científica, la mayor parte de los sociólogos contemporáneos rechaza las pretensiones de los fundadores de la sociología, que aplicaban a esta nueva disciplina los mismos criterios epistemológicos de las ciencias naturales. El estudio de los fenómenos humanos, de la sociedad y de sus instituciones, es muy diferente del estudio de los fenómenos de la naturaleza. La objetividad en la sociología significa estudiar los hechos tratando de hacerlo con rigurosidad, sin prejuicios, creencias o preferencias personales.
Más aún, podríamos afirmar que hoy las ciencias sociales han avanzado hacia un paradigma epistemológico en el cual surge un nuevo concepto de “objetividad”. Los científicos sociales se inclinan hoy por la hermenéutica o comprensión interpretativa, en lugar de la explicación de los fenómenos sociales.
La clara conciencia de la diferencia esencial entre los fenómenos humanos y los objetos físicos produce un distanciamiento cada vez mayor de los modos de conocer del positivismo y del método hipotético-deductivo, que han producido tan sorprendentes resultados en las ciencias naturales y experimentales. El comportamiento humano -tanto individual como grupal- no puede ser comprendido sin referencia a los significados, sentimientos e intenciones que los actores vinculan a sus acciones. La comprensión de estos comportamientos exigen atención al contexto, la historia y la cultura que condicionan tanto a los fenómenos estudiados como al investigador que los estudia. Ésta es la fragilidad y provisoriedad, al mismo tiempo que la riqueza de la investigación social.
Lo que la sociología como disciplina científica intenta es ampliar nuestro campo de visión, e iluminar nuestra comprensión de las estructuras y procesos sociales que condicionan, aunque no lo advirtamos, nuestras decisiones y acciones. Para explicar esta iluminación que da la sociología, Wright Mills hablaba de la imaginación sociológica. “El trabajo sociológico depende de la imaginación sociológica: es decir, de la capacidad de ver relaciones entre una biografía y la historia, entre problemas privados y públicos, entre el individuo y la sociedad… el poder ‘pensar tomando distancia’ frente a las rutinas familiares de nuestras vidas cotidianas para poder verlas como si fueran algo nuevo… La imaginación sociológica permite, a quien la posee, comprender el amplio escenario de la historia en términos de su significado para la vida íntima y el comportamiento de los individuos… La sociología nos ayuda no sólo a analizar las pautas existentes de la vida social, sino a ver algunos de los 'futuros posibles' abiertos para nosotros” (Giddens, 1998, 52-53).

