Construcción vocacional

Construcción vocacional

¿Carrera o camino?


$ 515,00


El mensaje fundamental que pueden transmitir quienes como educadores, terapeutas u orientadores tienen la responsabilidad de contribuir a que otras personas vislumbren un futuro profesional, es que la vocación no se resuelve en una elección sino que se descubre y se construye a lo largo de la vida; que la acción vocacional no está sólo dirigida a producir resultados eficientes en lo inmediato, sino a contribuir al proceso de producción de sentido, y que la posibilidad vocacional requiere de un sujeto dispuesto a intervenir en el porvenir de la humanidad.
Este libro está dirigido a profesionales de la educación y de la salud, y a personas interesadas en las cuestiones humanas. Su contenido no es neutral: supone una concepción de la sociedad, la política y la educación. También del conocimiento, la justicia y la salud. Concibe a un ser humano que pueda reconocer el don y el tiempo que le han sido entregados y que participe con compromiso de la obra universal.

Capítulo 1.
Apreciaciones acerca del ser humano
Mismidad
Subjetividad: una definición posible
Bidimensionalidad
Heterogeneidad
Esferas en las que discurre la vida humana
A modo de síntesis

Capítulo 2.
Apreciaciones acerca del hacer humano (algunas actitudes y posicionamientos)
Sí-No
Heroicidad
Una mascarada: es imposible cambiar lo social
De qué hablamos
Mirarse-Dejar de mirarse
Proyecto

Capítulo 3.
Apreciaciones acerca de mecanismos deshumanizantes
Definiciones por estipulación
Características esenciales de lo humano
La deshumanización que se ejerce sobre los individuos
a partir del funcionamiento social general
Procedimientos deshumanizantes que los individuos
ejercen entre sí en el proceso de interacción
Deshumanización respecto de uno mismo
La igualación hacia abajo

Capítulo 4.
Apreciaciones acerca de la vocación
¿Carrera o camino?
Posibilidad vocacional
Vocación y vida social
Interrogante y vocación
La elección en heterogeneidad
Inquietud vivencial y vocación
La vocación como palabra
Vocación: miradas, ideología   
Vocación y noción de dar
Docentes: privilegiados escritores de historia   
Vocación y proceso de humanización  
Vocación y valor
Vocación. Propiedad. Tiempo

Guillermo Rivelis

Maestro normal nacional. Licenciado en Psicología (UBA). Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades (UNQ). Integró el equipo de psicología clínica de niños y adolescentes del Centro de Salud Mental de la Matanza. Fue asesor psicológico de la Comunidad Infantil Beteinu. Trabaja como psicólogo clínico en consultorio privado y como docente en el Instituto Superior de Formación Docente “Sagrada Familia” de la ciudad de Zárate. Es autor de Construcción vocacional: ¿carrera o camino? (Noveduc, 2007) y de Freud: una aproximación a la formación profesional y la práctica docente (Noveduc, 2009).

