La filosofía como disciplina tiene diversa repercusión en los programas de la educación secundaria, pero en general está sufriendo el retroceso que desde hace años padecen las humanidades en los distintos sistemas educativos.
Sin embargo, mientras esto sucede en las universidades y los institutos resulta que a pie de calle emerge una gran expectativa y, actualmente, numerosos colectivos muy variados muestran interés y manifiestan la necesidad de hacer filosofía. Desde los cafés filosóficos, pasando por la oferta de cierta literatura ya sea juvenil o bien para adultos; desde el papel que hoy en día hacen los filósofos en asesoramientos éticos, en el campo de la educación, de la economía hasta los comités de bioética en los centros sanitarios.
Nos encontramos con un fenómeno de doble sentido que viene motivado en parte por la necesidad de más horas lectivas para materias instrumentales y tecnología, pero también por lo que Jacques Bouveresse ha denominado
la demanda de filosofía (2001).
Entre esta tensión encontramos como un espejismo la difusión y consolidación de un movimiento cada vez más sólido que no deja de resultar paradójico: la filosofía en ámbitos de educación superior se encuentra inmersa en una crisis profunda mientras en muchas escuelas de infantil y primaria de todo el mundo se está implantando y, en especial en estos últimos años, se está difundiendo con mucha celeridad.
El movimiento
Philosophy for Children nace de la mano de Matthew Lipman, que a la edad de sesenta años y siendo profesor de Lógica de la Universidad de Columbia en Nueva York, se interesó por la educación notando la necesidad de hacer filosofía en la escuela primaria. Si las democracias necesitan personas con criterio, con opiniones fundamentadas y con capacidad de discernir
, hace falta que los niños, niñas y jóvenes se ejerciten prematuramente en el razonamiento y el juicio.
Matthew Lipman es una referencia obligada. Su obra pionera ha sido inspiradora para muchos grupos y personas que hoy en día trabajamos en el mundo siguiendo el modelo de Philosophy for Children a partir de sus materiales u otros. Nadie puede quitarle el bien otorgado mérito de ser el primero en acercar la filosofía a los niños y niñas, y eso lo convierte en una referencia mundial incontestable. Varios países con talantes filosóficos distintos han traducido al pie de la letra, han adaptado o refutado su currículo, pero hoy nadie que trabaje en filosofía e infancia o adolescencia puede desconocer la obra de Lipman.
En estos últimos tiempos este movimiento ha ganado terreno, ya sea a través de Lipman o de otros, y representa actualmente una fuerza imparable que está siendo reconocida alrededor de casi todo el mundo. En algunos países se está ensayando la posibilidad de institucionalizarla, de convertirla en una materia más dentro del plan de estudios de la educación primaria.
Y es que la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada en 1989, promueve la libertad de expresión y la libertad de pensamiento en la infancia. La UNESCO se ha hecho eco de estos derechos y alienta a los profesionales de la enseñanza a concretarlos y a hacer de ellos una realidad.
¿Cómo garantizar la práctica de la libertad de expresión y de pensamiento en niños y jóvenes? Tal como afirma el informe de la UNESCO, la enseñanza de la filosofía contribuye a la formación de ciudadanos libres: "alienta [la filosofía] a forjarse una opinión propia, a confrontar todo tipo de argumentos, a respetar los puntos de vista ajenos y a someterse únicamente a la autoridad de la razón" (*1). En otras palabras, la enseñanza de la filosofía es sumamente importante para entender las diferentes visiones del mundo y los fundamentos filosóficos de los derechos humanos, y contribuye a desarrollar la capacidad de las personas para ejercer una verdadera libertad de pensamiento y liberarse de los dogmas y la "sabiduría" indudable. Fomenta de este modo la capacidad de cada ser humano para conformar un juicio respecto de su propia situación. Esto se encuentra por fuerza vinculado a la posibilidad de formular apreciaciones y críticas, y elegir entre acción e inacción.
La filosofía es la única disciplina que establece conexiones múltiples con otras materias y que por ello ofrece un marco ideal para que los estudiantes puedan pensar a través de estas u otras disciplinas. El razonamiento, la formación de conceptos y las habilidades del juicio que potencia la filosofía en los primeros años de educación primaria resultan indispensables para los estudios secundarios (Lipman, 1997, p. 250).
A diferencia de otras disciplinas la filosofía hace el método, el objeto de conocimiento, es decir, es la única disciplina que tiene como contenido la reflexión sobre los procesos de conocimiento. Y sus diferentes ramas fundamentan buena parte de los otros conocimientos: detrás de la matemática y la física hay filosofía de la ciencia, detrás del estudio de las lenguas y la gramática hay filosofía del lenguaje. "Cuando las disciplinas reflexionan sobre ellas mismas hablamos de filosofía: filosofía de la mente, filosofía de la psicología, filosofía del derecho, filosofía política".
[Fragmento de la introducción del libro "Aprender a pensar. La práctica de la filosofía en la escuela"]
Notas
1. Cita de Roger-Pol Droit (Droit, 1995) en el documento de la ONU por la Educación, la Ciencia y la Cultura. Consejo Ejecutivo. 171a reunión, París, 28 de febrero de 2005. Punto 14 del orden del día provisional. Resumen del informe del director general relativo a una estrategia intersectorial sobre la filosofía. Véase https://goo.gl/F6eMVC