Hechos y fenómenos sociales
Tomemos un ejemplo frecuente en la vida moderna: un hombre y una mujer, que sufren dificultades y problemas de convivencia en su matrimonio (diferencias irreconciliables), se divorcian, buscando en el divorcio una “solución a sus problemas”. Al separarse se convierten, junto con otros miles o millones de parejas divorciadas, en un “dato estadístico”. Pero la tasa total de divorcios en una sociedad es mucho más que la simple suma de problemas personales o privados: es un fenómeno estructural que tiene que ver con la institución del matrimonio junto con otros aspectos de la sociedad que -aunque no lo parezca- inciden en el matrimonio. Las decisiones individuales acerca del matrimonio y el divorcio contribuyen a la tasa de divorcios. Pero, a su vez, la tasa de divorcios es parte del clima social dentro del cual los individuos interpretan y evalúan sus circunstancias matrimoniales. La tasa de divorcios refleja, también, los valores y las políticas sociales acerca del matrimonio y el divorcio (por ejemplo, la aceptación o rechazo social y legal de las “diferencias irreconciliables”, u otras causales, como justificativo para el divorcio).
Por consiguiente, para comprender nuestras propias vidas, necesitamos mirar más allá de nosotros mismos, y más allá de los hechos aislados, para poder -entre las diferentes ópticas de interpretación de estos hechos- verlos en el contexto de la estructura social. Los conceptos sociológicos amplían nuestra comprensión de lo que experimentamos y de lo que somos, dándonos una perspectiva que incluye las pautas de comportamiento, las creencias y valores que relacionan a cada individuo con el sistema social en el que se mueve.
Éste es el enfoque con el que analizaremos el matrimonio y la familia en este ensayo: el matrimonio, como institución universal (ya que hasta el momento no se ha encontrado ninguna sociedad en la que no existan pautas y normas que regulan y determinan cuál es el comportamiento sexual culturalmente aceptado); y la familia, como un grupo de personas unidas y que se ocupan de la crianza y educación de sus hijos, de acuerdo con las tradiciones y normas de su cultura.
El análisis sociológico de las pautas de comportamiento familiar no implica su aprobación ni su desaprobación. Simplemente verifica cuáles son las pautas socialmente aceptadas en una cultura determinada. Todos tenemos una posición tomada acerca de lo que está “bien” o “mal”, de acuerdo con nuestra cultura, nuestros valores y creencias. La única herramienta que tiene el sociólogo es contrastar sus interpretaciones en el diálogo intersubjetivo con sus colegas, y la rigurosidad metodológica, que permite que sus pares de la comunidad científica puedan compartir o desechar las conclusiones obtenidas. Éste es el último criterio de validez aceptable en las ciencias sociales.
La producción de conocimiento válido y relevante se concibe como un proceso de construcción de nuevos significados y representaciones a partir del contraste de las interpretaciones de los diferentes sujetos. La intersubjetividad contrastada, elaborada y argumentada, nos da una interpretación provisional y parcial de una realidad cambiante y compleja, como son los fenómenos sociales. De ahí que sea necesario reinterpretarlos continuamente, desde diferentes ángulos y perspectivas. Es así cómo la sociología, desde su mirada propia, nos permite acercarnos a una mejor comprensión de la familia.
En la primera parte de este trabajo intentamos ofrecer una síntesis o breve panorama, a través de la literatura sociológica -tanto la de corte más bien teórico y macro, como la de las investigaciones empíricas más focalizadas-, de la transformación de ese núcleo primigenio llamado familia, por donde aún pasan las experiencias humanas más profundas y significativas. Espero que contribuya también a alentar la investigación y los estudios, todavía escasos en el país, sobre un tema de tanta trascendencia.
En el primer capítulo se describen brevemente cuatro de las grandes revoluciones que han transformado la sociedad occidental, y que han influido profundamente en los cambios experimentados por la familia a través de los siglos; en el segundo, se analiza la evolución del matrimonio y la familia en la sociedad occidental, las estructuras y sistemas familiares, su universalidad y su diversidad en el tiempo y en el espacio; el tercer capítulo está dedicado a presentar algunas formas alternativas y experimentales de vida familiar en la sociedad contemporánea; el cuarto capítulo discute la crisis de la familia tradicional; finalmente el quinto capítulo -a modo de conclusión- trata de visualizar la familia del futuro. Muchos de los temas e ideas vertidos en los capítulos que siguen han sido publicados en una variedad de artículos, en los últimos años.
En la segunda parte de la obra se incluyen tres investigaciones puntuales de temas relacionados con la familia y la sexualidad, que contribuyen a corroborar o ampliar algunos de los tópicos desarrollados en la primera parte. El capítulo sexto presenta una reflexión sobre la “crisis de la masculinidad” y los conflictos que plantea tanto al hombre como a la mujer en la sociedad contemporánea; el capítulo séptimo es una síntesis de los resultados de una investigación empírica realizada en España sobre “mitos y falacias sexuales existentes entre padres de familia y educadores”; finalmente, el capítulo octavo analiza el tema de la sexualidad en el sector educativo y de salud en la ciudad de Buenos Aires.

Mi agradecimiento
A Eva Giberti y Mario Costantino que, desde la dirección de la Maestría en Ciencias de la Familia, me invitaron a participar en esta nueva colección; a Graciela Di Marco, por su generosa disponibilidad en facilitarme una versión preliminar de su nueva obra Las relaciones familiares: del autoritarismo a la democratización; a Eleonor Faur, Antonio Daniel García Rojas y Alejandro Marcelo Villa, por sus valiosas colaboraciones que complementan y confirman muchos de los aspectos teóricos discutidos en la primera parte de la obra; a mis colegas y alumnos de la Maestría en Ciencias de la Familia, que han mantenido mi entusiasmo e interés por continuar mi búsqueda en esta compleja problemática de la familia del futuro; finalmente, a Ana que, con sus ideas y sus críticas, en un continuado diálogo de 40 años, sigue haciendo de mi vida académica y personal un desafío interesante.
A. O. D.
Buenos Aires, junio de 2005

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