Ver más

Acerca de estas páginas que contienen Apreciaciones
El presente texto contiene observaciones, reflexiones y postulados –algunos de ellos de carácter axiológico y especulativo–. Las observaciones no son ingenuas; responden a concepciones, expectativas, perspectivas conceptuales e ideológicas.
Las reflexiones son producto de lecturas; de estudio; de las mencionadas observaciones; de la experiencia laboral; de los anhelos e ideales; de la experiencia infantil, adolescente y juvenil; de los contenidos y movilidad del sistema inconsciente; de cuestiones insondables; del compromiso social; de la época y cultura; de la historia de logros y frustraciones personales y sociales; del ser configurado en matrices y relaciones múltiples; del amor a lo que existe como fondo sobre el cual los seres humanos construimos nuestra existencia. Todo ello, de quien esto escribe y que, por lo tanto, considera que las páginas a través de las cuales intenta una comunicación con potenciales lectores contienen apreciaciones acerca de los temas que aborda.
Estas apreciaciones intentan contribuir a que se pueda hablar de lo que en el funcionamiento habitual queda silenciado. No pretenden enseñar, no se corresponden con el proceso de producción de conocimiento tal como está formalizado en el ámbito científico. Esto último requeriría de otro tipo de acercamiento a la realidad, de una definición sumamente precisa del objeto de estudio, de una metodología específica y rigurosamente controlada, de un sistema de hipótesis a verificar, de procedimientos corroborativos –y de refutación– y de todo aquello que por consenso se acepta y define como procedimientos para la producción de conocimiento científico.
Tampoco se plantean proponer soluciones concretas a las situaciones a las que se refieren. Podrán leerse, tal vez más en el entrelíneas que en párrafos anunciados, algunas sugerencias que no avanzan en la postulación de procedimientos. No se trata de un descuido sino de una decisión de quien esto escribe, en esta instancia.
Futuros emprendimientos intelectuales podrán llevarme a intentar profundizar y sistematizar algunas de las cuestiones aquí planteadas y esbozadas a los efectos de brindar aportes fundamentales  y concretos a quienes diariamente asumen y ejercen un compromiso intelectual y afectivo con la práctica en sus distintas modalidades.
Esta introducción, entonces, pretende enmarcar las líneas que siguen y explicitar el campo de expectativas desde el cual abordar la lectura del presente texto; más allá, está la independencia de criterio con la que cada lector se acerque al mismo. Ese acercamiento y la interpretación y personal apropiación de las páginas que presento constituirán su responsabilidad en la construcción del diálogo que intento abrir.
El libro responde a un asumido criterio intelectual y a una toma de posición acerca del reconocimiento y valoración de la búsqueda y construcción de sentido como motor fundamental de la vida humana.
A lo largo de la historia del hombre, diversas concepciones míticas, religiosas, filosóficas y científicas han intentado explicar la humanidad, su sentido, su razón de ser, su lugar en el universo. Los mitos buscaron un sentido ante lo que aparecía como pura presencia. El silencio de los dioses1 –que crearon el mundo y luego se retiraron– intentó ser llenado con palabras mitológicas que tornaran coherente un relato posible. Desde entonces, el hombre ha procurado encontrar sentido a su existencia y respuestas a interrogantes acerca del origen, el destino, el antes y el después, el cosmos y los fenómenos de la naturaleza.
La ciencia se ubica en este continuo de búsqueda de sentido, con su modalidad distintiva respecto a otros modos de conocimiento. La independencia del criterio de validez –subordinado a cuestiones metodológicas definidas– respecto de cualquier autoridad individual o sectorial que pretenda erigirse en criterio de verdad ha sido una de sus más importantes aspiraciones y uno de sus principales logros.
Entre la ciencia y las otras vertientes explicativas se establecen relaciones dinámicas que sería interesante profundizar. El propio intento científico freudiano generó con su obra un campo especulativo rico que late como posibilidad de consideraciones e investigaciones científicas y también de apertura a formas de pensamiento no fácilmente codificables. Suele suceder que por la vía de la ciencia se encuentran soluciones y explicaciones posibles, transitoriamente satisfactorias, a interrogantes que las otras vertientes de pensamiento y saber mantenían como dudas, o a las que habían aportado respuestas débiles, insatisfactorias. Suele suceder también que la ciencia ofrece una explicación, en tanto otra vertiente de pensamiento hace afirmaciones diferentes sin posibilidad de corroboración –dada su estructura de funcionamiento–, quedando así planteada una situación potencialmente rica en lo que hace a las discrepancias entre las cosmovisiones, los interrogantes que se generan a partir de las mismas y sus modalidades de formulación de respuestas. Suele suceder que ciertas afirmaciones contenidas en formas no científicas de conocimiento no pueden ser aprehendidas científicamente, al menos en un determinado presente. Si se acepta esta dinámica puede decirse que, afortunadamente, la ciencia procede con métodos de investigación rigurosos que permiten soluciones racionales y que, afortunadamente también, las otras perspectivas de pensamiento insisten con sus interrogantes y sus otras visiones explicativas y comprensivas.
¿Por qué la vocación? Vocación deriva del latín, vocare (llamar); es la misma raíz de vox (voz, grito) y de convocar, evocar, invocar y provocar (llamar para que salga afuera). La vocación, tal como queda por estipulación definida en el texto, es una forma de ser y hacer. Es una forma de estar en el mundo y de “tenerse entre”2 los misterios que representan el antes y el después de la vida de cada uno. Una profesión es una de las posibilidades, uno de los recursos para poder vivir con actitud vocacional.
Básicamente, en la presente definición por estipulación, actitud vocacional es actitud transformadora hacia las dimensiones personal y social, y actitud de reconocimiento y entrega en lo que respecta a la dimensión de mismidad-universalidad en la que los seres humanos participamos y coparticipamos –con otros seres humanos, no humanos y con entes– de una realidad lógicamente anterior a toda construcción social –relación de anterioridad dada no de una vez y para siempre sino continuamente renovada–.
El “tenerse entre” en el que se constituye la vida de cada ser humano puede ser un “tenerse entre” con conciencia y resonancia afectiva. En tal caso, la vida se puebla de interrogantes y de intentos de respuesta. Se genera una actitud de compromiso que acepta lo dado como existente pero que no admite que las producciones humanas –sociales, políticas, económicas y educacionales, entre otras– sean inamovibles, sean las últimas posibles, hayan llegado a la cúspide o sean tan sólo mejorables y susceptibles de ser aumentadas pero dentro del marco de un sistema que las encuadra y que no puede cambiar. No acepta que ninguno de los sistemas humanos construidos se corresponda naturalmente con la esencia de lo humano y esté, por lo tanto, destinado a perdurar indefinidamente. La esencia de lo humano es concebida como coparticipación universal y cósmica, como mismidad, como espiritualidad, como incesante búsqueda y producción de sentido, como plasma germinal, como ámbito de deseo, como potencialidad transformadora, como disposición a ser social. Constituye, por tanto, una posibilidad inacabada de concebir y producir arquitecturas sociales.
Cuando el “tenerse entre” supone conciencia y resonancia afectiva, entonces el “tenerse entre” es vocacional. Se corresponde con actitudes comprometidas y no fanáticas; es decir, con actitudes de personas que se involucran apasionadamente en la transformación social, con la serenidad y la paz que otorgan el sentir que no todo el ser se juega en la dimensión social.
Necesariamente, esta forma de vivir conlleva sentimientos de inquietud interior, de angustia y alegría serenas y profundas y requiere valentía, pasión y capacidad de espera.
Otras formas de “tenerse entre”, por no poder –o no saber– sostener la tensión que la forma anteriormente mencionada solicita, son formas degradadas. Nadie está absolutamente desinformado de la finitud y el misterio que enmarca la vida. Pero muchos seres humanos acuden a procedimientos que procesan regresivamente los sentimientos y actitudes del “tenerse entre” consciente, resonante y creador. Dirimen sus vidas, entonces, en marcos sociales estrechos, aunque algunos centelleen y deslumbren por su valoración social. Centrar la vida en cuestiones económicas, hacer prevalecer rencillas intra o inter familiares, concentrar el interés en competencias diversas, buscar denodadamente el éxito, generar disputas de diversa índole entre grupos, acotar la vida a la sola resolución de las necesidades personales, son algunas de las maneras de ese procesamiento regresivo que se corresponden con entretenimientos banales. Para otros seres humanos, ubicados en niveles muy bajos de la escala social –muchísimos, lamentablemente, a nivel mundial– y urgidos por la perentoriedad de la supervivencia cotidiana, la situación de plantearse un “tenerse entre” de característica y posibilidad vocacionales es excesivamente difícil.
La actitud vocacional supone, entre otras cosas, bregar porque todos los seres humanos estén en situación objetiva de vivir la vida con posibilidad vocacional. De allí que la actitud vocacional requiere y contiene acciones transformadoras dirigidas hacia lo micro, con observancia, consideración y aspiración hacia lo macro del sistema social. Las acciones transformadoras no están programadas o doctrinariamente contextualizadas, no suponen acciones prefijadas ni procesos contenidos en fórmulas, sino una amplitud de formas, ideas e intervenciones que tengan como centro de la mirada la posibilidad de profundizar el proceso de humanización y que tiendan a abarcar en el mismo a la totalidad de los seres humanos.
Estas Apreciaciones contienen capítulos referidos al ser humano en su generalidad. Esto supone una concepción de hombre que admite la existencia de una “identidad humana”3; esto es, de algo que todos los seres humanos son y poseen y que permite el reconocimiento de pertenencia a la especie. Contienen, también, capítulos que se refieren a actitudes vitales y modos de inserción social. Otros capítulos exponen mecanismos y funcionamientos deshumanizantes en el nivel macro social y en el nivel de la interacción. Otros, aluden más específicamente a la cuestión vocacional y a la injerencia de las instituciones, particularmente las de educación formal, en dicha cuestión.
El texto, a partir de la mencionada “identidad humana” y encuadrando en dicha cuestión los posteriores desarrollos, toma en consideración el sistema social en el que estamos inmersos y, más específicamente, a la República Argentina. Parte de una definición de las sociedades existentes y que han existido como sociedades “divididas” –castas, órdenes, clases, sectores con diferentes posibilidades de acceso a bienes materiales y culturales–. La noción de “división” en tal sentido no supone una necesaria y fructífera diferenciación y articulación para la consecución de fines compartidos, ni tampoco el significado aritmético de “repartir por partes iguales”. Supone, en cambio, la separación más o menos tajante del total social en partes con una importante dosis de hostilidad; de rivalidad; de competencia por el espacio, por los bienes, por el poder y con una clara distribución desigual de recursos materiales y simbólicos.
Estas Apreciaciones no constituyen, entonces, una presentación ingenua ni pretenden ser ideológicamente neutrales. Suponen una concepción de ser humano, de sociedad, de política, de educación, de conocimiento, de justicia y de salud, entre otras cosas. Parten de considerar que la humanidad, especie joven, aún no ha encontrado la manera de hacer que todos los seres humanos accedan a las condiciones materiales y simbólicas necesarias para que el tránsito por el espacio y el tiempo otorgados sean vividos en la constante búsqueda y producción de sentido humanizante. Parten de considerar que algunos seres humanos están interesados en encontrar esa manera y que otros seres humanos no, porque absurdamente se vinculan con los beneficios superficiales que les otorgan las posiciones que ocupan en el terreno de la desigualdad. Parten de considerar, fundamentalmente, que la humanidad contiene la posibilidad de transformar situaciones y de generar esas “maneras” y que, de hecho, producciones teóricas, textos profundos, obras de arte, seres que han intentado mostrar sendas, pueblos que han configurado momentos de dignidad y actitudes silenciosas y anónimas de millones de seres solidarios que todos los días entregan lo que construyen, representan muestras cabales de tal posibilidad.
Imagino (con la incertidumbre respecto de la posible consonancia con la realidad que caracteriza a toda imaginación) distintas actitudes o reacciones que puede suscitar la lectura de este libro.
Probablemente algunos lectores encuentren incongruencias, conceptos definidos débil o erróneamente, frases confusas. Serán bienvenidas las críticas. Intento aprender el oficio de escribir que, seguramente como todo oficio asumido con vocación, plantea un aprendizaje afortunadamente interminable.
Con quienes no acuerden con los planteos centrales del libro, con la concepción acerca de la vocación (y de otras cuestiones consideradas), estaremos en paz. En el mundo hay lugar para distintas maneras de pensar, de sentir, de actuar, y tiempos y momentos para el debate franco y fundamentado que abra –para todos quienes participen en él– la posibilidad de reconsiderar y replantear los propios puntos de vista.
Otras personas, probablemente, acuerden con las concepciones centrales en términos ideales pero piensen que es imposible o muy poco factible su traslado a la práctica y, por lo tanto, consideren que el libro tiende a ser exclusivamente fantasioso, expresivo y literario pero que no es portador de un planteo social y psicológicamente válido. Con estas personas sería sumamente interesante promover intercambios, diálogos recíprocamente enriquecedores.
Tal vez, otros lectores al finalizar la lectura digan o piensen: “¿y…?” o “¿entonces…?”. Más adelante, en el apartado Mismidad, formulo una diferencia, por estipulación, entre la pregunta y el interrogante. Si estos “¿y…?”, “¿entonces…?” adquieren el sentido de pregunta dirigida al autor, debo decir que no obtendrán respuesta. Si los mismos se constituyen en interrogantes, en problematizaciones, en cuestionamientos, en intentos de búsqueda de respuestas, en indagación, en molestia, en inquietud, entonces mi intención como autor se habrá logrado en gran parte. Con todos estos lectores, futuros encuentros directos, virtuales, mediados por diferentes circunstancias y recursos podrán ir sirviendo de marco para la construcción de conocimiento y experiencia.
Las prácticas profesionales requieren personas curiosas, activas, comprometidas, con afán de explorar e investigar, con capacidad para inventar. La aplicación casi mecánica de instrucciones a los efectos de garantizar la eficacia de una práctica puede resultar cómoda y hasta eficiente pero no abre espacios de reflexión y de creación. La tendencia a la automatización tal vez asegure resultados pero no contribuye al proceso de humanización. Por eso, si bien como he escrito renglones más arriba, en futuros emprendimientos intelectuales podré intentar contribuir mediante aportes concretos con quienes mantienen un compromiso con la práctica, ello tendrá necesariamente un límite dado por el respeto a la inteligencia y a la autonomía posible de esas personas. Quienes ejercen cotidianamente una actividad e intentan dotarla de sentido vocacional no necesitan que se les diga qué hacer sino que se contribuya con ellos mediante un diálogo fecundo que contemple las situaciones en las que están incluidos, los alcances de las propuestas teóricas, las experiencias diversas, los distintos modos de producción de conocimiento, las variables que posibilitan y condicionan las acciones profesionales, los paradigmas en los que estamos inmersos en las prácticas y en la producción teórica.
En particular, este libro no ha de ofrecer técnicas específicas ni propuestas concretas de trabajo a quienes como terapeutas, orientadores o educadores tienen la responsabilidad de contribuir a que otras personas perfilen un futuro profesional. En esta ocasión la opción elegida ha sido otra. He tratado, por medio de estas páginas, de comunicar un mensaje fundamental: que la decisión vocacional no se resuelve en una elección sino que se construye a lo largo de la vida, que la acción vocacional no está sólo dirigida a producir resultados eficientes en lo inmediato sino a contribuir al proceso humano de búsqueda y producción de sentido, que la posibilidad vocacional requiere de un sujeto dispuesto a intervenir en el futuro de la especie humana y del mundo que la contiene.

Construcción vocacional: los caminos del ser humano para ser y hacer
Cuando escribo acerca de temas como el que me ocupa en este apartado, intento recordar que, lamentablemente, es muy grande la diferencia en número entre los sujetos potencialmente incluidos en el mismo y los que fácticamente están en condiciones de vivir lo que planteo.
En nuestra Argentina de hoy –y de antes también, tal vez en otras proporciones– son muchas las personas que quedan excluidas de la posibilidad de elegir. La situación económica padecida por una gran cantidad de familias hace que sea prácticamente imposible que sus hijos puedan plantearse el problema de la vocación.
Muy probablemente esas personas tampoco tengan acceso a la lectura de materiales como éste. Entiendo que quienes sí tenemos ciertas –nunca totales y absolutas– posibilidades de elección deberíamos incluir entre las variables en juego ante nuestra decisión, la consideración de esa otra realidad y, tal vez, fundamentar en parte tal elección en un compromiso de reflexión y acción para que cada vez sean más las personas que puedan aspirar y ejercer el elemental y básico derecho humano a elegir.
No pretendo reflexionar acerca de las distintas teorías y técnicas de trabajo con el tema de la vocación. La intención es transmitir una manera de pensar el asunto que suele olvidarse en una época en la que la vorágine, la necesidad de supervivencia y el mandato de éxito nos inducen a hacer girar nuestro pensamiento alrededor de modalidades de resolución práctica centradas en la búsqueda del bien personal.
En su libro La vocación del hombre Héctor Mandrioni cita a L. Lavelle: “La vocación aparece en el momento en que el individuo reconoce que no puede ser para sí su propio fin, que sólo puede ser el mensajero, el instrumento y el agente de una obra con la que coopera y en la que el destino del universo entero se halla interesado”4.
Podemos pensar esta “obra”, como lo hacen Lavelle y Mandrioni, en términos metafísico-religiosos. Podemos pensarla en términos culturales, sociales, políticos, históricos. Son, en definitiva, distintas versiones de la fácilmente olvidada condición humana que consiste, entre otras cosas, en mantener con el mundo una relación que, lejos de ser meramente utilitaria e instrumental, es fundamentalmente buscadora y productora de sentido.
Es así como la vocación no es algo que se descubre de una vez y para siempre en un momento de la vida y luego se despliega. Cantidades de profesionales aburridos, cansados, decepcionados muestran, de manera desgarradora para ellos y paralizante para las nuevas generaciones, que ese modo de enfocar la cosa no se sostiene en el tiempo.
La vocación es una construcción constante, difícil, contradictoria, interior y exteriormente conflictiva. Es un camino con idas y vueltas, con dudas y oscilaciones, con entusiasmos y repliegues, con gratificaciones y frustraciones. Saber esto es de esencial importancia; no sólo por su carácter preventivo sino porque es acercarnos a saber qué y cómo somos los seres humanos y las sociedades que construimos.
Cada punto de la historia condensa personas, procesos, movimientos, corrientes de ideas, guerras, invasiones, acuerdos y desacuerdos, revoluciones, técnicas de cultivo y producción, epidemias, creaciones, mitos, religiones, filosofías, producciones artísticas y científicas, impulsos y reflexiones. Humanidad pasada y presente. Humanidad compleja y heterogénea en su unidad. Los seres humanos, ubicados en uno de esos puntos de historia, inmersos en un marco cultural, social y familiar, intentamos proyectarnos y elegir. Al hacerlo podemos pensar y actuar como si fuéramos autogestados y como si no tuviéramos más responsabilidad que nuestra propia felicidad y el bienestar de quienes son y serán nuestros seres más cercanos. O podemos pensar y actuar en consonancia con ese ser no meramente biológico sino esencialmente biográfico y social que somos; productos y productores de historia, de presente y de futuro.
La realidad, en tanto “lo dado”, es (y no podemos decir mucho más al respecto). Sobre ese fondo de “realidad dada”, los seres humanos construimos múltiples “realidades humanizadas”, que en su conjunto y como consecuencia de relativos consensos denominamos “realidad” –es la realidad humanizada, compartida–. Estas realidades humanizadas constituyen el contexto en el que se desarrolla la vida humana y en el que se organizan, se dirimen, se procesan distintas formas de conocimiento producidas en el intento de acercamiento a la “realidad dada”. Realidades humanizadas que nombramos como “la realidad”, olvidando (olvido de la génesis) que son esfuerzos simbolizantes respecto de esa primera “realidad dada”, que se vivencia como puro enigma, desconcierto, caos. En nuestro afán de conocer, en ese intento de llegar a eso que supuestamente está en el origen, segmentamos conocimiento para especializarlo. Luego nos acercamos a los segmentos, luego construimos disciplinas que los abordan y luego inauguramos y sostenemos formalmente profesiones que operan sobre los mismos. Sin darnos cuenta, ocurre que la división ejercida revierte sobre nosotros forzándonos a una fragmentación de nuestros intereses, objetivos, motivos, perspectivas; es decir fragmentándonos en la acción social y en nuestro mundo interno.
Suele suceder entonces que elegir profesión –qué estudiar, a qué dedicarse– pasa a ser elegir qué fragmento de nosotros mismos hacemos prevalecer. Este ser fragmentado que parece ser una consecuencia –probablemente no deseada– de esa gran construcción histórica que fue la Modernidad, vive angustiosamente su humanidad en medio de situaciones deshumanizantes. La fragmentación del ser es una de ellas. Afortunadamente, la angustia es señal de humanidad, ya sea la angustia como tal o relativamente oculta en sus derivaciones múltiples.
La situación de desconcierto y desorientación que viven jóvenes que a los dieciocho años están socialmente condicionados a elegir qué van a ser y hacer durante toda su vida es mucho más que sólo desconcierto y desorientación. Es la señal angustiada de quienes están convencidos –sin poder ponerlo en estos términos– que por imperativo social deben decidir qué fragmento de sí mismos desarrollarán, que es al mismo tiempo decidir cuál dejarán desvanecer. La elección deja de ser un privilegio y pasa a ser sentida como una despedida para siempre. Despedida de partes de sí mismos.
Relativizar la opción es, entre otras cosas, poder pensar que la vida y la vocación no se juegan en un instante. Más aún: que la elección por la segmentación, por el beneficio personal, solamente por lo que más gusta o por la posibilidad instrumental es una elección que no incluye el asunto de la vocación.
La vocación se juega en ese espacio menos manipulable en el cual somos porque somos uno –heterogéneos en nuestra unidad– y somos con otros. La vocación se despliega en ese punto en el que somos historia, presente y futuro. Futuro desconocido. Lo anticipable no es futuro; es presente que ocurre después. Futuro es ignorancia hoy y posible descubrimiento mañana. En ese potencial descubrimiento, el hombre y el mundo se despliegan y se imbrican recíprocamente en construcciones no previsibles. Elegimos hoy para un después que no sabemos en qué va a consistir. En ese apasionante, conmovedor y profundo desconocimiento iremos develando y construyendo nuestra vocación. Elegir hoy es una forma de empezar algo que irá tomando insospechados rumbos.
En este camino, el pasaje por una facultad o instituto terciario –por ejemplo– es una posibilidad en la puesta en marcha de un proyecto profesional. Si se piensa y se vive el momento de elección con esa calidad de definición para siempre, en lugar de ser un momento de elección puede constituirse en una opresiva y condenatoria trampa.
Un proyecto profesional adquiere sentido humano en tanto constituye un camino posible del ser humano en su búsqueda de ser y hacer. Una profesión –pensada como medio, como inserción posible, como forma de participar y de cooperar– abre un camino pero no lo determina y cada persona puede crear –a partir de su subjetividad– una peculiar manera de ejercerla, que será, entonces, una original manera de producirla.
La visión de la vida como una obra de la que participamos desde lugares dinámicos, cambiantes y múltiples nos permite hacer afirmaciones acerca de nosotros mismos que se ajustan menos a la superficialidad de decisiones meramente formales y nos acercan a una dimensión de profundidad en la que podemos ir descubriendo y construyendo la razón de ser de cada uno como persona y de todos como especie, y que nos proyecta en tanto sujetos de historia, de presente y de porvenir.
Sujetos de historia, porque la historia no tiene por qué ser la mecánica reiteración de lo mismo bajo la forma de sucesos, sino que puede ser la producción de diferencia.
Sujetos de presente, porque el presente no tiene por qué ser la forma actual de lo que “siempre fue así” o “lo que irremediablemente nos toca vivir”, sino que puede ser la dimensión en la que podemos atrevernos a planteamientos y propuestas que alberguen la posibilidad de rendimientos cualitativamente originales.
Sujetos de porvenir, porque el porvenir no tiene por qué ser la consecuencia inevitable de lo ya sucedido, sino que puede ser un desafío constante, magnético, en tanto dimensión abierta a la utopía, a los proyectos, al descubrimiento, a la voluntad de crecimiento.

Los contenidos de este libro
El capítulo que lleva por título Apreciaciones acerca del ser humano incluye nociones y reflexiones acerca de la concepción de ser humano, cuya definición es tarea ímproba y quizá no posible.
Por lo tanto, este capítulo no pretende eso sino esbozar una concepción de ser humano y considerar y exponer algunas cuestiones que permitan entender tal concepción y que sostengan los posteriores desarrollos acerca de la vocación.
El segundo capítulo, Apreciaciones acerca del hacer humano (algunas actitudes y posicionamientos), supone una concepción del hacer del ser humano: el ser humano concreta su humanidad en su hacer; vivencia su existencia en su experiencia y en sus acciones; transita su camino de vida buscando y construyendo sentido, asumiendo actitudes y comprometiéndose a través de sus posturas.
Aquí se exponen algunas actitudes y posicionamientos que considero condición de necesidad para vivir con actitud vocacional.
Son, por lo tanto, actitudes y posicionamientos que subtienden a una actitud vocacional y cimientan y posibilitan su despliegue.
El capítulo siguiente es Apreciaciones acerca de mecanismos deshumanizantes; intenta definir por estipulación las características esenciales de lo humano y, a partir de allí, identificar mecanismos de deshumanización. Definir por estipulación características esenciales de lo humano no es lo mismo que definir al ser humano. Se trata de postular y considerar algunas condiciones de humanidad.
¿Por qué este capítulo en un libro dedicado a la vocación? Porque la acción vocacional es una acción tendiente a contribuir al proceso de humanización, tanto en instancias sociales de gran escala como en las interacciones cotidianas. Advertir acerca de mecanismos deshumanizantes y especificarlos puede colaborar con ese proceso.
Además, la actitud vocacional no se limita al ejercicio de una profesión, sino que puede constituir una guía, una búsqueda y una construcción en cada interacción en la que un ser humano participa. El intento de humanización de cada vínculo aporta al caudal de humanidad, que se hace cada vez más necesario dados los contextos sociales, políticos, económicos actuales y los valores que predominan y se difunden.
Los mecanismos y ejemplos que se exponen son unos pocos. Intentan definir algunas situaciones y orientar en los criterios.
Los mecanismos de interacción presentados son frecuentes en muchos ejercicios profesionales. En tales casos, esos ejercicios profesionales distan de ser vocacionales. Es tarea de toda persona que elija darle a su vida un sentido vocacional y trabaje para ello, reconocer mecanismos sociales e interaccionales deshumanizantes y bregar para la superación de los mismos.
Es tarea de quienes estén interesados en esta cuestión y de este autor en particular en el futuro intentar identificar, desentrañar y definir muchos otros mecanismos deshumanizantes y proponer formas de superación.
El cuarto capítulo es Apreciaciones acerca de la vocación. Intenta presentar la cuestión central de la vocación y articularla con los conceptos, con las reflexiones, con las actitudes y posicionamientos antes expuestos. También se postulan condiciones que posibilitan el desarrollo vocacional. Muy especialmente, se destaca la importancia de la educación y de la intervención de los docentes.
En tal sentido, y para poder enmarcar la lectura de los apartados que hacen referencia a estos temas, expongo la concepción de educación presente en este libro.
Educar incluye transmisión y descubrimiento. Transmisión generacional, cultural, científica, de contenidos de aprendizaje, todo lo cual conlleva transmisión de valores. Transmisión ejercida con humildad, con alegría, con seriedad, con conciencia de la dificultad y goce que entraña el aprendizaje. Transmisión que no es meramente pasaje de información sino producción de significación en el acto de transmitir y que implica diálogo enriquecedor, es decir, a docentes y alumnos que conversan, experimentan y reflexionan “acerca de” las cuestiones a desarrollar, desde diferentes lugares institucionales y personales. Transmisión que opera como condición necesaria para que los alumnos recreen lo transmitido, realicen su propia experiencia y produzcan significaciones personales.
Descubrimiento que es encuentro y profundización de capacidades y potencialidades; paso fundamental en la búsqueda y reconocimiento del propio don. Este libro intenta presentar una concepción de vocación articulada sobre la base de una idea central que se explica en el apartado Propiedad. Cada ser humano es propietario de un don, de una capacidad, de una cualidad que ha recibido en potencia y es tarea humana descubrir, profundizar, desarrollar ese don y usarlo en beneficio de la comunidad. El descubrimiento que aquí se plantea como componente fundamental de la educación ha sido mencionado en ese apartado de la siguiente manera: “El fundamental trabajo educativo consiste en ayudar a una persona a que reconozca la posibilidad del descubrimiento de su don, a que se inicie en esa búsqueda y a que, una vez en contacto –intuitivo, incluso débil, controvertido, contradictorio– con algo de esas semillas, no ceje y se decida a continuar en el camino de profundizarlas y compartirlas”.
El descubrimiento que se plantea, entonces, en la concepción de educación que se presenta, es el de capacidades que están en la base del don a descubrir y de las potencialidades personales que permitirán ir develando el don recibido, profundizándolo y donándolo.

También le puede interesar

NE 272 Juego, aprendizaje y desarrollo / Escuela, cultura y ciudadanía / TIC / Adolescencia


Nuñez, Durón y otros
$ 115,00

Freud


Guillermo Rivelis
$ 605,00

NE 276 Innovaciones y buenas prácticas / Problemáticas sociales y escuela


Kliksberg, Zolotow y otros
$ 115,00

NE 291 Sexualidad y curriculum / El valor de la palabra


Rivelis, Altamiranda y otros
$ 115,00